Cinque Terre

Armando Reyes Vigueras

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Periodista

Con esta oposición tenemos que arar

Si algo dejó la reciente visita del presidente López Obrador a Estados Unidos, es que tenemos una oposición que no atina –aunque a algunos les moleste de sobremanera esta observación– a construir una opción que atraiga al electorado, lo cual representa una mala noticia de cara a las elecciones 2021, pues de seguir por el mismo camino harán que en la práctica el líder de Morena esté en la boleta electoral sin ser candidato.

Elección predecible

La escena circuló profusamente en redes sociales: en un video se aprecia a un pequeño grupo de manifestantes quienes, megáfono en mano, le gritan a López Obrador, quien dejaba una ofrenda floral en el monumento a Benito Juárez en la capital estadounidense: “comunista”.

Si bien muchos ciudadanos podrían estar de acuerdo con calificar al mandatario como inepto o corrupto, los otros gritos que se escuchan en la grabación, el recurrir al término comunista nos deja ver que, al menos ese grupo de manifestantes no tiene idea de lo que claman.

Y es que si una crítica se le puede hacer a López Obrador, y que fue uno de los motivos del viaje, es que resultó más neoliberal que muchos de los presidentes que hemos tenido, incluido su némesis Carlos Salinas de Gortari, al celebrar la firma de un instrumento neoliberal por excelencia, el tratado de libre comercio ahora conocido como T-MEC.

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Pero la oposición en lugar de resaltar esto o los escasos logros de su administración –con los efectos en el crecimiento económico y el empleo de sobra conocidos–, se puso a compartir memes, a especular acerca de la presencia de una diputada federal a quien a fuerzas quieren ligar sentimentalmente al presidente y a servir de sparring de quienes buscaban resaltar una visita que no tuvo mayores repercusiones en la prensa estadounidense.

A estas alturas del sexenio, la oposición –partidista, en redes sociales, de organizaciones o como la quieran calificar– ha demostrado poca capacidad para arrebatarle la iniciativa al lopezobradorismo y fijar temas diferentes a los que desde la mañanera se establecen.

También es una oposición que se distrae con mucha facilidad. Si un medio u organización da a conocer presuntas irregularidades en la 4T que dejan un aroma a corrupción –ahí están como botones de muestras las casas de Bartlett o las de la pareja Ackerman-Sandoval–, en lugar de profundizar en los datos o reenviarlos para que tenga un mayor alcance la nota, se van por el meme o a repetir los apodos de los familiares del presidente.

Muchos colegas se quejan de que se difunden más los memes en contra del presidente que sus textos en donde exhiben sus falacias o errores.

Y qué decir de los fake news que se dedican a difundir con singular alegría, pero sin verificar la fuente o la posibilidad siquiera de que sea real la información.

Otro rasgo de esta oposición, tiene que ver con el material que quieren hacer pasar como actual y que en realidad es de hace dos o tres años, como un video en el que se muestra a Antonio Attolini reclamando con prepotencia a una policía, pero que es de antes de la campaña 2018, lo que no importó para que Javier Lozano se diera vuelo difundiéndolo como el comportamiento actual del empleado del Seguro Social.

Todo esto tendrá un efecto en las elecciones del 2021 que pocos están viendo, porque de seguir la tendencia de debatir a partir de los términos y los temas que se establecen en Palacio Nacional –incluyendo los símbolos–, se estará funcionando en la práctica como caja de resonancia del presidente López Obrador y gracias a esto estará presente en la campaña electoral 2021, pues todo seguirá girando en torno a su persona, con el efecto de que le darán una gran bandera a Morena en dichos comicios.

Porque el argumento será votar por él o por alguien más de una oposición dividida y sin una propuesta clara más allá de estar en contra del presidente y de Morena.

Además hay que considerar que no hay un liderazgo visible en la oposición que haga de contrapeso o capitalice los errores del gobierno federal –y vaya que los ha habido–, así como darle forma a una propuesta que atraiga al elector desencantado con la 4T.

La idea inicial es dejar de hablar y reaccionar acerca de todo lo que el lopezobradorismo difunde a diario, pues esa es la base de su éxito desde la jefatura de gobierno en el año 2000, pues al tener la iniciativa todos hablan de los temas que ellos desean.

La protesta de las mujeres por la violencia de género demostró que se puede arrebatar dicha iniciativa y obligar al presidente a que aborde un tema que le es incómodo y sacarlo de su zona de confort, eso se podría repetir si la oposición deja de recurrir a toda la práctica que el presidente y candidato eterno ha establecido, como es el uso de apodos, la frase hueca aunque chistosa, los lemas propagandísticos y toda la ideología que busca presentar en muchas de sus acciones.

La austeridad no es un tema si se piensa en el ahorro de recursos, pero si sí vamos a dar el debate por los privilegios en un país con una desigualdad lacerante. Urge que se salgan de esta dinámica y comiencen a establecer su propia narrativa, a menos que quieran un lopezobradorismo más allá del 2024.

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