Cinque Terre

Luis de la Barreda Solórzano

Neoinquisidores

— ¡Oiga, hijo’e puta!, ¿le cargo sus maletas?— me dijo un muchachito cuando me dirigía a la estación de ferrocarril para regresar a México, después de permanecer una semana en Alvarado, Veracruz, haciendo apuntes y grabaciones para mi siguiente libro.

¡El hijo’e puta era yo! ¡Qué les parece? ¡Jalo!, le hubiera respondido en otra ocasión, pero con siete días allá se acostumbra uno a eso, de modo que ya no podía tomar a mal las palabras del chamaquillo. Al contrario, le agradecí su ofrecimiento y la confianza de tratarme igual que a los demás habitantes de ese paraíso.

Ésas son las primeras líneas de Nueva picardía mexicana, uno de los libros con más ediciones en nuestra lengua, éxito similar al de su antecesor, Picardía mexicana, ambos de Armando Jiménez. El autor muestra en esa escena cómo en ciertas regiones la expresión hijo’e puta no es una injuria por la sencilla razón de que se utiliza sin ánimo de ofender.

El futbolista uruguayo Edinson Cavani, del Manchester United, ha sido sancionado por la Federación de Futbol inglesa con tres partidos de suspensión y una multa de 100,000 libras —¡más de dos millones setecientos mil pesos mexicanos!— con motivo de que en Twitter respondió a la felicitación de un amigo suyo por la última victoria de su equipo con las siguientes palabras: “Gracias, negrito”. La Federación inglesa estimó que la palabra negrito tenía una connotación racista sin atender a la explicación de la Academia Argentina de Letras, que señaló que en el español rioplatense las voces negro y negrito poseen un sentido afectivo exento de cualquier matiz discriminador o racista. Lo sabe cualquiera que haya oído salsa, ritmo en el que esos vocablos se emplean en contextos cariñosos.

Entre nosotros, una de las canciones más populares es el Son de la negra, de dominio público, incluido por el compositor jalisciense Blas Galindo en su obra para orquesta de cámara Sones de mariachi. En esa pieza un enamorado se dirige a su amada en los siguientes términos: Negrita de mis pesares, / ojos de papel volando, / a todos diles que sí, / pero no les digas cuándo. / Así me dijiste a mí, / por eso vivo penando. Y en la canción Negra consentida, de Joaquín Pardavé, es claro el espíritu amoroso con que el autor se dirige a su musa: Negra, / negra consentida, / negra de mi vida, / ¿quién te quiere a ti? Los ejemplos podrían multiplicarse en decenas de canciones y poemas.

Un insulto requiere del propósito de ofender, el animus injuriandi. No hay mexicano que no haya escuchado pláticas en las que los conversadores se llaman entre sí güey o cabrón sin que exista en ninguno de ellos la menor intención ofensiva. La sanción a Edinson Cavani, además de sumamente injusta, es verdaderamente grotesca. Él no hizo sino responder a la felicitación de un amigo en forma afectuosa.

El lenguaje políticamente correcto se ha vuelto en muchos casos contra el arte, la cultura y la historia. El gobierno de Quebec ha dispuesto desaparecer la palabra negro del nombre de 11 lugares, entre ellos el Río Negro y el Lago

Ti-Negro. En algunas escuelas de Estados Unidos ha dejado de recomendarse la lectura de Las aventuras de Huckleberry Finn, de Mark Twain, porque el esclavo prófugo, Jim, a quien el autor caracteriza como un hombre noble y valiente, es llamado negro.

En los museos holandeses se han alterado los títulos de obras para que no incluyan la palabra negro. La Universidad de Ottawa suspendió y varios profesores y políticos fustigaron a la profesora Verushka Lieutenant-Duval porque, al explicar que ciertos vocablos originariamente injuriosos han sido asumidos por la comunidad injuriada para cambiarles su sentido, ejemplificó con la palabra nigger.

Esta nueva inquisición no sólo ejerce su jurisdicción sobre el lenguaje. La bellísima actriz Anne Hathaway se sintió obligada a pedir perdón porque su personaje en la película Las brujas, que es malvado, tiene manos con tres dedos, ¡lo cual, según los neoinquisidores, insinúa que los discapacitados son malos!

La beatería biempensante, la obsesión persecutoria, el afán censor y la intolerancia farisaica de esos inquisidores contemporáneos alimentan el retorno a la caza de brujas medievales. Ya no se condena a los réprobos a la hoguera, pero sí a censuras y sanciones inadmisibles en sociedades democráticas y laicas.


Este artículo fue publicado en Excélsior el 07 de enero de 2021. Agradecemos a Luis de la Barreda Solórzano su autorización para publicarlo en nuestra página.

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