Cinque Terre

Regina Freyman

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Maestra en Letras Modernas por la Universidad Iberoamericana y profesora del ITESM, campus Toluca

Nos contaron la propaganda

“A la Verdad nada le importan nuestros deseos o

necesidades; no le importan nuestros gobiernos,

ideologías o religiones. Se queda ahí, viva

latiendo eternamente. Y esto, es al fin, el regalo

de Chernóbil”.¹

La verdad detrás de las ficciones

No es lo mismo ficción que mentira. Como buena adicta a la narrativa sé de cierto que nuestras historias nos alertan sobre el futuro, construyen mañana, nos relatan un acontecimiento doloroso para poder dar cierre y finalmente, nos invitan a reflexionar sobre la realidad. Como amante de las series de TV no pude quedar igual después de ver “Chernóbil”. Se trata de un cuento verdadero sobre la destrucción masiva de las mentiras.

Las buenas historias son en general, para observadores meticuloso, miradores de la verdad; por un segundo, como el típico turista, nos salimos de la carretera de la realidad para mirar en perspectiva un paisaje de conjunto. Uno sabe, tal como advierte el espejo retrovisor de muchos automóviles, que la pantalla hace que los objetos se vean más cerca de lo que aparecen en realidad. Asimismo, la ficción agrupa y alegoriza aquello que es elusivo al ojo desnudo.

Por ello la verdad de Chernóbil es dolorosa y actual, nos percatamos de que en la actualidad las redes de mentiras se alimentan y laten sin cerco ni procedimiento para frenarlas. “Cada mentira que contamos es una deuda con la verdad. Tarde o temprano la deuda habrá de pagarse.” Dice el protagonista de la serie quien sabe de antemano que para detener la tragedia, él, muchos hombres y mujeres más, habrán de sacrificar la vida. Valeri Alekséyevich Legásov es un personaje real, centro de la serie, estuvo a cargo del comité de investigación del accidente. Todo la trama de este lamentable suceso va develando poco a poco, el poder letal de las redes de mentiras. Consciente de que al estar cerca de la planta tras la explosión del reactor su vida había quedado condenada; al verse forzado a contar la verdad desatendiendo la ficción propagandística, es juzgado como traidor, condenado al ostracismo, para finalmente, suicidarse en 1988.

HBO

“Les contaron la propaganda”

La serie avanza entre la ambición de los personajes burocráticos y las mentiras que sirven de garrocha para escalar hacia el poder. No continuaré contando los detalles de una historia que vale la pena ver y descubrir, sólo diré que entre la verdad que se cuela de la ficción, no pude dejar de observar las similitudes con el estado de mentiras que se viven cada vez más en este país.

Siempre cabe aclarar para los lectores simplistas y los adictos al maniqueísmo, que esta condición no es exclusiva de la 4T; pero sí que es más radical. Obedece a una forma dialéctica que tras la decepción de los gobiernos liberales y la sed de ascenso al poder, ha encontrado eco, se ha convertido en la estrategia propagandística que suplanta la realidad en pro de las promesas y afirmaciones falaces para hacer creer al “pueblo bueno” que se vive el mejor de los presentes. En un episodio de “Chernóbil”, alguno de los personajes pregunta por qué Moscú no actuó a tiempo, la respuesta es demoledora, nunca supieron la verdad “Les contaron la propaganda”.

La fuerza de la propaganda

El hambre espectacular y la confusión de realidad y ficción es tan adictiva, que hoy existe tours para visitar Chernóbil, ciertamente se tratará de una aventura peligrosa. El deseo de vivir en panaceas hace de la propaganda un guionista muy socorrido y así la mente se distrae de verdades dolorosas. Sin embargo, el programa de Mañaneras de López Obrador, es más una serie de fantasía que un reporte de actividades o avances. En voz de nuestro mandatario se acomodan los hechos para dibujar sus ilusiones, un manto denso que se opone a los hechos cotidianos, cifras de un prestidigitador que aparecen y desaparecen a modo. Filias y fobias como botargas que se intercambian para sustentar el episodio del día: “Amamos el derecho a la manifestación pero no cuando es en nuestra contra”; “Somos feministas siempre y cuando no nos ensucien las paredes”; “Son bienvenidos los migrantes pero si nos comprometen los agarramos a patadas”; “Los bancos, calificadoras, y cualquier entidad financiera, miente somos ricos y todo va de maravilla, hay medicinas y vacunas, quien no coincida con esta historia es nuestro enemigo”; ”La prensa es libre pero me miran feo y eso no se vale”. El libreto de contradicciones es enorme, pero un amplio auditorio está dispuesto a creer para no pensar, para almorzar sus ilusiones hasta que la verdad reviente como el reactor nuclear de Chernóbil.

La claridad es poder

En los tres libros de Yuval Harari se adivina una misma tesis, claridad es poder, intenta saber lo más posible y ubica con claridad esos saberes, de lo contrario serás, o peor aún, seremos partes de una creciente masa manipulada, por corporaciones, partidos, gobiernos, iglesias y sus sagrados algoritmos. Harari advierte sobre la importancia de las historias, reconoce su gran utilidad para lograr la cohesión de grupos mayores de 150 personas. Nos indica que para lograr la colaboración en los grandes grupos debe imperar una narrativa común. No condena el gran talento humano para engarzar personas con un mito, sino la “radioactividad destructora” que no piensa que las consecuencias de la irrealidad deben ser frenadas cuando se expande el sufrimiento, o cuando se sustentan sobre el dolor y el abuso de los seres humanos negando la dignidad y sus derechos. Quisiera terminar esta reseña con una cita de Harari sobre vocablos malditos que nos alertan sobre una historia explosiva:

Sea el lector especialmente prudente a propósito de las cuatro palabras siguientes: sacrificio, eternidad, pureza, redención. Si oye alguno de estos términos, haga sonar la alarma. Y si resulta que vive en un país cuyo dirigente dice de forma rutinaria cosas como “Su sacrificio redimirá la pureza de nuestra nación eterna”, sepa que tiene un problema grave. 

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