Cinque Terre

Regina Freyman

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Maestra en Letras Modernas por la Universidad Iberoamericana y profesora del ITESM, campus Toluca

Los propósitos de Año Nuevo

“¿Quién dijo que todos los deseos serían escuchados y respondidos?
Pedimos deseos a la estrella de la mañana
Alguien creyó que eso sería realidad
Mira lo que ha hecho hasta ahora
¿Qué es eso tan asombroso que nos mantiene mirando a las estrellas?
¿Y qué creemos que podríamos ver?
Algún día lo encontraremos, la conexión del arco iris
Los amantes, los soñadores y yo”¹
Kenneth Ascher
Superstición

Acudí a un taller en línea que me ayudó a percatarme de que tengo una superstición ineludible, como suelen serlo. Una creencia arraigada que me conduce a pensar que la única forma de liberarme del pasado es asimilarlo abiertamente y que como nos enseñó el tío Marty, cambiar cualquier detalle, por nimio que sea, alteraría el presente de forma catastrófica. Parece ser que la palabra “superstición” es un préstamo del latín superstitio, con el significado de ‘escrúpulo religioso’, derivado de superstare ‘estar sobre’. Pero también tiene el significado de estar en pie, así que pienso que hay momentos de desesperanza que hacen que la mente construya rituales o amuletos que le permitan conectar con el futuro, muletas para salir de la ciénaga de la tristeza.

Mi superstición por lo anterior, consiste en aceptar lo que toca, no esconderlo y no intentar cambiarlo; ni siquiera con el pensamiento. Tampoco llego al exceso de quienes creen que todo pasa por algo y que hay un destino marcado en las estrellas que obliga a lo vivido por desgraciado que esto sea. Es decir, no pienso que mis hermanos menores tuvieran que morir antes que yo, o que vivir en la playa sea el cumplimiento de un guión establecido.

Mi creencia me hace pensar que las jugadas son en presente y no hay modo de retroceder en el tablero, tampoco creo que haya que ensayar las tiradas obsesivamente como la chica del Gambito de Dama. Creo que hay una suerte de elementos que se conjugan para que la luz conciba un arcoíris en un momento determinado y la intuición, la emoción y la razón, responden como saben, como pueden, como sienten, como intuye. Luego de la aparición del fenómeno, como el soldadito del whiskey, a seguir caminando.

Para mí, pensar en el año 2020 es aceptar la pandemia sin odiar a los murciélagos, ni a los Chinos; es aceptar el designio democrático que eligió al actual presidente a mi pesar, sin culpar a electores ni a tecnócratas, ni al pasado; entenderlo quizás como realidad triste pero evidente. Pero mi superstición no impide condenar el manejo de una calamidad anunciada, ni la actitud presente que no presta atención más que al interés político. Retomo el título del programa de la admiradísima Cristina Pacheco: Aquí nos tocó vivir y habrá que pagar los estropicios sin esconder la realidad. Tendré que vivir sin mis hermanos y seguir amando la vida porque es magnífica, con todo y su muerte.

Resoluciones y propósitos

2020 es singular, tal vez es inédito sentir poco entusiasmo por un cambio de ciclo en estas condiciones. Miedo a desear más allá de la salud y una vacuna. Lo cierto es que pareciera que el juego recomenzó y no podemos conformarnos con pedir bajar de peso, o un nuevo refrigerador inteligente que pida la comida al supermercado. Muchos hemos sido privilegiados y con vergüenza podemos admitir que el encierro nos llevó por el camino de arreglar la vida, de desacelerar los deseos, de valorar lo que hay y de sentir con intensidad el cariño; de escribir y leer más, de acomodar cajones y descubrir que se es acumulador; de acomodar el trabajo para hacerlo desde casa y confesar con ello que se es feliz en la pecera. Por debajo de todo ello, hay un sentimiento de dolor por las pérdidas, las de vidas que irán mostrándose en heridas irreparables con el paso del tiempo; de la confianza en las autoridades que nos fallaron y lo siguen haciendo sin buscar el modo de proteger a los más débiles.

