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Orquídea Fong

Periodista/comunicóloga egresada de la UNAM.

“Privatización” del agua: López Obrador miente

Han pasado once días desde el triunfo tan soñado de Andrés Manuel López Obrador y ya hemos visto que se ha retractado de algunas ofertas de campaña, de manera directa o por medio de su equipo.

Esto será causa, ya lo estamos viendo, de fracturas entre las filas de sus seguidores, por más que era lo esperado, lo lógico. Hay cosas que son impracticables o sólo alcanzables a muy largo plazo. La figura del líder no basta y eso creo que todos lo tenemos claro.

El discurso que no ha abandonado es el de no “privatizar el agua”. Sigue trepado a esa batalla, con el apoyo de algunos medios de comunicación, que replican acríticamente sus declaraciones. A pesar de que diversos especialistas han desmentido, con argumentos sólidos, que los decretos emitidos por Peña Nieto el pasado 6 de junio no implican privatización del agua, AMLO, como si siguiera en campaña, persiste en prometer que dicha “privatización” será cancelada.

¿Por qué lo hace? Pues porque esa batalla (que fue totalmente inventada) ya está ganada y políticamente le va a traer muchísimo capital para subsanar el que está perdiendo por causa de la reforma energética (que se quedará), los aumentos a la gasolina (que seguirán) y la reforma educativa (que se queda), entre otros.

Y está ganada porque el agua jamás se ha privatizado. Así, es sencillo ganar, prometer y además, cumplir. Es como si mi hijo me promete que no reprobará la materia de Derecho Mercantil y yo le dijera, “¡oye, pero si tú estudias computación, y no llevas Derecho Mercantil!”. Y él: “Bueno, pues por eso no la voy a reprobar”. ¿Cómo ven la estrategia?

FOTO: MARIO JASSO /CUARTOSCURO.COM

Y aquí debo acotar algo: una cosa es que diversos corporativos hagan un uso abusivo del agua, no solo en México, sino en el mundo entero, y otra muy distinta es que la ley en México establezca la privatización del agua. Los abusos deben combatirse.

Lo que establece la Ley Nacional de Aguas y no por los decretos del 6 de junio pasado, es la concesión. Y aquí debo insistir, como lo he hecho en diversos textos: concesión no es privatización.

Como señalo en mi texto “Las concesiones siempre han estado entre nosotros” que pueden leer en la revista etcétera de julio (¡cómprela ya!!) la figura jurídica de la concesión de agua existe desde los mismos inicios de la época colonial.

Y sí, las concesiones permiten el uso lucrativo del agua (usufructo). Si no, ¿cómo es que ustedes y yo compramos nuestro garrafón de Electropura o Bonafont? ¿Cómo es que la Coca Cola fabrica sus productos? ¿Cómo es que se puede llevar agua de riego a grandes zonas agrícolas particulares?

¿Sabían que es porque esas empresas, tanto las gigantes como las diminutas, obtienen concesiones de agua? Las concesiones son un permiso de uso, a cambio de pagar por el agua y de restituirla al acuífero, ya tratada, restañando cualquier daño ecológico. Al menos eso exigen las diversas normativas. ¿Se cumplen? Ahí está el quid.

No niego la existencia de corrupción, de expoliación de los recursos naturales (no solo del agua) por parte de quien sea. Pero esas conductas se deben combatir en su ámbito, mediante regulaciones estrictas y vigilancia permanente. Como todo.

Pero es torcido, preocupante y poco ético afirmar que existe privatización.

Y que lo haga el virtual presidente electo, para cuidar su capital político, es taimado.

Andrés Manuel López Obrador miente.

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