Cinque Terre

Leo García

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Diseño y coaching de estrategias para manejo de redes sociales. Experiencia en análisis de tendencias en línea.

El poder de la coerción

A veces, con demasiada frecuencia a decir verdad, las redes sociales parecen un campo de batalla sin fin, sin sentido, sin sustento, sin nada más que ataques, ofensas, infundios. Es una forma de ejercer el poder mediante la coerción.

El conflicto se da entre grupos que no comparten la misma ideología, simpatía política e incluso afinidad social. Y esto es de utilidad para los regímenes en curso, tanto que lo pueden incentivar.

El concepto en esencia es muy simple, que las posturas se destruyan a sí mismas mientras el régimen en curso ejerce el poder. Eso que ahora llaman gobernar. Y en el proceso la confusión propicia desmovilización, acción errática e incluso conflictos entre similares y afines.

Los medios por los que se ejerce el poder desde un gobierno, desde el Estado, son diversos pero lo importante es la forma en que afecta a sus objetivos. El poder duro es el uso de las instituciones de seguridad con el privilegio del legítimo ejercicio del monopolio de la violencia. El poder suave se ejerce mediante influencia y adoctrinamiento aprovechando instituciones; la economía, la asistencia social, la cultura, medios de comunicación y, hasta la educación pública.

La coerción es una forma de ejercer el poder de manera asimétrica donde uno de los grupos sociales tiene el respaldo del estado. Recalcar y hacer énfasis que uno de los elementos que participan en el ejercicio del poder mediante la coerción incluye el uso de agentes de influencia adversa que aprovechan los rasgos de afinidad para incentivar conflicto entre grupos sociales, es decir, objetivos civiles.

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El poder de la coerción coopta, si bien no vulnera la libertad de manera explícita, limita las opciones de las cuales elegir y en el extremo puede llevar a poblaciones enteras a aceptar opciones que de otra manera hubiera rechazado.

El poder de coerción es punitivo, se ejerce de manera similar al poder suave pero basado en castigos y sanciones. Económicas, sociales, pero también mediante el uso de información a manera de propaganda, campañas de desprestigio, manipulación mediática de información, estrategias de confrontación social. Las consecuencias no son menos graves, sobre todo pensando que se ejerce teniendo como objetivo modificar el comportamiento de un grupo social. La consecuencia última es destruir la confianza en todo.

Es por eso que las estrategias de coerción se enfocan en lo que se evalúa como las virtudes y cualidades de sus objetivos de manera que se destruya su prestigio y credibilidad.

No es de sorprender, sobre todo cuando lo que se busca es realizar cambios sociales tan profundos, como al menos es lo que dice la narrativa, por lo que la confianza en el sistema establecido es una resistencia inherente. Además, esa confianza en el sistema que está siendo demolido permitiría que, con fundamento y razón, se exhiban y critiquen las debilidades e incongruencias de quienes hoy ejercen el poder.

Puede ser peor, porque una forma de ejercer el poder coercitivo se ofrece bajo el pretexto de la seguridad en forma de la permanente amenaza que se puedan limitar las libertades individuales y establecer elementos de control y vigilancia, aun en contra de los derechos humanos.

Ejercer esta forma de poder es una más de las razones más evidentes por las que los regímenes, no sólo en México, ahora valoran tanto su participación en el ecosistema digital. Les ofrece la oportunidad de ejercer el poder de manera que no es evidente pudiendo deslizarse, manipular la responsabilidad, e incluso participar de la dinámica antagonista desde los dos extremos de la simpatía política para llevar los grados de confrontación y malestar hasta donde quieran.

Las campañas coercitivas de redes sociales se basan en dinámicas antagonistas, basta encontrar los mensajes correctos para sustentar las narrativas convenientes que lleven a la confrontación de dos grupos, uno de los cuales será afín al régimen.

Se amplifican posturas completamente discordantes, tendientes a la intolerancia que llevan incluso a la radicalización de las narrativas. Es frecuente que las interacciones lleguen al abierto discurso de odio.

Una operación de influencia puede inducir comportamiento en otros usuarios, los usuarios reales que encuentran elementos de afinidad por lo que de muto propio se suman y pueden ser conducidos a participar de linchamientos contra objetivos específicos.

De esta forma también se refuerzan las narrativas adversas con lo que se incrementa la división social. Y al iniciar la respuesta desde el polo opuesto de simpatía o afinidad se inicia una dinámica de polarización por el choque de las esferas de interacción.

Así pues, es una estrategia de manipulación por sesgos cognitivos mediante campañas agresivas, basadas en choque y confrontación, en intensidad siempre creciente, pero hay dos características que las delatan.

Primero, desde la narrativa señalan sin lugar a dudas como objetivo a un adversario claro y consistente. Y segundo, uno de los extremos lo hará clara y explícitamente defendiendo los intereses, posturas, ideas, del gobierno, acaparando además la figura retórica de “el pueblo”.

Y un elemento adicional de complejidad. Las narrativas ofrecidas, difundidas, pero además antagonizadas, por medio de las redes sociales, pueden tomar muchas formas y no necesariamente iniciar desde el apoyo.

Para lograr la confrontación de manera que exista la posibilidad de llevar a la polarización y por tanto un grupo al cual coercionar, de hecho, lo que puede funcionar mejor es iniciar en una postura adversa al gobierno. Pueden verse con forma de convocatorias de boicots, llamados a protestar, convocatorias a movilizaciones, e incluso la coordinación de formas de resistencia civil.

De hecho, se han investigado estas formas de influencia mediante coerción y los movimientos que se dicen defender causas sociales son los que más fácilmente son difundidos y defendidos de muto proprio y que ante la posibilidad de ser antagonistas se inicie el ciclo de polarización.

Tal vez sirva esto para entender por qué la comunicación política actual se basa principalmente en la difusión de este tipo de mensajes y por qué es tan importante para sus grupos afines defenderlos.

Y también sirva esto para entender por qué la importancia para las actuales autoridades y gobiernos, por todo el mundo, en mantener sus dinámicas de comunicación en línea, ejerciendo el poder también en las redes sociales.

Hagamos red, sigamos conectados.

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