Cinque Terre

Armando Reyes Vigueras

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Periodista

Un presidente débil

Las cifras en economía, por la emergencia sanitaria o los temas vinculados a la seguridad pública son alarmantes, pero no para el presidente, quien en lugar de ocuparse de estos asuntos ocupa buena parte del tiempo de sus conferencias mañaneras en quejarse de que los medios lo critican. Con 30 millones de votos que a la menor provocación sus fanáticos presumen, y la manera en que ganó las elecciones del 2018, ¿tan débil se siente el presidente que debe mencionar en cada oportunidad posible que es el más atacado, sin que sus resultados de gobierno sean defensa suficiente?

El más atacado

Ni Fox, Calderón o Peña se enfrentaron a la prensa o a sus opositores políticos como lo ha hecho López Obrador. Los tres presidentes anteriores, vaya que fueron ridiculizados, criticados y sus errores señalados en medios y redes sociales, pero no se quejaron de que eran los más atacados. Vamos, Fox fue tildado de mandilón, de sus errores como aquella declaración de “y yo por qué” ante la toma del transmisor del Canal 40 en el Cerro del Chiquihuite por parte de Salinas Pliego; Calderón hasta la fecha arrastra la acusación de que son suyos los miles de asesinados durante su sexenio por la guerra contra el narcotráfico, además de ser tachado de alcohólico; y de Peña Nieto que no se puede decir: ridiculizado en redes sociales, de mandatario se convirtió en comediante con aquello de “a tres, no menos, 5 minutos”, su frase de “ya sé que no aplauden”, o la forma en que contestó a la pregunta de que si podía mencionar tres libros que cambiaron su vida en la FIL de Guadalajara.

Pero López Obrador dice que es el más atacado y continuamente se queja en su conferencia mañanera de que los columnistas sólo escriben cosas negativas de su gobierno.

Credito: lopezobrador.org

El 22 de abril de este año, que de nueva cuenta se volvió a quejar de la cobertura crítica que los medios hacen de su gobierno, dijo: “Nos defienden creo que tres, estoy hablando de periodistas, nos defiende muchísima gente, por eso puedo estar tranquilo, porque hay millones en las redes sociales que nos defienden”.

En varias ocasiones ha asegurado que el diario La Jornada es el único que lo trata bien, aunque también evade mencionar que es el que más publicidad oficial recibe de su gobierno, en contraste con otros medios que quedaron fuera de dicho presupuesto.

El pasado 11 de noviembre, a propósito de la acción de las cadenas de televisión de Estados Unidos de detener la transmisión del aún presidente Trump por considerar que estaba diciendo mentiras, el mandatario mexicano señaló que los medios nacionales: “antes solo gritaban por consigna del gobierno, era obedecer y callar. Recuerdo cómo era el periodismo: o gritaban como pregoneros y callaban como momias, ahora se desataron, todos gritando, con honrosas excepciones, no habrá limitación a los gritos, no le vamos a hacer como en otras partes, de que hay censura”.

Asimismo, López Obrador ha dicho que si suspende las mañaneras no dura ni una semana en el gobierno. El pasado 2 de marzo, muy a su manera, ejemplificó el punto a pregunta expresa de si por la pandemia se podrían suspender las conferencias mañaneras: “¡No; brincos dieran! No pagamos publicidad en la telera, en la radio, en los periódicos. Sí hay compra de espacios, pero no como era antes. Si no tuviéramos esto, me bocabajean, nos tumban. Tenemos que estar informando a la gente”.

Un mes antes, el 19 de febrero, cuando se le cuestionó acerca de hacer una pausa en sus conferencias por el proceso electoral que tendría lugar en Hidalgo y Coahuila, dijo que sin las mañaneras y sin su derecho de réplica quedaría en la indefensión.

Así, resulta que las mañaneras no son un ejercicio de diálogo circulas, no son un espacio de rendición de cuentas, sino la primera línea de defensa del presidente para mantenerse en su puesto.

Por eso para el presidente sus mayores enemigos son pasquines inmundos como Reforma o El Universal, los conservadores e, incluso, medios internacionales que han señalado algunos errores de su administración.

De hecho, acaba de señalar que en 2021 su bando, el liberal, va a ganar al conservador: “Que no coman ansias los conservadores, hay esos dos momentos importantes, el año próximo 2021 y el 2022. Yo estoy seguro que va a ganar el movimiento liberal, las fuerzas progresistas le van a ganar al partido conservador, al partido de la corrupción, de los privilegios”.

Lejos de comentar los grandes problemas nacionales o responder a temas que están entre las primeras preocupaciones de la ciudadanía –ya vimos cómo se enojó por las protestas de mujeres por los feminicidios–, López Obrador busca imponer una forma de ver el país en donde sólo hay dos bandos: el suyo, el bueno y liberal, que está enfrentando a los malos agrupados en el conservador, sin matices, sin pluralidad o sin que se entere del mosaico que en realidad es el país.

Pero también despertando sentimientos entre el pueblo con el cual busca presentarse como el débil, el más atacado, el que sin el apoyo de sus benditas redes sociales sería derrocado en poco tiempo. El problema es que hay quien le cree, a pesar de que a su alrededor puede comprobar cómo se está desmoronando el país.

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