Cinque Terre

Federico Cendejas Corzo

[email protected]

Maestro en Literatura Mexicana Contemporánea, académico y comunicólogo

Neruda en el agua: un acercamiento al poema “Barcarola”

El poema “Barcarola” de Pablo Neruda, publicado en su poemario Residencia en la tierra II, de 1935, presenta al lector desde el título la referencia al agua, elemento que juega un papel simbólico relevante en la construcción estética del mismo, pues es vehículo y camino de las emociones expresadas en los versos del poema.

En el texto, el agua se presenta en tres intensas expresiones: el mar, el llanto y la lluvia; cada una con una simbología distinta, pero unidas por la innegable condición líquida. Aquello que fluye, arrastra, limpia y disuelve, lo que es dinámico, inconstante y espontáneo. Además, el sonido que genera el agua y la voz que se le transfiere al líquido para decirnos respuestas que tal vez no podríamos encontrar por nosotros mismos resulta ser otro tema digno de análisis y sobre el que también se habrá de reflexionar en el presente trabajo.

Juntos, los tres elementos acuáticos del poema consolidan una expresión musical maravillosa: “si soplaras en mi corazón, cerca del mar, llorando” sopla un viento suave salido de las entrañas de la amada, en el trópico húmedo y lluvioso; cerca del mar, llorando; agua, agua por todos lados, el líquido recuerdo del amor que se disuelve en medio de las olas, las lágrimas, las gotas. Siempre el agua confusa, sin forma, sin emoción fija, un contenedor de todo y de nada, que da y que quita la vida. Pablo Neruda nos dice que la vida misma es: “como aguas vacilantes”.

En este sentido, Gaston Bachelard diría que en el imaginario colectivo, el agua como tal, es el receptáculo de la memoria y no sólo de la memoria individual, sino de la colectiva, aquella que tiene los secretos nuestros y los de todos, ese río que murmura indiscreciones y nos hace temer pero a la vez nos libera:

No puedo sentarme cerca de un río sin caer en una profunda ensoñación, sin volver a encontrarme con mi dicha. No es necesario que sea el arroyo de uno, el agua de uno. El agua anónima sabe todos mis secretos. El mismo recuerdo surge de todas las fuentes (Bachelard, 2005).

Nadar a través de la visión del agua de Pablo Neruda podría resultar en una experiencia sensitiva inigualable. Es de ese modo en que el análisis de cada uno de los elementos de agua y sus sonidos en el poema ayudan a tener un mejor acercamiento al texto del Nobel chileno.

Mar

Primero que nada, el mar como cuerpo presente en la geografía abrupta de toda América Latina se transforma en un elemento fundamental en la literatura de la región y que, aunado a las islas que forman parte de nuestro continente, el agua se torna en un fuerte símbolo de la identidad hispanoamericana, tanto de manera formal, como de manera emocional. Me refiero a que el agua no sólo está presente en nuestras vidas a través de los cuerpos naturales sino que influye de manera especial en nuestra mente y emociones.

El peculiar mar frío y abrupto de Neruda se ha posicionado en nuestra mente como un lugar enigmático, como refugio tranquilo y a su vez como un enemigo peligroso.

El océano también puede relacionarse con la incertidumbre, pues representa una fuerza ante la que el ser humano no es más que un simple grano de arena: “como un fantasma desencadenado, a la orilla del mar, llorando”. Eso es el mar, según el poeta: un fantasma desencadenado que puede hacernos el mayor bien y a su vez arrancarnos todo, incluso la vida, la mortífera fuerza disfrazada de apacibles olas, de sonidos de ensueño. Un poder sin límites que cobra mayor fuerza en medio del cobijo de la noche:

Una gota de agua poderosa basta para crear un mundo y para disolver la noche. Para soñar el poder, basta una gota imaginada de profundidad. El agua así dinamizada es un germen; otorga a la vida el ímpetu inagotable (Bachelard, 2005).

Según la idea anterior, el mar es una fuente inagotable de entusiasmo y gloria, en el que se llenan las expectativas, pero también en el que corremos el riesgo de nunca más salir.

Para el poeta, las aguas marítimas simbolizan a la madre: ser que cuida, provee de vida y encierra la difícil tarea de educarnos para la vida.

Ver el mar desde afuera representa la ensoñación y la maravilla de encontrarse frente a lo desconocido, un universo imaginado solamente se contiene en medio de aquellas barreras que no podemos traspasar. El deseo incontrolable del alma humana por adentrarse en las profundidades es también el deseo de Pablo Neruda, y más aun, el poeta chileno asume al mar como un lugar mágico en el que cada elemento conforma una parte importante de la realidad marina, como expresa en el poema:

En la estación marina
su caracol de sombra circula como un grito,
los pájaros del mar lo desestiman y huyen,
sus listas de sonido, sus lúgubres barrotes
se levantan a orillas del océano solo.

