Cinque Terre

Armando Reyes Vigueras

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Periodista

Prometieron ser diferentes

Con la promesa de un cambio, de ser diferentes, el Movimiento de Regeneración Nacional ganó las elecciones federales de 2018, aprovechando el hartazgo que un amplio sector de la sociedad tenía por la manera en que se comportaron muchos de los integrantes del gabinete de Peña Nieto –así como políticos de otros partidos–, lo cual se reflejó en las denuncias de corrupción y escándalos en medios que se tuvieron. Pero una vez en el poder, volvemos a ver una película ya conocida.

Y volver, volver…

Pese al discurso mañanero, a las promesas de campaña y a la declaración tronante de que son diferentes –“que no nos confundan”, ha dicho el presidente–, lo que se empieza ver en el escenario político es que no hay un cambio verdadero.

Las evidencias, pese al manejo en medios y redes para acallar los temas incómodos, ahí están y cada día crecen en número.

Cuartoscuro

La corrupción, pese a la declaración presidencial anunciando su fin, se ha mantenido en temas como las casas de Manuel Barttlet, las asignaciones directas –incluyendo empresas de prominentes integrantes de la 4T, como Carlos Lomelí–, así como la contratación de personas que no cubren el perfil o cuentan con nula experiencia y capacidad, pero que son leales a la causa.

Así como en otros sexenios había gobiernos que favorecían a ciertos medios en detrimento de sus críticos, en el actual vemos como algunos periódicos son favorecidos con publicidad oficial en tanto que otros no reciben ni un centavo, pero son atacados por las hordas en redes sociales si se atreven a publicar algo negativo para el líder que despacha en Palacio Nacional.

Igual, como en otras administraciones, algunos empresarios son favorecidos en tanto que otros tienen que migrar sus capitales a otras latitudes o reducir su presencia en ciertos sectores de la economía.

De la misma manera, como en otros inicios de sexenio, vemos como se despide a personal de dependencias oficiales para colocar a los militantes del ahora partido en el poder, quienes llegan al puesto sin preparación, capacidad o experiencia.

La burocracia –como sucedía en otros tiempos– vuelve a ser un dolor de cabeza, pues con tanto recorte de personal, el trabajo que antes se hacía entre 10 personas ahora se hace con sólo una.

El manejo de las variables macroeconómicas se mantiene fiel a los principios neoliberales, inclusos se insiste en la aprobación de un acuerdo comercial con Estados Unidos y Canadá que antes se criticaba por la manera en que desmanteló la planta productiva del país.

Incluso, como antaño, en que familiares del gobernante en turno empezaban a exhibir su fortuna –en los negocios y la política–, vemos como los descendientes del presidente presumen en revistas de sociales sus nuevas empresas de chocolates, refrescos y cerveza, sin que sepamos de donde proviene el capital para arrancar dichos negocios.

Igualmente, como en otros gobiernos del pasado, la relación con las principales televisoras sigue intocada y se les proporciona millonarios recursos como en el anterior sexenio.

En otros periodos de gobierno se tenían plumas a modo que alababan y defendían el proyecto político en turno, además del surgimiento de nuevos medios que se sumaban a dicha tarea, algo que también ocurre en el México de hoy.

Adicionalmente, los actores políticos incómodos eran removidos para que no estorbaran al líder indiscutible del país. Cabe recordar lo que hizo Zedillo con la Suprema Corte y lo que ahora pasa no sólo en el poder judicial sino también con organismos autónomos como el INE o la CNDH.

En décadas pasadas se premiaba más la militancia que la capacidad. Basta ver cómo formó su gobierno Felipe Calderón o Enrique Peña Nieto para darnos una idea de hasta donde llegaba esta práctica, algo que vemos que se repite en la actualidad.

Y ya ni hablar de seguridad pública, cuidado del medio ambiente, educación, salud o empleo, porque si nos quejábamos en el pasado de lo poco que se hacía desde el gobierno, ahora lo podemos repetir, incluso reciclar las denuncias que se hacían hace 6 o 10 años.

Y es que la gran apuesta de este grupo que llegó al poder es generar y difundir la imagen de que son diferentes, aunque la realidad tenga otros datos y podamos confirmar que todo sigue siendo como en el pasado reciente.

No se podía esperar algo diferente, si quienes llegaron al poder son militantes reciclados de partidos políticos que han perdido espacios; se trata de personas que abandonaron un barco pensando primero que nada en su beneficio personal y no en resolver los problemas del país, lo cual explica que las mismas prácticas que se veían en sexenios anteriores se repliquen en el actual.

La gran pregunta es, entonces, si la mayoría de la ciudadanía –en especial la que voto por el actual proyecto gobernante– se ha dado cuenta de que no son diferentes, sino más de lo mismo.

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