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Tere Vale

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Ni con VOX ni con el diablo

Crecí en una familia en la que se detestaba profundamente al franquismo. Cursé mis primeros años de primaria en la Academia Hispano Mexicana, escuela fundada por un grupo de españoles en el exilio con los que simpatizaban mis papás. Mis hermanos Federico, Javier y Raúl también estudiaron ahí. Ese colegio fue fundado por maestros, científicos, humanistas, matemáticos y filósofos en las difíciles condiciones del destierro; se dieron a la tarea maravillosa de educar a sus propios hijos y a muchos mexicanos que compartían sus valores republicanos y laicos. Para mi familia, el profesor Ricardo Vinós Santos, director de esta institución era un amigo, un consejero y fue una pieza importante en la formación de mis hermanos y mía.

Recuerdo esto para contextualizar el interés que siempre tuve y tengo por la vida política española. La caída de Franco, la compleja y ejemplar transición democrática de ese país, y la capacidad de sus constructores para ceder y negociar con respeto y con el propósito de liberar a una ciudadanía sometida durante décadas a la represión y al autoritarismo. Estos son temas que siempre me han interesado.

El líder de Vox, Santiago Abascal, posa para una fotografía con senadores del PAN. Foto: SENADORES DEL PAN

Al paso de los años, España, como cualquier país, ha tenido muchos altibajos, pero, desde mi punto de vista, lo mismo con gobiernos del PSOE o del PP, con grandes aciertos o graves errores siempre prevaleció por encima de todo, en ese sistema que era básicamente bipartidista, en esa monarquía parlamentaria, lo que les había costado tanto conseguir: la democracia.

Con todo y los horrores de ETA y otros movimientos terroristas y/o radicales y/o independentistas, con todo y la corrupción, de la que no se ha escapado ni la izquierda ni la derecha, ni parte de la monarquía… no es sino hasta muy recientemente que ha aparecido un partido político (con tal fuerza que le permite ser la tercera fuerza política de España) que defiende abiertamente la discriminación, el antisemitismo, la homofobia, el franquismo, la represión y por lo tanto el autoritarismo. Y ese partido es ni más ni menos que VOX, que recientemente ha sido recibido con literalmente “misas y procesiones” por una parte del PAN.

¡Que grave error! ¡Que gran regalo para López Obrador!

Pero esta historia tiene muchos recovecos y todos los involucrados tienen colas que les pisen, aquí y allá. Un poco antes del surgimiento abierto de VOX, partido que se ve como el desprendimiento de la parte más ultraconservadora del PP y que al parecer está muy ligado a personajes tan cuestionados como José María Aznar, surgió en España otro partido, primero llamado Podemos, después Unidas Podemos que, con un nombre u otro, es un partido que llamaría de ultrapopulistas de izquierda.

Esta organización encabezada hasta hace muy pocos meses por Pablo Iglesias (quien llegó a ser vicepresidente del gobierno del PSOE por obra y gracia de las locas alianzas que permitieron formar gobierno a Pedro Sánchez) está y ha estado involucrado con los gobiernos de Nicolás Maduro y con el mismísimo partido Morena.

Mucho se ha hablado de cómo la empresa encabezada por miembros de Podemos “Neurona” inyectó fondos, 308 mil 254 euros, a la campaña del presidente mexicano, según información del diario digital Confidencial, que por cierto yo leo frecuentemente. Para hablar claro, Podemos ha encabezado con algunos partidos separatistas un apoyo incondicional a Maduro y ha dicho que respalda el régimen anticonstitucional de Maduro y ha llamado “falso presidente” al entonces opositor Juan Guaidó.

Es bien conocido también el papel preponderante de Juan Carlos Monedero y del propio Pablo Iglesias, fundadores e ideólogos de Unidos Podemos, en la consolidación del régimen chavista; también, se han realizado investigaciones judiciales por un posible financiamiento ilegal del régimen de Venezuela a Podemos por 9.3 millones de euros a través de la fundación “Centro de Estudios Políticos y Sociales”.

De mas está decir que VOX y Podemos son partidos ultras, que están en los extremos opuestos y que son enemigos jurados en España. Y tan malo el pinto como el colorado.

La decisión del coordinador de los Senadores del PAN y de un grupo de legisladores de esta bancada fue un regalo inesperado para AMLO: por un lado, divide a la débil oposición; por otro, le permite asociar a los partidos no satélites de Morena (sin distingos) como fascistas, ultraconservadores y además de todo lo posibilita para defender sin decirlo a sus nefastos amigos de la ultra izquierda populista española. El deslinde del PAN de VOX llega demasiado tarde, el mal está hecho.

¿De quien fue la espantosa idea de firmar un pacto con Santiago Abascal, dueño y dirigente de este engendro racista? Seguro consejos del demonio que anda suelto.

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