Cinque Terre

Jesús Ortega Martínez

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Coordinador Nacional de Nueva Izquierda del PRD.

El presidente placebo

Los placebos, según el diccionario de salud Sanitas, son “toda sustancia que carece de actividad farmacológica pero que puede tener un efecto terapéutico cuando el paciente que la ingiere cree que se trata de un medicamento realmente efectivo. Esta acción es lo que se denomina efecto placebo. Teniendo ello en cuenta, conviene tener claro que el placebo no cura la enfermedad primaria real, sino que sirve fundamentalmente para aliviar síntomas superficiales”.

Recurro a esta definición de placebo para afirmar que el presidente López Obrador aplica a la población el mismo efecto que pudiera ocasionar una sustancia placebo. No cura la enfermedad real, pero la utiliza para aliviar síntomas, o para hacer creer a la gente que éstos han desaparecido. Esto sucede, por ejemplo, con el presupuesto de egresos de la federación 2020. Este fue diseñado, no para inducir el crecimiento de la economía; no para crear infraestructura que es tan necesaria; no para la inversión productiva tan indispensable para crear empleos; no para contribuir a resolver los problemas estructurales del país, sino en sentido contrario, para que el presidente -con el efecto placebo- continúe engañando a la gente y haciéndole creer que está resolviendo los problemas del país. Nunca antes, en términos reales, se había concentrado tal número de rubros presupuestales y tal cantidad de recursos fiscales para que, transformados en placebos, es decir, en programas asistenciales, los aplique el presidente de manera directísima.

FOTO: ANDREA MURCIA /CUARTOSCURO.COM

Entregar a una parte importante de la población dinero en efectivo y en nombre del presidente, produce en ésta, un efecto placebo. No reduce la desigualdad; no combate de manera verdadera la pobreza; no resuelve la marginación que sufre una parte significativa de la población, pero crea, en el marco de un acendrado resentimiento social, de una psicosis social, la falsa idea, de que, repartiendo dinero, el presidente resuelve los problemas estructurales de la nación.

El presidente no quiere construir un sistema de seguridad social que implique una pensión suficiente, una educación universal y de calidad, un sistema de salud integral y también universal, un seguro de desempleo, y desde luego empleos y salarios justos. En lugar de ello, programas clientelares, asistenciales, caridad.

Lo mismo sucede con el tema de la inseguridad cuando al Ejército y a la Marina, el presidente López Obrador, les transforma en cuerpo policiaco, en muro contra migrantes, en compañía transportadora de valores, en empresa de guardaespaldas, en compañía constructora que, así como erige terminales aeroportuarias, edifica conjuntos residenciales de lujo y construye miles y miles de sucursales bancarias. Aquí de nueva cuenta aparece el efecto placebo, pues con el buen prestigio que las fuerzas armadas tienen entre la población, López Obrador las utiliza para tan disímbolas actividades. El uso arbitrario e inconstitucional del Ejército por parte del Presidente, no resolverá la insuficiencia en la infraestructura aeroportuaria, ni la del sistema bancario, ni el problema de la migración, pero menos aún, resolverá el de la inseguridad pública y la violencia que se vive en el país.

Los placebos no curan las enfermedades, solo crean sensaciones, incluso exaltaciones, sentimientos, y en el mejor de los casos provocan que los pacientes crean (por un efecto psicológico) que disminuyen los síntomas de su padecimiento. Así como se aplican ampolletas de agua para terminar con tumores cancerosos, así el presidente administra, día con día, placebos ante la grave crisis, que, en todos sentidos, se vive en el país.

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