Cinque Terre

Ricardo Becerra Laguna

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Economista. Fue subsecretario de Desarrollo Económico de la Ciudad de México. Comisionado para la Reconstrucción de la Ciudad luego de los sismos de 2017. Presidente del Instituto para la Transición Democrática.

Nada más nos quedan diez

Ayer, el Presidente de los Estados Unidos nos volvió a jugar otra mala pasada. Sin dar demasiado importancia al acuerdo migratorio que logró birlar a la cancillería mexicana hace poco más de un mes, Donald Trump emitió una orden gubernamental que entra en vigor hoy mismo. Resulta que los solicitantes que transiten por otro país antes de pisar suelo estadounidense, ya no tendrán opción de pedir protección allá, en E.U. En otras palabras: “Si pisaste México (la gran mayoría) debiste haberle pedido asilo a México. Y si no lo hiciste, problema tuyo, porque es una nueva condición administrativa que imponemos. Saludos”.

Como siempre los argumentos de Trump son del más crudo interés nacionalista (tal y como el mismo lo entiende). A los solicitantes de asilo que “no buscaron protección urgente en el primer país disponible”, no les creemos su urgencia, arguyen. A los migrantes económicos que “carecen de un temor legítimo de persecución”, pues no necesitan ayuda humanitaria y el suyo es un lío de otro tipo, pero no urgente. Y si tu caso emana de las redes de organizaciones criminales transnacionales, traficantes y contrabandistas “que explotan el generoso sistema norteamericano para obtener ganancias”, también quedarás excluido, precisamente por eso: a querer o no formas parte de una trama criminal.

El gran truco judicial está aquí: los países donde tus pies deben pisar, son los responsables de alojarte y de mantenerte aunque tu objetivo sea llegar a los Estados Unidos. La carga de la oleada migratoria la pagará “el tercer país” cuya única peculiaridad es la desventura de ubicarse geográficamente entre la nación de origen y el imperio norteamericano. Una monumental torcedura del derecho para desentenderse y arrojar las responsabilidades de un fenómeno mundial y multilateral, en un solo, tercer país.

FOTO: ISABEL MATEOS /CUARTOSCURO.COM

De este modo Trump condena a México por partida triple: 1) ya nos obligó a movilizar nuestra propia policía y tropas para realizar la más grande y deshonrosa barrera anti-inmigrante en la frontera sur; 2) sin chistar, el país quedó sometido a un régimen de “evaluación” de buen comportamiento y buen trabajo anti-inmigratorio (bajo no se sabe que parámetros) y de parte de otro gobierno: el de los Estados Unidos, y 3) ahora, sin decir agua va, el mismo gobierno con el que pactamos esas dos penosas cláusulas, emite una disposición que nos convierte en único responsable no solo de hecho, sino de derecho, de los migrantes que abandonen su país y que se vean obligados a cruzar por México.

A juzgar por los datos, el gobierno mexicano ha cumplido su palabra, así sea a costa de distraer miles y miles de efectivos de la Guardia Nacional quienes, en condiciones normales, deberían estar ocupados en la (esa sí) urgente tarea nacional de combatir la delincuencia y la violencia.

Juzguen ustedes mismos: México recibió 19 mil 911 migrantes desde EU de febrero a julio (ojo, acá retenemos los que quieren estar allá); capturamos otros 29 mil 153 en nuestro territorio, es decir, mil detenidos diarios y deportamos 21 mil 912 migrantes a sus países (ver Reforma https://tinyurl.com/y6kg9aee). ¡Gran trabajo! Diría el vecino del norte, pero ni con estas cifras estamos seguros de ganar su aquiescencia. Por el contrario, nos asesta una orden presidencial que nos convierte –a ojos del derecho estadounidense- en “tercer país seguro”. ¿Qué vamos a hacer?

En primer lugar ¿cómo salir del pasmo? Pues nos han dado una nueva bofetada diplomática ¡ignorando el ultimátum impuesto por ellos mismos! Y en segundo lugar porque el famoso plazo fatal, vence en la siguiente semana, a la vuelta de los siguientes diez días.

Creo que es pertinente subrayar aquí las siete acciones que “Pensando en México”, propuso la semana pasada, al Senado de la República (es un texto interesante y puede verse aquí: https://tinyurl.com/yylesshc).

1) Convocar a la voz y la experiencia de nuestro servicio exterior –en activo o no- y de especialistas nacionales y de los Estados Unidos, seguir sus recomendaciones para generar nuevas condiciones de opinión pública aquí y allá. No aprovechar el conocimiento de uno de los cuerpos profesionales más importantes de nuestro país es un desperdicio imperdonable. Y debería entenderse como una manera de apoyar a la Cancillería, no competir con ella.

2) Integrar un grupo técnico –comandado por las Secretarías de Gobernación, de Relaciones Exteriores, de Economía y el Senado de la República, el cual evalúe el derecho internacional para poner en marcha las acciones legítimas –humanitarias, diplomáticas, comerciales, aduanales, etcétera- en caso –muy probable- de que sea necesaria una respuesta al gobierno estadounidense.

3) Presentar ante Naciones Unidas un plan multilateral, con participación de esa organización, para garantizar el trato humanitario a los migrantes, especialmente su seguridad y su salud;

4) Convocar –a través del Senado- a una reunión extraordinaria de Congresos Centroamericanos, de México, Guatemala, Honduras y El Salvador para evaluar problemáticas, soluciones y necesidades multilaterales.

5) Crear un grupo de trabajo para la implementación inmediata de la propuesta de la CEPAL para el desarrollo económico y social de la región, ahora también buscando la participación de los EU.

6) Convocar –a través del Senado- Realizar a una reunión entre gobernadores de estados fronterizos en México –lo mismo al norte que en el sur- pues al final, serán ellos quienes enfrenarán con mayor crudeza e intensidad las consecuencias del acuerdo. (o del desacuerdo).

7) Sin complejos de ningún tipo, emprender una política con los mexicanos radicados en EU y sectores de aquella sociedad que son nuestros naturales aliados. La política de “no intervención” es un atavismo en una relación binacional tan estrechamente vinculada.

Y concluyen: “Existen más iniciativas posibles, pero éstas resumen bien el carácter, la importancia y la urgencia de construir una respuesta a una de las políticas más hostiles que ha debido enfrentar nuestro país en muchos años. La unidad y el consenso nacional son necesarios, pero se forjan a partir de la experiencia disponible, el conocimiento, el diálogo abierto y la política democrática. Una respuesta nacional, antes de los siguientes 20 días”.

Ahora ya nada más nos quedan 10.

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