En la estrofa anterior se encuentra entero el misterio del mar indomable, un grito inenarrable, un sonido armonioso indescriptible. Las aves del mar y toda la vida que de él se sustenta es otro de los misterios que nos esconden las olas, el mar mantiene la vida y el mar la quita, una especie de criatura viva con poder sobre lo que contiene.

El mar y sus murallas  impiden a cualquiera cruzar más allá de la propia capacidad, la naturaleza del océano ha sido revelada por simple biología. Existe también una limitación imposible de quebrantar y solamente le queda el consuelo al alma humana, curiosa por naturaleza, de quedarse a sus orillas observando, mojar los pies y resignarse ante la burla ruidosa de las olas que nos llaman y nos impiden entrar. Para Pablo Neruda y también para todos aquellos que se han puesto a caminar en la orilla del mar para admirar lo magnífico de su presencia y lo insondable de su densidad, éste seguirá siendo el misterio ambivalente de la vida y la muerte, del dolor, la soledad, la resignación e impotencia y a la vez la extraordinaria belleza que llena pupilas, corazones y vivencias; la madre que cuida, mima, aconseja y educa:

Si existieras de pronto, en una costa lúgubre,
rodeada por el día muerto,
frente a una nueva noche,
llena de olas,
y soplaras en mi corazón de miedo frío,
soplaras en la sangre sola de mi corazón,
soplaras en su movimiento de paloma con llamas

Llanto

El llanto es el agua que renueva las emociones. Para dejar fluir las cascadas de los ojos hay que experimentar de antemano una emoción llevada al límite de lo sensitivo y cuyo impacto emocional es tan rudo que el cuerpo mismo se ve afectado en su estructura y debe secretar lágrimas para regular la actividad emocional y devolver el bienestar al cuerpo. Esa extraña sensación de ligereza y malestar después del llanto es claro ejemplo de su función vital.

Llorar es redefinirse y trazar un nuevo destino. En el texto podemos observar:

si soplaras en mi corazón, cerca del mar, llorando,
sonaría con un ruido oscuro, con sonido de ruedas de tren con sueño,
como aguas vacilantes

El llanto y el corazón están directamente relacionados, sin corazón no habría llanto. Las emociones son líquidas, son de agua como nosotros mismos, se mueven y fluyen y cambian y crecen. El llanto es el agua vacilante de la existencia, una cascada que permitirá levantarse de nuevo:

[…] el agua es también un tipo de destino, ya no solamente el vano destino de las imágenes huidizas, el vano destino de un sueño que no se consuma, sino un destino esencial que sin cesar transforma la sustancia del ser (Bachelard, 2005).

Las lágrimas son una barrera, una línea que hay que cruzar para poder crecer y madurar, dejar el pasado y tomar una ruta novedosa en la vida, el destino nuevo que se nos presenta como menciona Bachelard en su estudio, la sustancia misma del ser. Cabe entonces hacer la comparación metafórica en la que el llanto es la sustancia del alma que sale del cuerpo para barrer con lo sucio y limpiar el interior contaminado:

llamaría como un tubo lleno de viento o llanto,
o una botella echando espanto a borbotones.

El llanto y el viento tienen en común esa función renovadora, el viento sopla y arrasa con lo que debe ser desechado y desaparecido, así las lágrimas se llevan lo que ya no sirve en nuestra vida y permiten que se mire con ojos nuevos.

Lluvia

El agua siempre tendrá esta esencia simbólica ambivalente de la vida y la muerte, pues es el elemento fundamental que sustenta a todo ser viviente que habita este mundo y también es el fatal verdugo de esa vida que provee. No podemos vivir sin agua y podemos morir a causa de ella. La vida y la muerte son temas básicos en la literatura y en la obra de todo poeta. Si no fuera así, ¿qué sentido tendría hacer poesía? Ésa es la naturaleza incomprensible del agua: “la pena del agua es infinita” (Bachelard, 2005), y su alegría, también.

En el poema “Barcarola” la lluvia aparece solamente en una ocasión, sin embargo es una de las estrofas con mayor contenido semiótico, sensitivo y literario:

Así es, y los relámpagos cubrirían tus trenzas
y la lluvia entraría por tus ojos abiertos
a preparar el llanto que sordamente encierras,
y las alas negras del mar girarían en torno
de ti, con grandes garras, y graznidos, y vuelos.

Claramente observamos que el poeta compara a la lluvia con el llanto. Por supuesto que son similares. De hecho, desde una visión simbólica, tienen la misma función renovadora, la lluvia limpia y hace crecer la vida en la tierra, permite que el ciclo comience de nuevo:

[…] el agua hincha los gérmenes y hace surgir las fuentes. El agua es una materia que por todas partes vemos nacer y crecer. La fuente es un nacimiento irresistible, un nacimiento continuo (Bachelard, 2005).

