Cinque Terre

Alejandro Colina

Analista político, escritor y psicoterapeuta.

No al muro de la xenofobia

Parece una obviedad, pero no lo es. El mal chiste se hizo realidad y por desgracia no puede rebatirse únicamente con chistes. Imposible no hacer mofa de la bufonada. Pero el payaso despachará en la Casa Blanca. El sujeto pertenece a los divertidos anales del cómic ácido. No obstante, brincó del cómic a la realidad y, ya fuera del cómic, nos hará daño de verdad. Los efectos saludables del humor negro se disolverán gracias al odio materializado en obras concretas. Abordo aquí una sola de ellas: el muro de la xenofobia.


 


El muro nos da risa a los mexicanos. Sospecho que detrás de esa risa hay mucha incredulidad. Ligeros y desprevenidos, nos hemos negado a creer que la amenaza va en serio. De buena fe dudamos que millones de norteamericanos albergaran tanta ignorancia, odio y resentimiento, pero los albergan. De modo que no existe razón para imaginar que el próximo residente de la Casa Blanca renunciará a la idea de levantar un muro en la frontera a nuestras costillas. Insisto: la idea sería risible si el demagogo no pretendiera llevarla al cabo. Pero sin duda va a intentar construir ese muro y sudará para que paguemos por él.


 


Peña Nieto ha insistido en que no puede evitar que Trump construya el muro fronterizo. Quizá no, pero puede oponerse en forma franca y directa a su construcción. Es más, no sólo puede: debe. Debe, si aún entra en sus planes representar los intereses de los mexicanos en el exterior. Ésa integra la primera postura que el Estado mexicano debe asumir: oponerse de manera resuelta a la construcción del muro de la xenofobia. Cualquier vecindad se rige por normas y acuerdos. Trump podrá construir su muro, pero no sin el repudio explícito del Estado mexicano. Hasta ahora Peña Nieto no ha expresado ese repudio que en su calidad de jefe del Estado mexicano se encuentra obligado a sostener, así que debemos obligarlo a formularlo y mantenerlo contra viento y marea. Los cálculos comerciales que animan una postura mesurada al respecto resultan errados por la sencilla razón de que la construcción del muro de la xenofobia constituirá la primera medida concreta para obstaculizar las relaciones comerciales entre ambos países. Si se pretende favorecer el libre comercio entre ambas naciones, resulta indispensable rechazar de modo categórico la edificación de ese muro. Y si rechazamos la construcción del muro, con mayor razón nos negaremos, en forma incontestable, a pagarlo. Esta negativa pareciera obvia, pero aún no lo es. Hoy mismo la secretaria de Relaciones Exteriores ha declarado que pagar el muro “no está en la visión” de México. Decir que “no está en la visión” de México deja abierta la posibilidad de que puede llegar a estarlo. Y en definitiva no puede llegar a estarlo. Buena parte de los chistes que han amenizado las redes sociales tras el triunfo del candidato republicano hacen mofa de Peña Nieto, y de todos los mexicanos, construyendo el muro. La mofa descansa en otra obviedad: contribuir a esa construcción representaría el extremo del oprobio nacional. Lo dicho: el autoescarnio da risa porque sigue alimentándose de la incredulidad. De la incredulidad, pero también de un verídico sentimiento de impotencia. El Estado mexicano no puede, sin embargo, claudicar como si no hubiera realidad fuera del cómic. Todos debemos alzar la voz para que el Estado mexicano no claudique, aunque parezca que nuestra voz no cuenta. Cuenta y, si no, debemos hacer que cuente. En esta tarea no resulta necesario renunciar al buen humor, pero el buen humor no tiene que disuadirnos de tomar con seriedad lo que, ya se vio, no constituye ningún chiste. O lo constituye, pero con la capacidad de perjudicarnos de verdad.

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