Cinque Terre

José Ramón López Rubí Calderón

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Politólogo, editor y consultor.

El presidente y los ricos

El obradorismo tiene capacidades y efectos que no debería tener: puede idiotizar al que no es idiota, puede presentar como prístino al priista más porcino (sí, hablo de Bartlett) y provoca alucinaciones. Alucinaciones políticas y económicas. Pero ¿cuál es la realidad socioeconómica producida y/o conservada por el gobierno de López Obrador?

Los más ricos entre los ricos son los mismos de antes de 2018, son esencialmente tan ricos como siempre lo han sido, ninguno estaba ni está bajo un orden meritocrático, ninguno paga más impuestos, por lo que tampoco están bajo un nuevo orden progresista o socialista, amén de que todos conservan las empresas que tenían, es decir, ninguno ha sido “expropiado”. No hay un solo caso de rico absoluto –el que es muy rico desde cualquier punto de vista y medición- que haya dejado de serlo; ninguno ha caído a la clase baja, ni siquiera a la clase media. La subclase alta extrema ni ha desaparecido ni se ha reducido. Las variaciones en la riqueza de los más ricos de México que reportan Forbes o Bloomberg no forman una tendencia negativa, son coyunturales y no son efecto de las intenciones de AMLO. Eso sí, no faltan los nuevos ricos de estos años e incluyen a cercanos al poder presidencial… Son nuevos ricos que coexisten con los viejos ricos que siguen ocupando la parte más alta de la clase alta.

Y así como no se ha reducido la riqueza extrema, de 2018 a 2020 aumentaron la pobreza extrema, de 7 a 8.5% de la población, y la pobreza en general, de 41.9 a 43.9%. Son datos oficiales del Coneval, que tiene más: en los mismos años (18-20) subió el porcentaje de mexicanos con ingresos inferiores a las líneas de pobreza y pobreza extrema definidas por ingresos, de 49.9 a 52.8 y de 14 a 17.2, respectivamente. El coeficiente de Gini, que mide la desigualdad económica, ha empeorado entre 2018 y 2021, según el mismo Coneval. Gracias a este gobierno “de izquierda” no hay menos sino más desigualdad. Gracias al gobierno indolente, y caprichoso y clientelista y farsante, no a la pandemia.

Algunos hemos escrito muchas veces sobre todo eso, desde hace ya mucho tiempo y desde varias perspectivas, pero todos en el obradorismo y muchos en el antiobradorismo siguen alucinando: unos creen que existe mayor igualdad por acciones progresistas o anticapitalistas del presidente y otros creen que todos los ricos se están empobreciendo por un plan socialista o comunista de “el régimen”. Lo que ha sucedido, lo que está sucediendo, es exactamente lo contrario: más desigualdad socioeconómica, los más ricos de siempre tan ricos como siempre, y como siempre tan aliados al máximo poder del Estado que es el presidente. No quieren creernos a los analistas, que le crean al político cuya palabrería creen a conveniencia, porque como pocas veces se ha acercado a la verdad: “no hay un rico de México que durante mi gobierno haya perdido dinero”, dijo López Obrador el 22 de mayo. El dicho es verdadero con la precisión correspondiente: no hay un rico absoluto ni extremo que durante su gobierno y por su gobierno haya perdido dinero al punto de dejar de ser rico absoluto o extremo. Y entre el grupo hay quienes cada año son más ricos, como el patán pseudoliberal Salinas Pliego.

Quienes hoy son más pobres ya eran pobres. Son ellos los más perjudicados por este gobierno, seguidos por las clases medias y los empresarios pequeños y medianos. Los ricos extremos y los “altos” burócratas obradoristas viven años dorados.

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