Argelia Núñez García

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Otro México sí es posible

Estamos en un momento en el que  enfrentamos noticias cotidianas en torno a los estragos que están causando las crisis  que sufrimos. Y muchos, los estamos resintiendo en nuestro entorno inmediato. No solo leemos estadísticas de la debacle; ésta nos alcanza.

El país en el que vivimos no es el que creíamos se construía hace una década. ¿En qué falló nuestro diagnóstico? ¿En dónde perdimos el camino? ¿Qué dejamos de hacer?

En México al igual que ocurre en gran parte del mundo, los ciudadanos nos decepcionamos de la democracia. El paradigma liberal, que aseguraba que con mayor libertad transitaríamos al bienestar falló. Y entonces, mayoritariamente, se entregó la conducción de nuestro destino colectivo a un liderazgo carismático, que ofrecía la tierra prometida.

Pero el cambio de rumbo y la llegada del nuevo liderazgo nacional, solo  profundizó en base de erratas cotidianas, los signos de estancamiento económico, a la vez que amenaza libertades y deconstruye la fortaleza de instituciones.  La crisis económica y social derivada del Covid19, aquella que llegó “como anillo al dedo”, dio la coartada perfecta para el deterioro causado por la impericia en la conducción del destino del país.

La decepción que nos propició “ya sabes quién” con su desgobierno, nos enseñó que el cambio no vendrá ni puede confiarse a un líder carismático. Debemos ahora impulsar un cambio de mentalidad, desde lo individual y construir un nuevo paradigma: El de la participación social. Pasar de la queja a la propuesta. De la pasividad a la acción. Abandonar el aislamiento e iniciar la organización. Dejar la sumisión y pasar a la lucha cívica. Ponernos en marcha.

¿Qué estamos haciendo en lo individual, que en conjunto nos conduzca a una realidad mejor? El México que hoy estamos viviendo, no es en el que deseamos permanecer por más tiempo.

Ésta crisis es la gran oportunidad de reinventarnos y comprometernos. Atrevámonos a pensar como  es la maqueta del México que deseamos. Este país necesita de personas  valientes, consientes, decididas y comprometidas a asumir su papel de responsabilidad y participación. Ya no hay tiempo para lamentarse  de lo que otros no hicieron bien.

Somos el pasado del mañana y lo que hoy tenemos no corresponde a lo que merecen las sociedades del futuro.

Pero todo cambio parte de una visión, que para hacerse realidad requiere de una convicción firme sobre su viabilidad, y una acción decidida para materializarla.

Estoy convencida de que sí es posible construir un país mejor; Donde haya un piso mínimo de bienestar para todos, pero que se estimule y reconozca el esfuerzo y el logro individual.

Rechacemos la ideología de la austeridad y la privación. Construyamos una visión de abundancia y plenitud, la que merecemos todos los mexicanos.

Hoy es el momento de construir un México que brinde oportunidades de prosperidad para todos. Que cualquiera pueda forjarse, a través de su trabajo, un futuro promisorio.

 

 

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