Cinque Terre

Regina Freyman

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Maestra en Letras Modernas por la Universidad Iberoamericana y profesora del ITESM, campus Toluca

Presente

No sé el porqué, pero siento que cuando decides olvidar algo, te olvidas de mí. Tal vez yo misma me olvido de mí,  por eso es hasta hoy que, como epifanía, me doy cuenta de que siempre ha sido así. Tal vez es más fácil cumplir con quien no está, pagar el adeudo añejo a quien, quizás, vivió la misma situación hasta fracturarse, hasta realizar también que te olvidabas con bastante frecuencia y decidió irse; aunque claro, su ausencia fue distinta. Siguió allí hasta correrte, porque comenzó a desaparecer como las cosas cotidianas que se van volviendo invisibles y tal vez, sin saberlo, adquieren vida propia, toman el control y cambian de lugar para hacernos tropezar, al principio para probarnos, para ver qué tanto nos damos cuenta, luego, la cómoda antigua, la mesa ratonera, el librero verde, el zapato viejo, permutan su posición haciendo de ello una acrobacia, seguras de que nadie habrá de darse cuenta. Parece que un día se conflagraron juntas y comenzaron a cercarte. Fue entonces que aparecí yo en una simetría perfecta cuando diluyéndome de mi estancia, también yo comenzaba la fuga. Pero no supe hacer equipo con las cosas y abandoné la casa.  Sabes, sí qué lo sabes, no me gusta volar con tanto peso, cuando decido hacer el salto mortal prefiero cerrar con llave y tragármela en despegue.

No sé por qué pero creo que eres distinto. Eres el perdedor de presentes, pagando a destiempo la nostalgia o adoquinando el futuro. Te imagino elástico como liga, un puente que une los extremos de ambas islas. Tu propio cuerpo estresado para tener las piezas sujetas entre pies y manos, como las tablas que abrazan el frasco acinturado de cristal que va soltando la arena de cada instante, así justo imagino tu momento, mínimo, un punto a penas que une las dos esferas temporales.

Cómo reprocharte tu despiste si tu ser no se ancla en el instante, será quizás que como el zapato viejo, el librero verde,  la mesa ratonera o la cómoda antigua, deba moverme a las recámaras contiguas para llamar tu atención. Pero a mí todo se me vuelve soplo, me es difícil volverme reminiscencia, estoy negada para vivir de aspiración.

Tu lacónico lenguaje, tu preocupación constante con el paso del tiempo, el incesante contador que mide el despilfarro, son modos del acopio, estrategias del balance para no quedar a la intemperie. Si al menos supieras que las vocales son una suerte de plaga que entre más se cortan más se reproducen. Si tuvieras la suerte de entender que las baldosas del mañana sólo pueden ser colocadas en el sitio mismo que tus pies rosan. Si pensaras pues que se nos va la vida y tú sigues olvidando, mientras yo, desaparezco.

 

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