Augusto Reynaud

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Por qué México Libre sí puede ser exitoso

México Libre (ML), el proyecto político encabezado por Margarita Zavala y Felipe Calderón, está por lograr su registro como partido. Previsiblemente, esta iniciativa ha recibido ataques desde Morena, pero también es criticada por algunos analistas ajenos al oficialismo quienes argumentan que, al ser Calderón el principal referente, su participación electoral en 2021 terminará beneficiando al gobierno.

Un ejemplo que resume bien los principales argumentos del ámbito intelectual contra ML es el texto de Carlos Bravo Regidor, “México Libre: excelente noticia para el lopezobradosismo”, un análisis inteligente pero debatible. Tomo las tres críticas de Bravo para explicar por qué pienso que México Libre tiene posibilidades reales de ser exitoso no a pesar de Calderón, sino en gran medida por Calderón.

Primero, se dice que como el ex presidente representa el antagonista por excelencia y villano favorito en la narrativa del presidente López Obrador, únicamente logrará darle nueva vida a la estrategia de polarización que tanto le sirve al gobierno, de forma que ayudará a que Morena –hoy dividida– y sus simpatizantes cierren filas en torno a un “enemigo común”.

Esto es cierto, pero ese efecto antagónico puede servirle también a México Libre. De hecho, la polarización que ha alentado el gobierno puede ser un tiro por la culata, pues podría posicionar a ML como la única opción de contraste y viable en el mundo bipolar que el oficialismo ha alimentado. Es decir, mientras el gobierno se seguirá desgastando, como resultado natural del ejercicio del poder y de sus propios errores, ML estará haciendo política desde el polo opositor, donde es factible capitalizar el anhelo de cambio y el voto de castigo.

En segundo lugar, se advierte que México Libre dividirá a la oposición pues, como opción de centro-derecha, no le quitará votos a Morena sino al PAN, hoy el partido opositor más grande. Esto es parcialmente cierto, pero no considera algunos puntos relevantes:

1) Un porcentaje importante de ciudadanos tienen apetito opositor, pero consideran a los partidos actuales demasiado tibios frente al gobierno; estos ciudadanos, aunque no se identifiquen del todo con ML, podrían premiar su combatividad y darle un voto útil.

2) Hay mucho más voto conservador y de derecha en México del que las élites liberales logran atisbar desde la Ciudad de México. A esos electores hoy no les habla ni el PAN ni mucho menos las opciones socialdemócratas, que impulsan agendas de nicho (como las ‘políticas de identidad’) en lugar de los grandes temas nacionales (sobre todo la seguridad). Ahí ML tiene posibilidades importantes de crecimiento.

3) ML puede tener el efecto virtuoso de, con su ejemplo, forzar a otros partidos opositores a ser más frontales, a riesgo de verse rebasados por “el calderonismo”.

En tercer lugar, se ha dicho que frente al gobierno se requiere una oposición que ofrezca un proyecto nuevo, mientras que México Libre representaría una oferta para regresar al pasado.

Este argumento no considera que mucha gente sí añora cosas del pasado, desde una política de mano firme contra el crimen hasta un manejo económico responsable, pasando por estancias infantiles o un sistema de salud en el que haya medicinas para niños con cáncer. Más aún, es previsible que este sentimiento de “recuperar lo bueno que había” cobre fuerza a medida que el gobierno acumule fallas. Además, se da por hecho, y haría falta demostrar, que ML realmente no ofrecerá nada nuevo. Por ejemplo, Calderón es de los pocos políticos que habla con conocimiento y convicción de energías renovables y medio ambiente.

Finalmente, Felipe Calderón es –además del presidente López Obrador, por supuesto– el único político de alcance nacional que: 1) representa un proyecto concreto de país; 2) ha hecho un trabajo territorial permanente en toda la República, y 3) tiene una base social real detrás de sí, proporcionalmente minoritaria pero combativa y multiclasista.

Resulta prematuro saber qué pasará con México Libre; lo cierto es que, si bien hay argumentos para pronosticar dificultades, también existen condiciones objetivas para pensar en algunos éxitos. Ni el gobierno ni las oposiciones harán bien en subestimar a esta fuerza.

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