Cinque Terre

Julián Andrade

Escritor y periodista.

Las navidades: La última vez que conversé con Claus

La última vez que vi a Santa Claus, el verdadero, fue a finales de los años setenta. Me espantó porque sabía demasiado, usaba lentes y acaso había entrado por la chimenea de la casa de Coyoacán. Tenía una idea de los estropicios que uno comete estando en la escuela primaria e inclusive sabía de complicidades indescifrables con amigos y primos.

Soltó un par de amenazas algo veladas, y dijo que era la última vez que su generosidad no sería matizada y que la absolución solo se debía a la confianza en los próximos meses que, decía él, tendrían que ser de trabajo duro y buenas calificaciones.

Dos cosas ocurrieron tiempo después: Supe que aquel Santa era en realidad mi tío Joaquín y los exámenes escolares transcurrieron como de costumbre, en ese filo inquietante que hace de la infancia un periodo mágico e inolvidable.

También entendí, la reticencia de mi padre para esas historias, las que provenían de una infancia pobre, en la que no importaba lo bueno que fuera el comportamiento, porque ni el hombre del traje rojo, ni los Reyes Magos, eran capaces de otorgar los presentes solicitados. Sí, mi abuela hacía todo lo que podía, que era mucho, más que cualquier mago o santo, pero eso se aprende con el paso de los años y el correr de la vida.

Como suele pasar, los poderes de Santa se evaporan cuando uno deja de creer en él. La despedida es dura, porque se rompe con un periodo, con un mundo de certezas y se entra al torbellino de lo incierto.

Los regalos siguieron llegando, pero ya no venían de poderes incomprensibles, sino de las premuras familiares, sus auges y sus periodos complicados y hasta difíciles.

La cena, la conversación y el brindis, emergieron como ese milagro cotidiano que, por recurrente, a veces perdemos de vista.

Pero es justo ahí donde uno comprende la importancia de las navidades y su sentido profundo, de acompañamiento y de solidaridad, sea religioso o inclusive pagano. Es ahí donde la magia se recobra, permanece y adquiere toda su riqueza.

Justo es eso, la Navidad es familia, desde su perspectiva religiosa, pero también en los pliegues de su celebración mundana y hasta escéptica.

El diario The Sun publicó el 21 de septiembre de 1897 un editorial para responder a Virginia O’ Hanlon, una niña de ocho años que exigía respuestas sobre la existencia de Santa Claus.

El editor Francis P. Church escribió: “ Sí, Virginia, hay un Papá Noel. Él existe en el amor, la generosidad y la devoción, lo que da alegría y belleza a la vida. ¡Ay! Qué triste sería el mundo si no hubiera Santa Claus. Sería tan triste como si no hubiera Virginias: No habría fe infantil, ni poesía para hacer tolerable la existencia.”

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