Cinque Terre

Rubén Cortés

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Periodista y escritor.

No hay narcotráfico en el DF

La policía del DF tardó sólo cinco días en capturar a un implicado en el caso del colgado en Iztapalapa, con las manos amarradas a la espalda y la cara cubierta: una tipología de los Zetas hace diez años en el norte y, por eso, algunos “ven” una invasión zeta.


Resultó una detención tan rápida como las relacionadas con el caso Narvarte, cuyos tres comprometidos cayeron en 40 días… también precedidos del tufo zeta porque uno reveló estar conectado con ese cártel, aunque era mentira.


Abraham Torres Tranquilino lo dijo en un intento de provocar temor a su llegada al reclusorio y los otros presos creyesen que estaba protegido por el sanguinario cártel: la verdad es que en el DF no está instalada ninguna organización del narcotráfico.


La propia DEA (en su informe DEA-DCT-DIR-064-15) asegura que en la capital ningún grupo “controla la zona”, aunque es obvio que el narcotráfico sí es un riesgo como en cualquier ciudad del país, pero el DF no les resulta atractivo. ¿Por qué?


Porque aquí es donde la policía tiene más cámaras de seguridad instaladas (ocho mil 808), funcionan más fuerzas coercitivas (locales, federales, Estado Mayor Presidencial, las sedes de los servicios de inteligencia) y el estruendo y conmoción mediáticos (redes sociales, medios) de los hechos son más sonados.


De hecho, los delitos de alto impacto en el DF disminuyeron 12.4 por ciento en un año, siendo el robo a transportista el que más cayó, con 33.2 por ciento.


El robo a vehículo bajó en 20.2 por ciento, las lesiones por disparo 17.1, robo a transeúnte 12.3 y el secuestro cayó 8.2 por ciento.


El robo en microbús, con y sin violencia, disminuyó 1.1 por ciento; a pasajero a bordo de taxi, 7.3; a transeúnte en vía pública 11.9, el robo a negocio 5.5, el asalto a repartidor se redujo 9.2, el robo de vehículos automotores 20.2 y el hurto a transportista 32.5.


Lo que sí existe en el DF es una inquietante prosperidad del narcomenudeo, que también es controlado por bandas estructuradas y que desde la “Ley del narcomenudeo” de Felipe Calderón, en 2012, corresponde a las entidades combatirlas, pero sin ninguna aportación federal para ello.


Es alarmante, en la percepción:


—En junio pasado el dueño de un bar de la Condesa fue asesinado frente a su negocio.


—En julio ocurrió el caso Narvarte.


—En octubre apareció un colgado en Iztapalapa.


Y sí: la PGJDF detiene al menos un narcomenudista diario. Pero el problema estriba en las cantidades de droga que traen, las cuales exceden la función del propio GDF porque son 20-50 kilos de mariguana y eso ya no es narcomenudeo.


Eso es un problema de… consumo.



Este artículo fue publicado en La Razón el 26 de Octubre de 2015, agradecemos a Rubén Cortés su autorización para publicarlo en nuestra página

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