Cinque Terre

Regina Freyman

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Maestra en Letras Modernas por la Universidad Iberoamericana y profesora del ITESM, campus Toluca

El presidente y su mundo pequeño, después de todo

Dicen que el ejército del CJNG es un montaje. Algunas voces también llegaron a decir que la masacre de mi hija y nietos fue un montaje. Para algunos es más fácil cerrar los ojos que enfrentar el terror de la realidad que vivimos. El dolor no se actúa, se siente

Adrián LeBarón

Las historias se miran de dos modos, con el efecto de una lupa en su transcurso y con la perspectiva telescópica a partir de la distancia temporal. Quedará para esa narrativa anecdótica, un personaje peculiar que arrastrando una silla (para él eso era y nada más, para nosotros un objeto de museo tratado con rencor) se montó en ella para abrir el postigo de un ventanal, de un palacio que mira hacia una plaza. Esa plaza o Zócalo fue para él, antes que nada, el escenario del mismo personaje que, autoproclamado presidente acampó ahí, soñando quizás un día estar trepado en esa misma silla, ocupando ese Palacio, sintiéndose un Juárez renovado con una primera dama que a veces lo es, y otras no. La aparente trivialidad de esa imagen resume en mi opinión, el tamaño de mundo y el espectro que habita al protagonista de palacio.

El mundo desde la concepción filosófica obedece a la amplitud perceptiva de la cual es capaz el ser sintiente. No podemos negar que nuestro mundo geográfico, hoy intermitentemente confinado, se repliega por el miedo al contagio. En el caso complejo de nuestra nación, el recogimiento es mayor a pesar de la perspectiva presidencial que se aferra en moldear los datos o en distraer la atención. Iluso se propone evitar que nos percatemos de la eminente muerte y el explosivo contagio que acecha más allá de su anhelado palacio.

El lente del mundo nos oprime, no sólo como lupa cuando a esto sumamos la ceguera que no quiere constatar la escalofriante violencia, la delincuencia y el narcotráfico, que el viernes en impúdico desplante alardea de su poder. Mientras tanto el mandatario, desde su silla ordena bombas de políticas de un deslucido prestidigitador. Ante el imponente convoy su séquito guarda silencio o acusa montajes, mientras apuestan jugar a escondidas con la presa que lleva por nombre Emilio Lozoya, para dar el golpe maestro que en su estrecha mira revivirá a los 39 mil 484 muertos y sanará 349 mil 396 contagiados más los sospechosos que no logran registrar. Que cumplan sus condenas todos los corruptos, pero que se afirmen de honestos quienes se hayan ganado el cetro con actos y no con disparates.

Gobierno de México

En el viaje de este mundo pequeño que el presidente mira desde su ventana, es seguro que se mira fiel a los sueños de ese otro ocupante herido, el presidente “legítimo” de la tienda de campaña del Zócalo. Olvidó por tanto el tamaño que representa defender la soberanía y que ceñido en el microscopio en que Donald Trump lo ha confinado, valora hoy su amistad mientras se enemista con periodistas, mujeres y enfermos con cáncer, una creciente larga lista de individuos y colectivos que se va excluyendo de se universo de “la gente buena” esa que muere por violencia de a centenar por día (53 mil 628 en lo que va del sexenio: más de 5 mil 800 mujeres; mil 800 niños y adolescentes).

En el mundo pequeño lo bueno puede ser malo o lo malo bueno, porque al final lo que importa es lo que dice el capricho del protagonista, lo que cabe en el cuadro obtuso del pequeño mundo. La llana versión de un solo lente que por supuesto olvida el tinte policromático que tiene el argumento que defendemos con el nombre de democracia.

Y así sentado en su escritorio o en su silla, delirando ser un héroe nacional, bautiza movimientos pírricos y escribe respuestas adjetivadas a sus energúmenos enemigos intelectuales. “Hablo para el pueblo” se repite, pero no puede ignorar el retrato, la afrenta ni el llamado que le recuerdan que su gestión está de paso. Mientras tanto, canjea proyectos chicos que quiere hacer creer grandes. Los mexicanos más enfermos, pobres y desesperanzados nos empequeñecemos con él, cavilando silenciosos. Me pregunto qué pensaran todos esos funcionarios agraviados que contradice por sistema, o esos otros que sonríen contagiados de delirio. Qué pensarán sus seguidores escribiendo a mano y donando sus salarios.

No hay calificaciones que valgan cuando todo es desacreditación, porque en el mundo pequeño los estudiantes extranjeros son mafiosos, “padrinos” de gris parábola para un hombre de dios; ante la 4T no vale profesionalización ni estrategia, pues todo es ocurrencia que se sale de control; así como las catástrofes o tragedias que se encarga de calzar en su dedito como diminuto anillito. Y su palabra unge de atributos y certificado a cualquier manso postor.

La traición por otro lado se ha instalado en su ideario, desconoce causas, amigos y hasta instituciones prefiere ser representado por patiños que son Rambo o reporteros de pasquín. Así, el presidente que ganó con democracia y amparado por una votación inédita se parece más a Mr. Chance que a Juárez o a Madero y aunque la simpleza de su historia todavía es compartida por el hambre de ilusión, no hay un día que la cifra o el error vaya vaciando de sentido esa triste transformación.

No cabe duda que ese mundo de Obrador es un mundo pequeño After all.

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