Cinque Terre

Juan Carlos Servín Morales

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¿“Mueeerra el (capitalismo) neoliberalismo”? (Lenin en su versión 2.0* o México en su versión 4T)

“Lo mejor es lo peor que se va a poner”, dicen en Tabasco

La “Cuatro Te” sigue desatada. Se supera día con día, no descansa ni en fin de semana y se esmera, le echa “ganitas”… pero en demostrarnos una y otra vez que las peores expectativas sobre sí tienen razones de sobra para persistir.

Como usted sabe, hace no mucho el presidente López Obrador aprovechó su púlpito palaciego para darle los santos oleos al “neoliberalismo”. Declaró abolido desde ya el “modelo neoliberal y su política económica de pillaje”. Dicen en las “benditas redes” que fue tanto el júbilo del mandatario que hasta lo festejó cenando en casa de un reconocido empresario (el capítulo Kushner-Gómez). ¡Ay esas redes tan socarronas!

El hecho trajo consigo los consabidos debates públicos entre simpatizantes y críticos del régimen. Del lado racional, evidentemente, han estado las opiniones mejor informadas, a cuyas manos -no invisibles- fenece estrepitosamente la posverdad oficialista. En este tema, señoras y señores, las plumas liberales -no dije neoliberales eh- han vuelto a ganar el debate. La razón les asiste, punto.

El presidente identifica a eso que se ha denominado en México y otros países como “el modelo neoliberal” -y ciertamente no pocos de sus publirrelacionistas más entusiastas han “vendido” como tal a nuestro modelo “tropicalizado”- al padre de todos los males en las últimas décadas. Él quiere volver al “edén subvertido” del tristemente célebre estatismo echeverrista (al agüita de jamaica y a las guayaberas, lo que está plenamente documentado). Ok, López Obrador puede estar diagnosticando medianamente bien pero la receta que nos pretende aplicar es un refrito que ya fracasó, completamente.

Sí, desde los sexenios de Miguel de la Madrid Hurtado (1982-1988) y Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) se optó por dejar atrás al fallido Estado obeso, ineficiente e ineficaz, y por “liberalizar” la economía. Fue la salida política a la crisis económica de aquellos ayeres. Se dice que no había de otra. Varios compartimos la opinión de que aquella salida fue una solución parcial que trajo consigo efectos muy positivos: finanzas públicas estables, apertura comercial, reducción de la inflación, etcétera.

FOTO: CUARTOSCURO.COM

No por ello somos indiferentes ante el hecho de que el “neoliberalismo” a la mexicana ha venido siendo un liberalismo minimizado, acotado, corrompido; una especie de emulsión híbrida inacabada, contradictoria, con fuertes componentes antiliberales. Hemos padecido en buena medida un “capitalismo cuatista”, contrario a la democracia liberal; un liberalismo tergiversado y, por ello mismo, una fórmula incapaz de abatir la extrema desigualdad y mucho menos de llevarnos a la prosperidad que nos integre al concierto de las potencias mundiales en crecimiento, desarrollo humano y libertades…

Ahora bien, ¿realmente López Obrador abolirá el tan citado y mentado “modelo”?, ¿lo bueno y lo malo del mismo?, ¿sólo lo bueno? o ¿sólo lo malo? Critica lo más liberal -y loable- del “modelo” pero lo auspicia: v. g. el nuevo tratado comercial con los Estados Unidos y Canadá. Critica los vicios del “capitalismo de cuates” y del fetichismo por el mercado pero ¡también los alienta!: para muestra baste recordar las recientes asignaciones directas de contratos, la eliminación de programas sociales fundamentales, la conformación de un consejo empresarial consultivo en el que confluyen varios de los beneficiarios del “neoliberalismo” y la feroz lucha por capturar o eliminar organismos reguladores.

Carlos Elizondo Mayer Serra y Luis de la Calle, por citar a un par de prestigiados analistas, han demostrado que el “neoliberalismo” abolido por López “goza de cabal salud”. De la Calle (El Universal, 27/III/19) desarma la farsa con una tabla muy didáctica en la que puntualmente se aprecia que la política económica del presente gobierno tiene una congruencia de 8.5 sobre 10 puntos posibles con el “Consenso de Washington”. Contundente.

Entonces, qué busca abolir realmente el Presidente de la República, más allá de lo que anuncie en sus conferencias matutinas y en su narrativa cotidiana. ¿Será acaso la democracia liberal? Cuando él y sus voceros descalifican a la prensa, defienden la militarización de la seguridad pública, castigan el presupuesto de los organismos públicos autónomos, reniegan de los contrapesos, someten a los demás poderes, maltratan a los gobernadores, desdeñan a la oposición, persiguen a intelectuales que les son adversos, insultan a la “sociedad civil” o manipulan mecanismos de participación ciudadana, cuando toda esa andanada iliberal se agolpa es cuando quedan documentadas las ulteriores interpretaciones que anticipan una restauración de la presidencia imperial. Sí, es muy preocupante.

¿Cuál será el legado de la 4T? ¿El zeitgeist (el carácter general del régimen, Pablo Majluf dixit) logrará trasminarse en la totalidad del Estado mexicano? ¿La república resistirá los embates populistas?¿La llamada “sociedad civil” estará a la altura del reto? ¿Renacerán las oposiciones partidistas? A cuatro meses de iniciado el sexenio estas y otras preguntas se agolpan. Sumado a ello, las primeras cifras referentes al pronóstico de crecimiento económico (a la baja) y el clima de la violencia (al alza), generan mayor incertidumbre. ¿Vendrá una decepción generalizada?

Es altamente probable que la imagen presidencial se vaya deteriorando. Que nadie se distraiga con los “espejitos” de la conquista, las galletas Oreo de Jesusa u otras tantas anécdotas kafkianas intrascendentes frente a lo sustancial. Si hoy no se defienden los logros alcanzados tras más de 40 años de transición a la democracia, 2021 o 2024 podrían significar la consolidación -“arriba y adelante”- de la nueva hegemonía “tetratransformacionista”. El futuro está en vilo. Y ese futuro no debe ser un pasado que ya superamos.

*anécdota no apta para quienes no compartan la condición de “chavo-ruco” ochentero.

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