Ese continuo vivir y renacer de la naturaleza es lo que el llanto permite que hagamos como función en nosotros mismos. Podemos concluir, entonces, que el llanto y la lluvia (el primero en el interior del alma y la segunda en el mundo exterior) limpian, renuevan y permiten que se haga un nuevo camino.

Ahora bien, la lluvia tiene un significado que le otorga un matiz especial y distinto al llanto. Son las gotas de agua celeste las que permiten la vida en la tierra y, a pesar de que el agua es vida y muerte, la lluvia se relaciona especialmente con la vida. Hace germinar las semillas, acaudala los ríos y su ausencia siempre es una señal de desastre e intranquilidad.

Terminar con la sequedad de la tierra con la lluvia atmosférica es lo mismo que terminar con la sequedad y dureza interior. La lluvia permite que la vida continúe, se perpetúe y vuelva a iniciar el ciclo; es transformarse y seguir, eso representa la lluvia en el poema de Neruda.

El agua y sus sonidos

Los sonidos del agua apaciguan ímpetus, o por lo menos esa idea es la que se ha sostenido a lo largo del tiempo en el imaginario colectivo. Escuchar los ríos, el mar o el chapuzón de un cuerpo entrando al agua, recuerda que ese mundo que nos rodea permite ir construyendo nuestra conciencia afectiva, es decir, las emociones que experimentamos se ven atravesadas por el espacio y, especialmente, por lugares de agua.

Esas resonancias del agua también son importantes para Neruda en su poema de la “Barcarola”, pues son la manera que tienen el mar, el llanto y la lluvia de comunicarse con nosotros, es decir, esos sonidos que produce el agua son su voz:

Como ausencia extendida, como campana súbita,
el mar reparte el sonido del corazón,
lloviendo, atardeciendo, en una costa sola:
la noche cae sin duda,
y su lúgubre azul de estandarte en naufragio
se puebla de planetas de plata enronquecida.
Y suena el corazón como un caracol agrio,
llama, oh mar, oh lamento, oh derretido espanto
esparcido en desgracias y olas desvencijadas:
de lo sonoro el mar acusa
sus sombras recostadas, sus amapolas verdes.

Una campana, el sonido del corazón, un caracol, un lamento, un espanto, una voz que murmura y acusa, a todo eso suena el mar, el agua. Entonces el agua es un elemento vivo que puede comunicarse con los humanos y decirle cosas, por lo menos de manera simbólica, diría Bachelard:

[…] las voces del agua son apenas metafóricas, el lenguaje de las aguas es una realidad poética directa, los arroyos y los ríos sonorizan con una extraña fidelidad los paisajes mudos, las aguas ruidosas enseñan a cantar a los pájaros y a los hombres, a hablar, a repetir y que hay continuidad, en suma, entre la palabra del agua y la palabra humana (Bachelard: 2005).

Reforzando la idea anterior, el sonido acuático es la motivación que estimula la generación de las palabras que ponemos en boca del mar y es por eso que puede ser voz de tantas situaciones, un sonido de lo bueno y lo malo; uno real o imaginado; una verdad o una mentira.

Conclusión

El agua en el poema “Barcarola” es una metáfora de la vida misma y también un símil de la condición humana. Las expresiones del agua en el poema son símbolos de la vida y la muerte. La vida está llena de tempestades y también de aguas tranquilas, lo que es cierto es que fluye, es dinámica e indomable en su totalidad.

El mar, con su magnífico e insondable misterio, representa los anhelos incumplidos del alma y la sed que jamás será saciada de llegar a la verdad absoluta. También es una madre que ama, guía y educa.

El llanto, que con su fuerza renovadora permite borrar el pasado y continuar la vida, quizás con nostalgia, quizás sin ella.

La lluvia que limpia el panorama y permite renacer y vivir, enmendar el error y caminar para trazar un sendero nuevo, repetir el ciclo vital que nos perpetúa.

Los sonidos del agua son la voz de una naturaleza oculta en nuestro propio interior, una conciencia natural que sólo motiva el hallazgo de respuestas que no habríamos encontrado lejos de la paz y las palabras del agua.

Bibliografía

Bachelard, G. (2005) El agua y los sueños. Edición conmemorativa de 70 aniversario. México: Fondo de Cultura Económica.

Neruda, P. (2010) “Barcarola” en Antología general. Edición conmemorativa. Madrid: Alfaguara-Asociación de Academias de la Lengua Española.

Login

Welcome! Login in to your account

Remember me Lost your password?

Lost Password