Cinque Terre

Rubén Cortés

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Periodista y escritor.

Por el caudillo, hasta el abismo

Han preferido perder oportunidad de lavar un poco la cara del régimen ante en el mundo, que aceptar la derrota electoral en la tierra del caudillo, en un culto a la personalidad rastacuero que está probado funciona, y funciona muy bien, en todas las capas sociales.

Maduro ordenó repetir las elecciones en el estado natal de Hugo Chávez, porque los ciudadanos votaron contra el candidato de la dictadura, en unas elecciones vigiladas por la Unión Europea, que hizo ver la mano cargada del régimen a favor de sus candidatos.

El Tribunal Electoral, capturado hace más de 15 años por el gobierno, admitió la impugnación del propio gobierno para volver a realizar los comicios en el estado de Barinas, donde para colmo el candidato perdedor es hermano del dictador muerto.

Es, hay que insistir, la Comisión Nacional Electoral que se negó a condenar en la OEA el gobierno mexicano por prohibir la participación de opositores, y todos sus integrantes son designados por el dictador personalmente. En eso quedó el INE de Venezuela.

Sin embargo, aún en esas condiciones, la misión observadora de la Unión Europea certificó, en las elecciones de este 21 de noviembre, que había mejoras respecto a las anteriores, aunque el sistema judicial no es independiente del gobierno.

Pero a la dictadura le importó un pepino tirar por tierra el avance que le significó este apunte de la Unión Europea pues le ordenó, justamente al poder judicial, anular el triunfo del opositor Freddy Superlano en el terruño del Tata y contra un hermano de éste.

Aunque ya Maduro había aplicado la de Manuel Bartlett y Evo Morales: tirar el sistema. Freddy Superlano iba delante de Argenis Chávez en el conteo de los votos cuando, a falta de contar tres actas, éste fue detenido. Y Maduro dio la orden de cancelar todo.

Es una constante en las elecciones que realizan los regímenes populistas que se apoderan de los órganos electorales: robárselas al descampado, como acaba de hacer Daniel Ortega en Nicaragua, quien se reeligió tras encarcelar a todos los candidatos opositores.

Y México, como a Maduro y a Evo Morales antes, también se negó a condenar en la OEA la felonía de Ortega, como parte de la unidad firme del Eje México-La Habana-Caracas, frente a sus pantomimas electorales y las de sus aliados, con orden terminante de arrasar.

Pero se trata también de un principio de congruencia, pues si Ortega metió a la cárcel a siete candidatos a la presidencia, el gobierno mexicano se apresta a mandar a la cárcel a un ex candidato presidencial y ahora aspirante, Ricardo Anaya.

Además, todos encargan el cuidado y organización de las elecciones a las Fuerzas Armadas.

Y no al órgano electoral.

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