Cinque Terre

Óscar Constantino Gutierrez

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Doctor en Derecho por la Universidad San Pablo CEU de Madrid y catedrático universitario. Consultor en políticas públicas, contratos, Derecho Constitucional, Derecho de la Información y Derecho Administrativo.

La oposición de amigotes: la respuesta al porqué López ganó en 2018 (y puede volver a ganar en 2024)

Desde nuestro espacio de privilegio, que incluye las redes sociales, suele preguntarse “¿por qué ganó en 2018 López Obrador, si todos sabíamos que era un holgazán, mentiroso, bueno para nada y perjudicial?”. La respuesta corta tiene dos elementos: 1) no todo el mundo sabía el tipo de gañán que era; y 2) el PRI y el PAN eran peores. La segunda causa prevalece y es uno de los motivos por los que Va por México no cuenta con una preferencia electoral suficiente para garantizar victorias fulminantes. 

Los 15 millones de votos adicionales que López obtuvo en 2018 no provienen únicamente de ciudadanos encandilados por el resplandor del mesías macuspano, sino de la ira causada por décadas de influyentismo, prepotencia y capitalismo de cuates construidos por el priismo y cebado por el panismo en el gobierno. El problema es que, en este tiempo de oposiciones, los mirreyes sinvergüenzas y los tecnócratas carentes de inteligencia emocional, que hicieron su agosto durante los últimos 40 años, ahora se disfrazan de exitosos y brillantes adalides de la democracia, rendición de cuentas, el estado de derecho y la honestidad empresarial, pero continúan teniendo las mismas mañas que expulsaron a sus partidos del poder: siguen sacando contratos de gobierno porque el tío es diputado priista o gobernador panista, usan sus empresas para agredir a los hijos menores de edad de candidatos, pero, eso sí, se llenan la boca con alabanzas a la libertad empresarial y la honradez pública, pero son miembros de una cofradía de egresados de la universidad privada que ha hecho del conflicto de interés una estrategia de negocios en todo el país.

No nos enteraríamos de sus pillerías si no fuera porque les ganan las ansias de llevar a lo público su estupidez privada: son los que, en redes sociales, piden boicots a restaurantes porque dejaron entrar a alguien (aunque la ley del consumidor habría castigado tan idiota negativa de acceso) o, peor aún, son los que, en esas mismas redes, vienen a censurar las críticas a los boicoteadores, “porque han hecho mucho por el país”. Sin esas perlas de imbecilidad, sus sinvergüenzadas se quedarían en las contralorías, fiscalías y tribunales. Las conocemos porque suspenden la inteligencia por causa de su soberbia.

Y, cuando esos enanos mentales, prófugos del ácido fólico, pero con pretensiones de entrepreneur, son los que vienen a darle lecciones de moral a López Obrador y sus secuaces, los ciudadanos nos encontramos frente a una versión tercermundista de Spy vs. Spy. ¿Con qué cara vienen a dar lecciones de buena política y honestidad la misma gentuza centavera que se siente la versión mini de Donald Trump, porque hacen negocitos al amparo de los residuos del poder priista o panista que aún gobierna en algunas partes de México? Son vendedores de aire con cargo al erario o a las intrigas de grupos de interés. 

Un ejemplo de esa torpeza, que no asume sus culpas y pretende el poder como si no hubieran robado y mal gobernado por años (o décadas), está en Tamaulipas. El PAN está en un altísimo riesgo de perder ese estado, por la gestión irregular de Francisco García Cabeza de Vaca y la selección de un candidato que es la versión chelela del señor del Monopoly, que propone cosas inviables, demagogas o francamente absurdas. Algo similar puede decirse de la alcaldesa de la Cuauhtémoc, Sandra Cuevas, que ha dado motivos y pretextos para que el morenismo intente conseguir en la mesa lo que no ganó en las urnas. 

Y luego las cúpulas integrantes de Va por México proponen ocurrencias imperdonables para políticos profesionales que se ofertan como los rescatadores de México: ¿qué necesidad hay de plantear una contrainiciativa electoral? ¿En serio no se dan cuenta de que no hay que hacerle el juego a López Obrador? ¿En serio no se percatan de que hay asuntos a legislar verdaderamente urgentes? ¿No entendieron que falta un enjuiciamiento único para el país, garantías para las mujeres en riesgo de violencia, protección a los niños y niñas, guarderías y al menos otros veinte temas de relevancia real, no tonterías como la segunda vuelta electoral o barbaridades por el estilo? 

No nos lamentemos en 2024 si Morena vuelve a ganar: seguimos teniendo en la oposición a fariseos de pacotilla, pigmeos de tercera, horda morralla que es causante de la molestia ciudadana que llevó a López a la presidencia. Y mayor culpa tienen los pensadores y gurús opositores que cobijan a esa escoria, por razones tan peregrinas como ser egresados de la misma escuela de mirreyes o beber y comer en el mismo tugurio. Si la situación no fuera tan grave, sería de risa loca. Aún es tiempo de ofrecer una oposición digna, no a la misma basura, pero con sombrero distinto.

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