Cinque Terre

Julián Andrade

Escritor y periodista.

Los pluris y las ocurrencias

Cada cierto tiempo se lanza la propuesta de terminar con los diputados plurinominales. La hizo el PRI en su momento y ahora la promueven desde Morena.

Los argumentos van desde los supuestos ahorros, hasta el disparate de que no cuentan con la legitimidad suficiente porque no fueron electos por mayoría en un distrito.

En el fondo, cada vez que un partido se siente imbatible en el tiempo, quiere reducir la pluralidad al mínimo y busca los pretextos para hacerlo.

Conviene recordar que esa figura se instituyó para garantizar la pluralidad en el Congreso, pero con el tiempo también significó un mejoramiento en la calidad de las legislaturas.

Los listados plurinominales han sido integrados por personalidades importantes de la vida, no solo política, sino intelectual, deportiva, científica y artística.

Es curioso, los que ahora promueven los cambios, no habrían tenido presencia en las cámaras durante largos periodos y ello les habría complicado, y mucho, su llegada al poder.

Pero son también un medio de control para evitar el abuso de las mayorías. Por ejemplo, en el Senado, sin plurinominales, habría luz verde para cambiar la Constitución sin discusión alguna y ello podría complicar mucho las cosas.

En la Cámara de diputados es una cuestión similar, aunque en la actualidad Morena y sus aliados sí cuentan con los votos suficientes para hacer los cambios, aunque tienen que pasar por la aduana senatorial.

FOTO: SAÚL LÓPEZ /CUARTOSCURO.COM

Es importante no caer en la trampa y evitar dañar al sistema de partidos sumándose a propuestas que se disfrazan de austeridad, pero que en realidad responden a afanes de control político.

Por ejemplo, el financiamiento público a los partidos de 5 mil 200 millones representa unos 50 pesos por elector al año, una cifra nada escandalosa si nos atendemos a la importancia que tienen para la democracia.

Otro tanto podría decirse de los 300 (de 500) diputados y los 32  (de 128) senadores que no son electos por mayoría, pero que tienen un papel más que significativo para la vida pública del país y, no sobra decirlo, para la gobernabilidad democrática.

Muchos legisladores no están a la altura, y no pocos son impresentables, pero esto se puede corregir con el voto en la próxima elección. Ahí está la clave de la democracia y el principio que la mantiene como un sistema eficaz.

Vivimos tiempos extraños y más vale por ello, ser prudentes y sobre todo en las instancias donde todavía hay espacio para serlo y el Poder Legislativo y particularmente en lo que respecta al Senado, es una de estas.

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