Cinque Terre

Armando Reyes Vigueras

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Periodista

NYT, caricatura política y lo políticamente correcto

The New York Times decidió dejar de publicar caricaturas –o cartones políticos, como guste usted llamarlos– luego de que uno en el que el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, aparece como perro guía de un ciego Donald Trump, fuera recibido con críticas por parte de un segmento de sus lectores. El calificativo de políticamente incorrecto parece que pesó más que la libertad de expresión de un periodista gráfico que plasmaba su punto de vista acerca de un tema controversial.

Caricatura Patrick Chappatte / La cual orilló al NYT a dejar de publicar cartones.

Caricaturas incómodas

Parece que vivimos en una época en la que los que tienen la piel muy sensible ante la crítica están logrando imponer sus criterios. Lo sucedido con el diario estadounidense NYT y su decisión de dejar de publicar caricatura política en sus ediciones, es muestra que los medios están a merced de las críticas de una parte de su audiencia, reaccionando a éstas sin analizar su pertinencia.

Lo que vivió la revista francesa Charlie Hebdo, al publicar caricaturas que aludían al Islam, también demuestra que para algunas personas este género periodístico no es admisible y que, por lo tanto, se le debe exterminar.

La caricatura política ha sido un género en el que se logra combinar el humor con la crítica social, dibujando a los poderosos con rasgos satíricos, lo que permite a la gente ver reflejados sus puntos de vista respecto a lo que sucede en su entorno y, especialmente, burlarse de los gobernantes.

Estos últimos han tratado de minimizar o censurar a los caricaturistas, quienes en ocasiones son más críticos que los columnistas más severos.

Pero en este contexto, llama la atención lo que sucede en nuestro medio y con nuestros medios, terreno en el cual los moneros que se han visto críticos con Ya Saben Quién han visto aumentar el número de agresiones por sus trabajos.

Entre calificativos acerca de ser moneros de la derecha, tacharlos de infantiles o buscar cerrar sus cuentas de redes sociales, varios de los representantes de esta disciplina sortean este tipo de acciones que busca reducir el impacto de su trabajo en la opinión pública.

Nos guste o no, todo es susceptible a la crítica; que coincidamos o no, es cuestión aparte, pero parece que ahora los que no aceptan opiniones contrarias a sus designios han encontrado en lo políticamente correcto un aliado eficaz para reducir el impacto de los trazos con los que dibujan a personajes del ámbito político.

Cabe recordar que el otro recurso gráfico que se utiliza en las redes sociales para satirizar algunas decisiones que provienen de la política, los memes, también ha sido amenazado por algunos legisladores que consideran que la manera en que se presenta a sus colegas de partido o de gobierno no es la adecuada y, por lo tanto, se deben regular.

Piel delgada

Dejando de lado la obviedad de la existencia de la libertad de expresión –por más equivocado que esté el punto de vista o caricatura presentado–, lo que se debería discutir no es el límite a este derecho, sino lo mucho que nos está afectando la cada vez más consolidada dictadura de lo políticamente correcto.

The New York Times refleja mucho de lo que esta moderna corte sentencia en cada oportunidad.

Uno de los caricaturistas del diario mencionado, Patrick Chappatte, señaló en su página de Internet que “estamos en un mundo donde las turbas moralistas se reúnen en las redes sociales y se levantan como una tormenta, cayendo en las salas de redacción en un golpe abrumador”.

En la reflexión que el caricaturista hace de esta decisión y su consecuencia, también muestra que este gremio es uno de lo que más sufren la censura. “¿Quién le mostrará al emperador Erdogan que no tiene ropa cuando los caricaturistas turcos no pueden hacerlo? Uno de ellos, nuestro amigo Musa Kart, ahora está en la cárcel. Los dibujantes de Venezuela, Nicaragua y Rusia fueron obligados a exiliarse. En los últimos años, algunos de los mejores dibujantes de cómics en los Estados Unidos, como Nick Anderson y Rob Rogers, perdieron sus posiciones porque sus editores consideraron que su trabajo era muy crítico con Trump. Tal vez deberíamos empezar a preocuparnos… las caricaturas políticas nacieron con la democracia”.

Caricatura de Patrick Chappatte

Pero finalmente, es optimista, al decir “es un momento en el que los medios necesitan renovarse y llegar a nuevas audiencias. Y dejar de tener miedo de la turba enojada. En el mundo demente en el que vivimos, el arte del comentario visual se necesita más que nunca. Y también el humor”.

¿Y en México? Nuestros caricaturistas también sufren el embate de la turba enojada por criticar al mesías, cuando no hay una autocensura para no afectar la militancia, que anteponen a su oficio. Aunque después de todo, no se entendería al periodismo mexicano sin la caricatura política.

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