Cinque Terre

Pablo Majluf

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Periodista.

Nuevos maniquíes

Los maniquíes de la tienda israelí Renuar ya son obesos. Los modelos masculinos tienen senos y, a juzgar por su postura, también disfunción eréctil. La revista estadounidense de salud Self, acaba de publicar un número entero celebrando la obesidad. Como escribió el comentarista conservador Matt Walsh, su contenido es “prácticamente indistinguible de la sátira”. En la portada se exhibe a una mujer de unos doscientos kilos bajo el lema: “el futuro de la salud”. Al interior de sus páginas, se machaca la idea de ser “aliados de la gordura”, no sus enemigos. Por supuesto, la revista se autoproclama como “inclusiva”.

Desde hace unos años, el deporte y la moda fueron asaltados por las escuelas del resentimiento. Según éstas, la musculatura, los cuerpos esculturales, la grandeza deportiva, incluso la victoria, son valores de la hegemonía occidental, la supremacía blanca y una imposición del “patriarcado heteronormado”. Existe toda una vertiente académica dedicada a los “Fat Studies”, una rama de los “Estudios de la Discapacidad” que desarrolla conceptos como el “capacitismo”. Los Fat Studies son una rama espuria del conocimiento que reniega de la ciencia médica y tiene a la obesidad como un valor moral y el resultado de un complejo sistema de opresiones interseccionales. Fiel a su vertiente posmodernista, esta escuela antepone la experiencia personal sobre el consenso médico y asegura que los cuerpos de todos los tamaños pueden ser sanos y, por tanto, ni siquiera se ocupa de la obesidad como un problema médico.

También es cierto que buena parte del vuelco en la industria obedece más al lucro que a un compromiso con la “justicia social”; en suma, que el cambio “inclusivo” es más cínico que ideológico. La inclusión de los gordos en la publicidad de las grandes marcas deportivas y de moda es sencillamente una expansión mercadológica. Con la epidemia de obesidad en países como Estados Unidos y México, el mercado para gordos es muy lucrativo. Excluirlos simplemente es mal negocio.

No hace mucho se celebraban cualidades que sí tenían que ver con el deporte y la belleza; ahora, la tirada es vender etiquetas victimistas para todo tipo de oprimidos, aunque la evolución social las desmienta. Por ejemplo, si bien es cierto que los deportes profesionales estuvieron mucho tiempo reservados a hombres blancos, el orden liberal y su disposición intrínseca hacia el progreso, la libertad y la igualdad, fueron abriendo los espacios a todos, al grado de que las personas históricamente oprimidas como los negros y los latinos hoy en día ejercen un dominio inequívoco en algunos deportes gracias a sus capacidades físicas y atléticas: un verdadero obstáculo para los glorificadores progresistas de la gordura en el deporte.

A los escépticos se les acusa de gordofóbicos. Pero no es lo mismo discriminar a alguien por su gordura, que advertir a la gordura como un problema de salud individual y público. Más perniciosas son, en ese sentido, las campañas indiscriminadas de normalización de la obesidad, particularmente en México donde habitualmente se busca relacionar a los malos hábitos alimenticios con “nuestras tradiciones”. En ese tenor, es preferible una sociedad que, sin discriminar, condene la gordura voluntaria, y vuelva a enaltecer la salud, a una que haga apología de la gordura desde la victimización.

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