Cinque Terre

Julián Andrade

Escritor y periodista.

Pablo Hiriart: desde aquellos días

Pablo Hiriat ha recibido ataques, desde los más alto del poder, que son injustos y que debieran alarmar a todo el gremio periodístico y a los demócratas. Se le acusa por lo que ha hecho desde hace décadas: trabajar con la información, con sentido, profesionalismo y oportunidad.

Algunos por ignorancia y otros por mala fe, olvidan que existe una historia detrás del personaje y que esta es la que sustenta una biografía.

A Hiriart lo he acompañado en sus principales proyectos periodísticos: La Crónica de hoy y La Razón. Lo conocí cuando él era director de El Nacional y me invitó a escribir una columna que se publicaba los lunes.

Hiriart, como directivo de un diario de gobierno, que intentaba convertirse en un medio de Estado, siempre estaba bajo múltiples presiones por intereses encontrados. En aquellos días, El Nacional era un referente del debate público y un espacio para la pluralidad. Es más, dejó la dirección justamente por esas dinámicas, que trató de sobreponer, siempre, haciendo periodismo.

Pablo Hiriart Le Bert, recibió el Premio Nacional de Periodismo 2005.
FOTO: Diego Gallegos/CUARTOSCURO.COM

Años después, durante el mandato de Ernesto Zedillo, los diputados decidieron desaparecer el diario y se perdió un referente que después entrañaron quienes llegaron al poder y ya no tuvieron una herramienta de difusión como esa.

En La Crónica nunca la tuvimos fácil. Fuimos bastante molestos para el ejecutivo federal (el diario se fundó en 1996) y con los gobiernos de la Ciudad de México resultamos acuciosos y críticos, sobre todo en temas de seguridad y derechos humanos.

Con Vicente Fox y con algunos miembros de su gabinete no existió mucha química. Desde la campaña nos veían con malos ojos, porque pensaban que se congeniaba con el PRI. No era así, por supuesto. Fox, eso sí, tuvo siempre una actitud de respeto para los contenidos, coberturas y diagnósticos de La Crónica.

La Razón, bajo el liderazgo de Hiriart, inició su nueva etapa en 2009. Era el momento más alto de la crisis económica. Las hemerotecas son importantes y ahí se puede constatar el trabajo que se realizó, las críticas que se hicieron y el tratamiento que recibieron los distintos actores políticos.

Sobre la guerra contra el crimen organizado se hicieron reportajes sobre los abusos policiacos y militares, pero también se tuvo muy claro quiénes eran los enemigos y no se confundió el actuar erróneo y hasta doloso de algunos, con el apoyo que merecen quienes se estaban jugando el pellejo, día con día, para proteger a los ciudadanos y sus familias. Esto no lo pueden presumir muchos hoy en día, y ni siquiera algunos de los más entusiastas apoyadores de la Guardia Nacional.

Quizá ahí está la clave y la enseñanza mayor de Hiriart: hacer periodismo pero desde una perspectiva que defienda las libertades y la democracia.

Por supuesto que ello hay afinidades y distancias, y sobre todo se reflejan en las opiniones, que son uno de los géneros periodísticos, pero que nunca suplen el rigor de las notas. Con Hiriart aprendimos que las historias periodísticas, las que trascienden, deben ser sólidas como el granito.

Nada bueno traerá la descalificación y menos si esta viene desde Palacio Nacional. Ante ella, sin embargo, queda lo que hace Hiriart, desde aquellos días, periodismo.

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