Propongo por tanto, rituales y resoluciones distintas para un año y un futuro sin antecedentes.

Supersticiones y rituales 2020

1. Inundar la casa con aroma a canela: Se dice que el aroma de la canela tiene las cualidades de propiciar la tranquilidad en el hogar, suavizar los momentos de tensión, discusiones y pleitos. No creo que la canela baste, pero es momento de dejar de suponer que el otro es la solución de nuestros problemas, reinauguramos una relación que comienza por preguntarnos qué podemos hacer por nuestros seres queridos y no qué pueden hacer ellos por nosotros.

2. Borrego de la abundancia: Dice la tradición que si alguien te regala un borrego y lo pones colgado cerca de la entrada, no faltará “lana” durante el año. Más aún si le pones una bolsa con semillas. Acompaña al tradicional borrego con la costumbre de evitar el desperdicio y antes que nada, abandonemos la costumbre de pensar como borregos haciendo el esfuerzo por ser críticos, por dejar la mala “superstición” de tener la razón. El hábito de adherirnos rápido a preconceptos o creencias ajenas. Informarse no es sólo un derecho, es también una obligación.

3. Barrer “las malas vibras” y abandonar el pasado: para invocar cosas buenas primero debemos librarnos de las cosas malas, por ello, necesitamos una escoba para barrer toda la casa y “lanzar” fuera todo lo malo. Dejar de argumentar como coartada al presente el mal que te hicieron tus padres, los tecnócratas, los neoliberales o Calderón y sus secuaces. Es urgente que tomes el mando y dejes de culpar a los demás de tu historia. Es cierto, las víctimas son excelentes manipuladores, pero terminan por creerse su miseria.

4. Velas de colores: Para atraer todo lo más deseado en el nuevo año. No importa el color, que las velas sean un símbolo del deseo por conocer el origen certero de las cosas, por ver con claridad el camino de la recuperación. Descree de lo fácil, las teorías de la conspiración, los productos milagro, los rituales sobrenaturales. Cree en la ciencia por su humildad y en los expertos, la lealtad ciega no salva, sí la pericia y la eficiencia; las estampitas no ayudan sí la prevención y el cubrebocas. Puede más un experto lúcido que un ciego fiel.

5. La ropa interior roja o amarilla debe usarse al revés y cambiar al modo correcto después de la media noche para que surta efecto su uso. El cuerpo ha sido el gran protagonista, la sensación de estar vivos, lo duro de sentirse enfermos, la necesidad de una caricia, la urgencia por conectar físicamente. Usa o no uses ropa interior, voltéala o no, que sea roja o púrpura, pero no te olvides de que eres un cuerpo sintiente, que se enferma y necesita protegerse. Los otros también, no los lastimes.

6. Las doce uvas son la tradición más socorrida, al tragar cada una debes pedir un deseo y coincidir con las doce campanadas. No importa lo que pidas, y esta vez hazlo lentamente aunque te cante el gallo de la mañana. Sólo piensa que mucho de lo que nos aqueja es culpa de acelerarlo todo, pide con cada uva que el tiempo nos alcance para sentir, para pensar, para reflexionar y tomar mejores decisiones.

7. Escribe una carta a todos los que extrañas y tírala a la chimenea o quémala. Dile a quien perdiste en este año singular que habita tu historia y no se irá jamás. Dile que no te puedes dar permiso de perder el ánimo porque como diría Serrat: ¿Quién descorrerá el velo que oculta el cielo? O ¿Quién dibujará el trigo y la flor? Hay que empezar un día más porque empujan atrás. Algún día descubriremos la conexión del arcoíris, y sí faltas tú, no habrá milagro.


1 Traducción mía de la cancion “The rainbow connection”:
Who said that every wish would be heard and answered?
We wished on the morning star
Somebody thought of that, and someone believed it
Look what it’s done so far
What’s so amazing that keeps us stargazing
And what do we think we might see?
Someday we’ll find it, the rainbow connection
The lovers, the dreamers, and me.

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