Cinque Terre

Enoé Uranga

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Pedir permiso sin esperar respuesta

Porque para el oído fullero los intereses económicos  -sin levantar la voz-  hablan más fuerte que la Pachamama, aunque la selva a gritos pida ¡implore! no ser más lastimada.

“Pedir permiso” en un show hecho para la televisión, como parte del exitoso espectáculo de rituales inventados para desacreditar al movimiento indígena que rechaza al gobierno, a su tren y a la destrucción que le acompaña.

Tomar a la víctima de rehén para que, con testigos, pruebe que se “obtuvo su permiso” para violentarla, para violarla pues si la tierra es madre por tanto mujer también y usarla, someterla es parte de un “uso y costumbre” ancestral.

Mientras tú observas, quien la vende te confirma en lengua antigua que ella accede para que tú te liberes de la culpa de saber, de entender, que la decisión de partirla, de romperla fue tomada por tratantes empresarios hace ya tiempo.

“Pedir permiso” para que sigas en silencio, para que sin culpa te acomodes, para que, dando testimonio, no te muevas. “Pedir permiso” para que con ese ruido se evite que escuches, que te enteres de que dolida esa madre te llama: porque la verdad es que la selva te urge en llanto, te suplica asustada que hables por ella, que actúes para que no sea exterminada.

Le recuerdo a tu romántico mestizaje –y al hombre que, escudado en su absoluto poder, roba besos no deseados a mujeres profesionistas a quienes ve como “sus corazoncitos”- que no existe el consentimiento forzado, que cuando ese “sí” se obtiene bajo presión o prevaleciendo el agresor de una situación de superioridad manifiesta que coarta la libertad de la víctima: No puede haber consentimiento. Que en el delito de trata el asentimiento es irrelevante porque, de antemano se entiende que la víctima no puede negarse.  Al igual que si ella no está en posibilidad de entender.

Es decir: de acuerdo con la ley mexicana el consentimiento sólo puede darse si se tiene absolutamente la información de todo lo que implica y se está en tal condición de libertad e independencia que existe opción efectiva para decir “no” sin consecuencias.

Y aun así esa anuencia es reversible si la mujer se da cuenta de que ha sido engañada o incluso si simplemente ya no quiere.

NO, no, no al tren Maya. Yo prefiero la selva.

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