Cinque Terre

Regina Freyman

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Maestra en Letras Modernas por la Universidad Iberoamericana y profesora del ITESM, campus Toluca

Las palabras y la empatía, o esto no es una pipa

In Mexico, President Andrés Manuel López Obrador encouraged people to go out, attend rallies, shake hands, and hug—all in direct contradiction of his own public health officials. López Obrador urged Mexicans to move on with their lives, and to be happy and optimistic, as if positive thinking could cure the virus.

Fareed Zakaria. Ten Lessons for a Post-Pandemic World.

Siempre me ha sorprendido aquello que una palabra alumbra y la zona de indeterminación que queda como frontera entre los términos de ese mapa de realidades que hemos ido nombrando, somos la especie que bautiza lo que se encuentra a su paso, una forma de apropiación para señalar el trayecto y para llevarlo puesto. La multiplicidad de lenguas sólo señala la obsesión de apropiación, el artilugio por descifrar, conocer y reconocer.

Recuerdo bien que desde niña me gustaba esa parte del Selecciones que barajaba términos complejos para que el lector probara su capacidad y su memoria lingüísticas. El juego suponía un ganar ganar, puesto que saberlos todos, suponía una palmada en la autoestima; mientras que descubrir nuevos te dejaba un souvenir que, muchas veces inauguraba un rincón de la realidad desconocido y otras veces, las más, daba nombre a un objeto, sujeto o actividad que podías reconocer aunque no te lo hubieran presentado formalmente. Las palabras son como pequeños cubos de rubik que se afectan por sus movimientos combinatorios, no tienen un significado sólido. Por eso me gusta hurgar en su etimología, para descubrir sus parentescos, sus antecedentes delictivos, es decir sus apropiaciones y préstamos.

Probablemente ante un nuevo dislate o provocación presidencial, tres términos se pusieron a flotar entre redes como burbujas de jabón: resiliencia, empatía, holístico. No son términos cualquiera y por supuesto, no son inventos neoliberales y aunque puedan sonar a neologismos, su significado es tan antiguo como el hombre además de ser, en muchos sentidos tres competencias indispensables para sobrevivir como especie. Por ello propongo analizar las tres, así, como jugando con burbujas flotantes, como manipulando el término por sus múltiples lados, sin cerrarnos a la posibilidad de admitir que los conocemos y hemos actuado en consecuencia y para nuestro beneficio, tal vez confundidos de bote pronto como los incautos que ven la no pipa de Magritte e insisten en que sí lo es.

Empatía

El término empatía es un arma de doble filo, necesario para aprender, doloroso sin comprender. La palabra nació, con el significado que le damos hoy en el siglo XX, aparece en inglés por primera vez en 1909, fue tomada de un vocablo griego empathe (empátheia, “pasión“), de (páthos, “sentimiento“) ia, en un principio, significaba pasión pero fue Galeno en el siglo II quien sumó a ella el significado de dolencia o enfermedad. Fue acuñada por el psicólogo británico Edward B. Titchener y nos dice La Palabra del día que “el sociólogo estadounidense Jeremy Rifkin observó que existen conceptos similares, como compasión, comprensión o altruismo, pero que ninguno de ellos expresa cabalmente el significado preciso de lo que se quiere manifestar con empatía. Esta palabra se refiere a una habilidad cognitiva y afectiva del individuo, que le permite ponerse en la situación emocional del otro. Y ratifica que es neologismo que encontramos en español hasta 1975, admitida por el diccionario de la Academia hasta 1984.

Las espigadoras (1857), Jean-François Millet

El significado que le damos hoy deriva de una capacidad cognitiva que hace posible que de una forma hipotética nos pongamos en lugar del otro (realmente es imposible) y comprendamos su forma de sentir y pensar. Es imposible, debido a que la percepción es digamos, hipersensible y depende de la información previa, el contexto, el lugar que se ocupa en el espacio, en fin, de mil variables que permiten que un ser sintiente experimente la realidad de forma singular. Sin embargo, la capacidad de imaginar lo que el otro siente es el principio del aprendizaje tal como descubrió Jacomo Rizzolati con las neuronas espejo. Sin embargo, en su libro Against Empathy, Paul Bloom nos habla de la complejidad de esta capacidad cognitiva que definitivamente no es un monopolio neoliberal y que la política ha aprovechado desde tiempos del propio Pericles aún cuando le llamara de otro modo, o pensara que el término suena rimbombante.

El propio Bloom admite que su provocador título que se adhiere a su provocadora tesis, causa animadversión y sin poder sintetizar aún el libro que leo, puedo anticipar que distingue diversas manifestaciones y límites para este concepto. Podemos ir desde la nobleza de provocar el altruismo a partir de detonar la empatía con una historia de un sufriente y hasta la capacidad que tienen los psicópatas de empatizar con la víctima para manipularla a su antojo para traicionarla después, debido a que la empatía es un recurso manejable y limitado. Manejable porque aun cuando podemos sentir una arrobamiento empático por un desconocido, el “dolor” que esto puede causar provoca que se sea selectivo al respecto, y, tal como Bloom ejemplifica, la empatía es una suerte de reflector que puede posicionarse sobre un sujeto, tal vez un grupo, en un momento determinado pero no se puede sentir empatía al mismo tiempo por una catástrofe en Nigeria y otra en Palestina, ni se siente empatía por la estadística, de hecho entre más personas sufran la capacidad empática se disuelve y entre más expuesto se esté a un suceso, la mente se defiende ante el sufrimiento.

