Joyeria de plata mexicana para cautivar
Cinque Terre

José Ramón López Rubí Calderón

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Politólogo, editor y consultor.

Prianistas obradoristas

Dice la senadora Hernández que “ser amigo del presidente no es garantía de impunidad, como en los viejos tiempos”. Muchos nombres la refutan, como el de Manuel Bartlett, uno de los beneficiarios de la “vieja” impunidad. Y de la “nueva”. He oído, sobre ese don del priismo, que su corrupción ocurrió antes de que AMLO fuera presidente; la de Peña Nieto también (porque, oh sorpresa lógica, su gobierno ocurrió antes del actual…), pero ¿por eso no merece castigo hoy? Dice también la militante de Morena que “no se permitirá la corrupción, el amiguismo, ni nada que traicione al pueblo o al proceso de transformación”. Los hechos disienten con muchos casos: Bartlett otra vez, Carlos Lomelí, Ana Gabriela Guevara, Jaime Bonilla, Elena Álvarez Buylla, Esteban Moctezuma. De todos hay evidencia de algún tipo y grado de corrupción y de amiguismo, casos que hemos de suponer que no transforman sino traicionan por continuidad. Pero como dijo la misma senadora cuando mencionó lo que no se permitiría, “el discurso de López Obrador fue claro”. Sí, claro, el discurso…

Así como no es cierto que no haya impunidad ni corrupción, tampoco lo es que no haya “prianistas” en el gobierno de AMLO. Es como cuando dicen que ya no hay neoliberalismo y presentan/defienden planes “anticrisis” rebosantes de neoliberalismo como los del 5 y el 23 de abril.

La implicación del discurso obradorista sobre la existencia del “PRIAN” es que nació con las “concertacesiones” de la época de Carlos Salinas. El neoliberalismo –no dicho en el sentido superficial, ideologizado y multiusos del obradorismo- no empezó con Ernesto Zedillo ni con los presidentes panistas sino con Miguel de la Madrid y el PRIAN habría empezado con un Salinas que tenía en su gabinete a… Bartlett. ¿Que hoy no hay prianistas con López Obrador?

Estrictamente, siguiendo aquel discurso sobre el prianismo, resultan ser prianistas todos los gobiernos dependientes de colaboración estrecha entre el PRI y el PAN, lo que sería decir los gobiernos de 1988 a 2018. Insisto: tomando a la letra, explícita e implícita, el discurso antiprianista y llevándolo a todas sus consecuencias. ¿Qué son quienes trabajaron en esos gobiernos o con ellos?. Cuando menos, colaboradores o cómplices del prianismo. Lo que no podría borrar. Y así tenemos que serían prianistas Bartlett, Moctezuma, Alfonso Durazo, Alejandro Gertz, Germán Martínez, Manuel Espino, Gabriela Cuevas, Marcelo Ebrard, entre otros.

Veamos. En el hoy “transformado” y “transformador”, Bartlett es director de la CFE y en el ayer prianista fue secretario de Educación de Salinas (antes lo fue del neoliberal y priista, aunque no prianista, De la Madrid). Moctezuma es hoy secretario de Educación y ayer fue de Gobernación y Desarrollo Social con Zedillo. Durazo es el secretario de Seguridad del obradorismo y antes fue secretario particular del presidente Fox y de Luis Donaldo Colosio, quien fue presidente nacional del PRI y miembro del gabinete salinista. Gertz no es hoy el fiscal autónomo de la república sino ex colaborador formal de AMLO y actual colaborador informal del presidente, ayer fue prianista secretario de Seguridad con Fox. Martínez fue director del IMSS “4T” y sigue en el obradorismo como senador, bajo el PRIAN fue secretario de la Función Pública y presidente nacional del PAN, lo que también fue Espino, recientemente nombrado como director del Servicio de Protección Federal. Cuevas fue legisladora del PAN, ahora lo es de Morena; una legisladora que –al estilo de López Obrador- se autocalificaba como liberal y decía actuar como tal… excepto en todo lo que tuviera que ver con drogas, sexualidad, abortos, gays, sus derechos, etc; fue, por cierto, una atacante como pocos del jefe de Gobierno Ebrard, hoy en la “cuarta transformación” como secretario de Relaciones Exteriores y en el ayer del PRIAN secretario de Gobierno del Departamento del Distrito Federal salinista-camachista. Ebrard fue también uno de los promotores de otro tipo de alianzas políticas, las electorales PAN-PRD.

Todos esos personajes, ¿son o no son prianistas? ¿Lo fueron? ¿Ya dejaron de serlo? ¿Fueron excepciones? ¿Cómo, por qué? ¿De veras son de izquierda?

Moraleja: el pez pejista por la boca discursiva muere. Una boca floja, torpe y chueca.

Aunque esos hechos se les atreviesen como cólicos a los gibranes, las continuidades entre los gobiernos anteriores y el gobierno amloísta son reales y no son pocas. No son gobiernos idénticos ni tan diferentes como la retórica obradorista tiene que decir. Dichos como los de la senadora Hernández son lo que son: consignas de copastora del rebaño del señor.

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