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Germán Martínez Martínez

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Escritor. Fue director artístico del DLA Film Festival de Londres y editor de Foreign Policy Edición Mexicana. Doctor en teoría política.

La primera vaca: cómo revivir el pasado

Cookie, el protagonista de First Cow // Credit : Allyson Riggs / A24 Films

Una vaca como noticia. Recrear cómo se experimentó y qué sucedió alrededor del arribo de la primera vaca a una población estadounidense al comienzo del siglo XIX es un planteamiento exquisito: implica reconstruir el mundo en que una vaca era un acontecimiento. Esto pasa en el séptimo largometraje de la directora Kelly Reichardt, La primera vaca (First Cow, 2019). Antes de pasar a la película, me permito una digresión: uso mi traducción literal del título en inglés por inconformidad, y aun desagrado, por el incoherente uso de títulos en inglés, pues no abundan en México los intentos de mantener títulos en mandarín o en polaco; peor todavía, sí ocurre que se nombre en inglés a películas de otros idiomas.

Cookie y la vaca en First Cow

En su inicio La primera vaca parece anunciar una dimensión visual que, sin embargo, no llega a cumplirse cabalmente, a cambio de contar bien su historia. En lo audiovisual, que es fundamental, se mantiene en un manejo profesional de sus recursos, como en el conjunto limitado y consistente de colores de su composición. William Tyler estuvo a cargo de la música, que en su mayoría es sólo acompañamiento convencional, aunque de un carácter tan tenue que se agradece. El fuerte de la película de Reichardt está en lo intelectual, concentrado en la sustancia de la narración.

El Estados Unidos de La primera vaca es un país que está por cumplir medio siglo de independencia y que no ha alcanzado siquiera su territorio actual. El argumento está basado en la novela The Half-Life de Jonathan Raymond —coguionista en este y otros filmes de la directora. La cinta de Reichardt muestra la armonía relativa entre personas de diferente origen: indios, negros, blancos y chinos, que coinciden en la creación de un asentamiento. Esta representación corresponde con la visión de historiadores como Wendy Warren en su libro New England Bound: Slavery and Colonization in Early America. Esta obra de Warren, que habla del siglo XVII, fue finalista del Premio Pulitzer, probablemente por su combinación de calidad académica y narrativa disfrutable. Warren muestra, en este título y otros trabajos suyos, una sociedad norteamericana que lejos de ajustarse a una nítida división entre explotados y explotadores, tuvo mestizajes que no son parte de la memoria colectiva actual —marcada por la corrección política que se enfoca en las violencias. Warren describe, por ejemplo, matrimonios mixtos entre los diferentes grupos y la necesidad de colaboración ante la crudeza del ambiente y las dificultades de sobrevivencia. En contraste, a pesar de lo agreste que resultan las viviendas precarias y el tianguis en pleno lodo, lo que se presenta en La primera vaca es una etapa bastante más cómoda.

First Cow, película de Kelly Reichardt

La primera vaca puede verse como un desafío a la corrección política o, al menos, un acercamiento a la complejidad de esos primeros asentamientos estadounidenses. Que la esposa del agente de comercio —la pareja con la mejor casa del poblado— opere como traductora entre su marido y dos indios, así como que un personaje chino —Lu—, sea multilingüe, hace referencia a una comunidad genuinamente diversa. Quienes prefieren la inmovilidad cultural de los grupos sociales que ven como ajenos podrán lamentar la aculturación que revela un hombre indio pues, si bien se cubre con una prenda que puede suponerse autóctona, debajo viste traje occidental. No obstante, la ficción de La primera vaca no evade el conflicto social —Lu, por ejemplo, refiere las divisiones en China. Lu es señalado por su origen y él aprovecha ese prejuicio en beneficio propio y de su amigo Cookie. Para esconder la ordeña de la vaca que realizan cada noche, Lu alude a “un ingrediente chino secreto”. Si en la lógica de la corrección política el pasado es colección de crímenes, explotación y discriminación; Reichardt visualiza una armonía que hoy no pensamos, pero que también existió: la sugerencia de la amistad de la esposa del comerciante y la mujer india.

Si bien hay personajes estereotípicos en La primera vaca, los protagonistas tienen personalidades tan atractivas como la línea argumental de la película. Una pareja indígena cuida a Cookie cuando resulta herido. Además de solidarios, parecerían sabios, pues el hombre realiza pases mágicos fuera de la cabaña en que yace Cookie. ¿O es más sobre los intercambios culturales que sucedieron en esa pequeña colectividad y estamos ante un indio decimonónico practicando taichí? En las aspiraciones de los dos amigos se revela buena parte de su personalidad. Lu está anclado en su tiempo y ambiente: quiere tener una granja. Es un realista, sabe que lo que viven su amigo y él es apenas una ventana de oportunidad que habrá de terminar. En cambio, Cookie afirma querer abrir una panadería y un hotel, a pesar de lo remoto de este último deseo. Su delicadeza se revela desde el principio cuando ayuda a un reptil que está patas arriba. Cookie habla con la vaca al ordeñarla. Crea con ella un vínculo que provocará una reacción de la vaca que delatará a los amigos.

La primera vaca hace explícita su meditación sobre la historia a través de un monólogo de Lu. El personaje habla desde la experiencia de conocer lugares del mundo y asegura que la tierra que recorren es nueva y apenas comienza a ser moldeada por los hombres. En su reconstrucción histórica, acaso la mayor fortaleza de La primera vaca sea la de mostrar la naturalidad con que ocurre el comercio: el consumo gozoso de lo ofrecido oportunamente, como el pan dulce en tiempos de precariedad. Así, Reichardt entregó una película que comprende los pasados como formas distintas de experimentar la realidad. Dio prioridad a las peripecias argumentales y logró atisbos reveladores sobre el pasado en que se sumergió. Capturó una paradoja. La primera vaca registra divisiones sociales palpables incluso en esa sociedad endeble, pero al mismo tiempo se desarrolla en una circunstancia anterior al lujo: la ilusión de la igualdad en la miseria.

Lu y Cookie, personajes de First Cow

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