Cinque Terre

Javier Solórzano

No es de buenos y malos

Todo lo que dice el Presidente tiene un efecto expansivo. Las “mañaneras” no son sólo un eje informativo que dicta agenda, es también el espacio en el que sus furibundos seguidores interpretan al Presidente.

Nada es casual, López Obrador entiende el valor y sobre todo las repercusiones de lo que expresa. Las “mañaneras” son uno de sus espacios que le permite lanzar afirmaciones que duran al menos 24 horas.

Hemos entrado en un círculo vicioso. A veces ya no llega a importar si lo que dice el Presidente es cierto o no, el portal Animal Político ha mostrado evidencia de esto. Una de las consecuencias es que el nivel del debate se ha ido diluyendo.

Lo que gana y prevalece es el escándalo. Las mañaneras pueden terminar bajo el manto de dimes y diretes que no llevan a ningún lugar, prevalece en muchos casos la desacreditación o impugnación, independientemente de que también sean espacios de información útil sobre las actividades y programas del gobierno.

La compleja relación entre periodistas y el Presidente se han convertido en uno de los motivos de atención de las mañaneras. A López Obrador no le gusta que lo contradigan o lo impugnen, en estos días hemos visto varios pasajes de ello.

El lance que tuvo con el periodista de Univisión-Televisa ha detonado en formas y expresiones del Presidente, que tienen su dosis de maniqueísmo, están los periodistas buenos y los malos, los fifís y los prudentes, como les llamó ayer.

Esto no ayuda porque acaba confundiendo entre los ciudadanos la crítica con juicios de valor del propio Presidente, en la interpretación que hace sobre el ejercicio periodístico.

El Presidente sabe cuáles pueden ser las repercusiones que tienen sus palabras. Si se le malinterpreta, como dijo ayer, debe saber que las consecuencias, para hablar en términos beisboleros, ya están en el terreno de juego aunque cambien al pitcher. Es difícil controlar las repercusiones porque los ánimos están muy encendidos y alterados, y en buena medida hemos entrado en los terrenos en que se escucha y sobre todo se interpreta lo que conviene y no lo que necesariamente es.

Es evidente que hay una prensa que al Presidente no sólo no le gusta, sino que también la fustiga. Es paradójico que los medios con quien sostuvo largas y farragosas confrontaciones, por ejemplo Televisa, hoy no haya una sola referencia a ellos como si se hubiera cambiado la estrategia informativa, o vaya usted a saber.

Efectivamente, el Presidente no tiene por qué quedarse callado y tiene, como cualquier ciudadano, derecho de réplica. Sin embargo, está en una posición distinta y de mayor responsabilidad  que la del resto de la sociedad, su voz adquiere una dimensión totalmente diferente.

El Presidente estos días ha confrontado, a querer o no, a sus furibundos seguidores con algunos periodistas. Su “no hagan el ridículo, no menosprecien a la gente… se sigue pensando en que se debe manipular a la gente… si un periodista se excede la propia gente lo pone en su lugar”, no quedó claro si era una definición o un llamado de atención. Se está pasando por alto la esencia del ejercicio periodístico, o sea la crítica fundada y los cuestionamientos.

Los periodistas no deben ser bajo ninguna circunstancia un gremio con privilegios o algo parecido. Es un trabajo público que debe responder a la sociedad. Nuestra dinámica de vida lo ha cargado de riesgos, somos el lugar en donde es más peligroso ejercer esta profesión.

La dinámica de las mañaneras no ayuda, está llevando a momentos de encono y provocaciones que  traerán consecuencias.

Habrá que acudir al popular “serénense” y no olvidar quién es quién en sus respectivas profesiones y funciones.

RESQUICIOS.

Independientemente de los cuestionamientos técnicos y legales en contra del memorándum del Presidente, para suspender la aplicación de la ley educativa actual, dice José Ramón Cossío que es impugnable, llama la atención que la CNTE no abra puerta alguna: “el memorándum es sólo momentáneo”.


Este artículo fue publicado en La Razón el 17 de abril de 2019, agradecemos a Javier Solórzano su autorización para publicarlo en nuestra página.

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