Cinque Terre

Javier Solórzano

Nunca se gana y se pierde para siempre

Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.- Bajo el complejo proceso de representatividad en que se encuentran las sociedades, la democracia, con todos sus asegunes, sigue siendo el eje bajo el cual se organiza y desarrolla la vida política y dinámica ciudadana.

Organizar elecciones no es una tarea sencilla y más en nuestro país. Las elecciones son caras, porque se han dedicado a utilizarlas como instrumento para justificar desde el poder quien debe gobernar, independientemente de la voluntad ciudadana.

Los últimos años entramos en un proceso virtuoso. La pluralidad llegó para quedarse, a pesar de que en el pasado proceso electoral la sociedad mexicana haya optado por entregarle a un candidato y a su partido una mayoría abrumadora.

El tsunami se debió al hartazgo ciudadano y a que López Obrador se convirtió en referente, lo que colocó, además, a la oposición cerca del nocaut. PAN, PRI y PRD no pueden por ningún motivo ser lo que en otro tiempo fueron; como hoy están, difícilmente tendrán cabida entre la ciudadanía.

Lo mejor de las elecciones de 2018 fue la claridad y reconocimiento de todas las fuerzas políticas. Los ciudadanos quedamos satisfechos en lo general, independientemente de quien haya ganado. Es probable que hayamos entrado en los terrenos de la confianza, confirmando un reconocimiento a los responsables de los institutos encargados de organizar las elecciones, los cuales son cada vez más profesionales y efectivos.

Hemos avanzado y mucho. Ha sido un trabajo de la sociedad en su conjunto en donde las ONG, los institutos autónomos y los ciudadanos han sido fundamentales.

Si hoy les ha dado por menospreciar, e incluso, querer diluir al INE y a los OPLE se puede estar cometiendo un error histórico. La confrontación del Gobierno, y en particular del Presidente, con las ONG se ha convertido en una constante que ha llevado a impugnaciones que pierden de vista que mucho les debemos a ellas lo que hoy somos en términos de participación, representatividad y democracia.

Si se sigue por los derroteros de cuestionar a los institutos electorales sin entender a la democracia como forma de vida, vamos a entrar de nuevo en los círculos perversos de creer que quienes hoy gobiernan se van a eternizar en el poder; nunca se gana para siempre ni se pierde para siempre.

En medio del tsunami nos viene bien que el Gobierno crea que tiene una especie de verdad absoluta o un cheque en blanco, como diría Julián LeBarón. Somos una sociedad  heterogénea como se ha podido ver de manera clara en los últimos años.

Si bien quedó claro lo que mayoritariamente quería la sociedad, el gran reto es que se entienda que se gobierna para todos y, sin dejar de perder el espíritu crítico, que se tiene que apoyar a los institutos que organizan las elecciones. Quienes hoy gobiernan, al paso del tiempo podrán perder las elecciones y con razón exigirán reglas justas y democráticas. Apoyar a los institutos electorales es pensar en el presente y el futuro de todos, sin importar el signo político.

Pensemos algunos temas por venir. La democracia está quizá en proceso de transformación. Las nuevas tecnologías están construyendo nuevos escenarios no sólo de comunicación, sino también de acción política.

No queda claro hacia dónde llegaremos, lo que sí se aprecia es que estamos en una transición en que debemos apoyar y fortalecer nuestros procesos de participación colectiva. Sin dejar de reconocer las limitaciones que puedan tener las elecciones, siguen siendo el instrumento para acceder al poder legítimamente y sobre todo para que la sociedad participe y esté representada.

RESQUICIOS.

Independientemente del muy presente debate sobre el nuevo aeropuerto, las terminales aéreas son un auténtico relajo, por no decir otra cosa.

*Extractos del texto leído el sábado pasado en la Universidad Autónoma de Chiapas en la presentación del libro Elecciones Chiapas 2018, coordinado por el gran fotógrafo Raúl Ortega y María Espinoza Póo.


Este artículo fue publicado en La Razón el 13 de enero de 2020, agradecemos a Javier Solórzano su autorización para publicarlo en nuestra página.

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