Otra de las características de la empatía es que se experimenta más con los cercanos o con los semejantes, y menos con los extraños y diferentes. Estamos de algún modo codificados para defender al grupo y biológicamente imposibilitados para hacerlo de forma masiva. Esto sin contar que la asertividad para tomar decisiones a gran escala depende de un pensamiento digamos “holístico” que por su naturaleza es contrario a la empatía. Pero antes de pasar a lo holístico es importante apuntar que el propio Bloom señala que a mayor poder menor empatía, así hay estudios serios que demuestran que las buenas decisiones políticas son más un arte de gestión que una fuerza de la empatía. La mayoría de los políticos echan mano de esta cualidad, y más aún los populistas que apelan a la emocionalidad para la manipulación. Así que aun cuando el nombre de un concepto suene a cultismo, no saber el nombre del pecado no exime de aprovecharlo.

Holístico

Nicholas A. Christakis y James H. Fowle escribieron en 2010 Conectados: El sorprendente poder de las redes sociales y cómo nos afectan, con ello demostraron algo que estábamos comenzando a saber y sentir, que el todo es más que la suma de las partes. El revelador texto explica el poder de las redes sociales, el fenómeno de la ola en los estadios, la gordura como epidemia y la preponderancia que tienen ciertos “nódulos” en una red, para modificar y condicionar el comportamiento. El énfasis en las redes hizo que cobrara relevancia la idea de los sistemas y lo sistémico, y con ello el concepto de lo holístico. Neologismo que nace en 1926 y da nombre justamente a la “la tendencia de la naturaleza de usar una evolución creativa para formar un todo que es mayor que la suma de sus partes”. Nos dice la etimología que surge del término griego hólos, que en español significa ‘total‘, ‘todo‘, ‘entero‘ y fue acuñado por el militar y político sudafricano Jan Christiaan Smuts.

Buscando hacer el cuento corto, afirmamos que todo estadista, sin conocer a don Smuts o a Christakis, necesita comprender la importancia de una visión sistémica, holística y por encima de todo, el lugar preponderante que juega en una red que le obliga a ser ejemplar, a pensar en el bien mayor y no personal o familiar (la red excede a primas, hermanos o hijos) pensar en la diversidad compleja que integra al grupo y no dinamitarlo para aprovechar los fuegos cegadores de la belicosidad. Quebrar el holismo, tiene consecuencia sí o sí, aunque se presuma que el calentamiento global o la pandemia son teorías conspiratorias que se atenúan con santitos y estampitas; o se busque favorecer bancariamente a los amigos quebrando con ello la certeza económica global y sus niveles de confianza.

En muchos países se puede ver la misma dinámica de funcionamiento, personas que sospechan del sistema, que confían en sus propias fuentes, dudan de las autoridades acreditadas y anteponen el partidismo a la verdad…El fenómeno se extiende a Brasil, México, Turquía e India, todos lugares donde un lado de la división política ha llegado a verse a sí mismo como representante de los expertos, mientras que el otro desconfía profundamente de ese establecimiento. La creciente hostilidad entre estos dos grupos es una parte de la tendencia política más significativa de la última década: el auge del populismo en todo el mundo¹.

Resiliencia

Con esta palabra se entiende la capacidad del ser humano para hacer frente a las adversidades de la vida, superarlas y ser transformado positivamente por ellas. ¿Conocen alguien así o es un unicornio neoliberal? La historia de este último neologismo se debe a las investigaciones en epidemiología social de Emily E. Werner en 1992, quien observó que no todas las personas que se enfrentan a enfermedades, padecimientos o traumas psicológicos responden igual; unas no logran superarlo, otras lo logran, y otras más surgen fortalecidas de ellas, así que necesitaba una palabra para esa fortaleza humana. Así que recuperó el término “resilio” que quiere decir rebotar, o volver atrás, es decir a la cualidad de ciertos materiales para volver a su forma “original” es la capacidad adaptativa de las comunidades, para tolerar perturbaciones, o como nos dice el gran neurólogo Boris Cyrulnik es “… la reanudación de un nuevo desarrollo después de un evento traumático”.

Cuando hemos sido heridos, sufrimos una pérdida, la herida se encuentra en el cuerpo, la mente y en la memoria. Poner palabras al dolor, pone orden y da nombre, sirve para comprender la herida, es el primer paso de la rehabilitación. Si no verbalizo la herida queda como una representación trunca que se aloja como pesadilla ¿Es necesario reparar el duelo tras la pandemia?

La respuesta es muy obvia, requerirá vacunas, solidaridad, afecto, dinero, pero sobretodo requerirá palabras porque si el herido del alma habla, transmite el horror, si el herido del alma calla, transmite la angustia. Así que más vale que vayamos verbalizando, aprendiendo las palabras precisas que designan, como estas caminos a seguir. Sin comprender la necesidad de entender al otro, sin ocupar de forma efectiva, el lugar que ostentamos en la red que llamamos país y que es más que la suma de sus individuos, sin relatos que nos ayuden a nombrar, a vomitar el dolor en términos que den orden y sentido, no podremos reponernos de tanto dolor.

¿Vendrá eso en su diccionario Señor?


Referencias:

Bloom, Paul. Against Empathy (p. 239). Random House. Edición de Kindle.

Fareed Zakaria. Ten Lessons for a Post-Pandemic World. Apple Books.

Etimologías de Chile http://etimologias.dechile.net

La palabra del día https://www.elcastellano.org/palabra.html

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