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Oposición crítica y libertad

Sigue la indeterminación. Mucho ruido y pocas nueces. La incómoda larga espera del auténtico cambio de gobierno este diciembre.

No es posible ver algo claro todavía, porque ni el gobierno saliente ni el gobierno entrante saben ser claros. Predominan los claroscuros y las sombras, los fantasmas y espectros de lo que pasa en lo oscurito y por debajo de la mesa. Sonrisas o caras serias para la foto, pero nada claro sobre lo que ocurre lejos de la mirada de la opinión pública. Los arreglos del cambio.

El presidente saliente deja de gobernar con más pena que gloria y el presidente electo toma el relevo y se vuelve el centro de las noticias, lo hacen tan sin sobresaltos ni choques que preocupa la calma. Parecen ir muy de acuerdo en todo, hasta en lo que no. ¿Cuál alternancia entonces? Sólo hacen pensar que la oposición del presidente electo sólo fue demagogia de campaña y que la lealtad al PRI del presidente saliente también sólo fue de dientes para afuera, porque los dos hacen lo que les conviene a ellos, porque ellos gobiernan al estilo del PRI. Ahora el nuevo PRI es Morena, y ya se siente fuerte la cargada, en tanto que el viejo PRI ahora tendrá que reinventarse prácticamente desde cero para ser auténtica oposición o tendrá que volverse siervo del gobierno.

Con el PAN todo está peor todavía, se diluyen en el aire, sin pies y sin cabeza, ya sólo tienden a coincidir en que se equivocaron con Anaya, para comenzar a revelar que no pueden seguir juntos como venían. También tendrán que reinventarse desde casi cero. El PRD nunca ha sido un auténtico partido unificado, sino una reunión o corporación de tribus, por eso ya se desbandan sin remordimientos ni compromisos, en la mayoría de los casos también lo hacen para ingresar en Morena. Porque ya se vio que Morena recibe cascajo y basura de donde sea, con tal que llegue puesto de rodillas ante el iluminado López.

CIUDAD DE MÉXICO, 18AGOSTO201800
FOTO: MISAEL VALTIERRA / CUARTOSCURO.COM

Peña le deja todo a flote, ni bien ni mal, pero sin que se hunda todo, López podrá comenzar su gobierno en una situación positiva, tanto en economía como en política interna y externa. Nada del otro mundo, sólo un país capitalista y liberal, lo menos peor para la libertad y la justicia en estos tiempos, un país siempre mejorable. Pero también un país que siempre puede empeorar.

A favor del presidente entrante está la aceptación de su imagen dentro de la ciudadanía, llegará a la silla presidencial con el apoyo y confianza de más del 30% de la ciudadanía que votó por él. Y llegará con el carro completo, podrá mandar como quiera y con quienes quiera. Hasta cierto punto, ahora López puede hacer lo que quiera. Y entonces sí preocupa lo que parece que quiere como cuarta transformación del país.

Cuando el poder supremo quiere imponer la moral para todo mundo comienza el terror, es la Inquisición, es la Guillotina, es la torpe Guerra Santa. Nunca ha sucedido lo contrario. Violencia absurda, violencia inútil. El gobierno político de la sociedad no tienen nada que ver con la moral de sus ciudadanos, la política no es religión ni modelo de ética y buena conducta. La política es buena administración de lo público y ya. Lo de la moral tiene que ser cosa de cada quien con su propia conciencia, si no es así, es fanatismo e idolatría, auto-engaño, enajenación, torpeza.

También es preocupante en ese sentido la idea de que él tenga como presidente el mando único de todas las fuerzas militares y policiales. Su presidencialismo se puede convertir en una dictadura totalitaria, tal como lo venimos temiendo desde antes del inicio de las campañas. Pero la verdad es que nada se puede ver claro todavía.

Hasta ahora su proceder como presidente electo deja imaginarlo como un presidente civil, sin voluntad de militarizarse, como José Mujica en Uruguay o Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil. Será un presidente protagónico hasta el bostezo y grosero en el trato con la opinión pública y la sociedad civil, como lo fueron sus maestros Luis Echeverría y Gustavo Díaz Ordaz. Será sin duda un conservador burdo, tal como lo ha sido siempre y tal como ya gobernó sin pena ni gloria la ciudad de México. También ya nos deja sospechar que gobernará de acuerdo al modelo presidencialista que no está contra la democracia, aunque la obstaculice con sus mandatos; lo problemático será el carácter asistencialista de su administración, una vertiente por la que siempre le faltará dinero, si no quiere aumentar los impuestos, por ejemplo. Pero rápidamente parece que da reversa a muchas de sus propuestas de campaña, muy rápido ingresa al cauce de sus ideales priistas. Entonces se puede pensar que no impondrá un socialismo utópico, sino que ejercerá un mando de opereta, pues nunca conseguirá unificar a los suyos una vez que todos se vean con el poder fáctico.

Su consulta o encuesta o farsa — “anticonstitucional” y “privada” — sobre la suerte del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México podrá analizarse como referente de lo que será su presidencia, pues esta consulta él la puede manipular a su gusto, dejando ver su ilusión mesiánica y su carácter despótico, al creerse de veras la Voz del Pueblo; lo mismo que puede reconocerla honestamente innecesaria y demostrar con ello que no gobernará sólo por capricho. Habrá que esperar.

Los medios se doblegan dóciles al presidencialismo de López, casi nadie lo critica. Ahora trabajan de forma orgánica para la agenda e ideología de Morena los medios militantes, los oportunistas y los dóciles, o sea, la mayoría. Gente que antes declaraban como enemigos del proletariado a Napoleón Gómez Urrutia y Manuel Bartlett, ahora los adulan como si fueran Espartaco o Lenin. La prensa de oposición se vuelve minoritaria, casi un asunto de firmas aisladas. Como en los tiempos del PRI más fuerte.
Reconozco que nos equivocamos creyendo que López no ganaría las elecciones, fuimos demasiado idealistas, creímos de más en el poder de la razón y la política deliberativa; pero esto no significa que nos hayamos equivocado al caracterizarlo como un peligro para México. Quizá no lo sea como el socialismo autoritario al estilo de Hugo Chávez en Venezuela y los hermanos Castro en Cuba, lo que en algún momento nos temimos, mas ya deja sentir que sí lo será como regreso conservador del presidencialismo caprichoso y el gobierno del despilfarro asistencial, más populismo priista al estilo de Lázaro Cárdenas.

Y el problema es que no se pueda dejar de pensar en lo malo y reaccionario que así puede estar por venir, para ahora no equivocarnos al presentarle oposición crítica a este nuevo gobierno que todavía no manifiesta ser lo mejor para México o siquiera lo menos peor. Porque también ahora es evidente que la oposición crítica ilustrada desde la opinión pública es totalmente minoritaria y elitista, estamos lejos de las masas que todo lo deciden.

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