Cinque Terre

José Ramón López Rubí Calderón

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Politólogo, editor y consultor.

Morena y las opciones de Monreal y Ebrard

Salida, voz y lealtad es un libro clave de un pensador clave, Albert Hirschman, a quien hoy se debería leer más. Ahí se elabora sobre dos conceptos, relacionados con observaciones, la salida y la voz, como mecanismos de reparación de fallas en organismos sociales, públicos y privados, políticos y económicos. Hirschman los compara, estudia su interacción y llega a conclusiones. Sumados a la lealtad y la amenaza, esos conceptos-mecanismos dan pie a muchos tipos y combinaciones posibles. 

Las opciones hirschmanianas de “respuestas al deterioro de empresas, organizaciones y Estados” –el subtítulo en español del libro- son la lealtad, la salida y la voz. La lealtad es, básicamente, no renunciar al organismo de que se trate; la voz no es la renuncia sino la denuncia, la crítica, la protesta; la salida es la renuncia, el abandono, la defección, y puede relacionarse con la deslealtad, que no necesariamente es mala o buena. Las opciones no siempre se presentan de forma lineal (Lealtad-Voz-Salida), pero puede ocurrir una secuencia que se aproxime a esa línea perfecta; así, también puede iniciarse un encadenamiento e interrumpirse (L-V-noS), dos opciones pueden ejercitarse simultáneamente (L+V, criticar sin romper, o V+S, salir criticando) o se puede llegar a la renuncia sin pasar por la denuncia, caso en el que quien era leal deja de serlo, no levanta la voz, generalmente por temor, y en cuanto puede se va (lo que se verifica en sistemas totalitarios, por ejemplo). Las combinaciones pueden conducir a la mejora organizacional o no. 

FOTO: MARIO JASSO/CUARTOSCURO.COM

El obradorismo es un movimiento que ha deteriorado más al Estado y al régimen político mexicanos y Morena es una organización que empieza a deteriorarse, en alguna medida, frente al proceso de sucesión presidencial de 2024. Se dice –con razón, aunque no siempre con suficiente precisión- que Morena es un nuevo PRI pero no lo es porque ya sea hegemónica –ni porque sean partidos absolutamente idénticos- sino porque quiere la hegemonía y la intenta con recursos humanos y prácticos priistas. Y puede tener éxito en el intento, aunque no es seguro. Esa posibilidad (y que algunos crean que ya es partido hegemónico o que es inevitable que lo sea) causa que se conserven lealtades existentes y se adquieran nuevas entre la clase política nacional, pero no significa que la única opción en Morena sea la lealtad. La voz y la salida también lo son. No son las opciones para todos los políticos morenistas, no lo son para Adán Augusto López y Claudia Sheinbaum, los favoritos del presidente López Obrador, jefe nato de Morena. Son opciones, destacadamente, de Ricardo Monreal y Marcelo Ebrard. 

En Morena la lealtad a López Obrador es absoluta, o casi. No así la lealtad entre sus precandidatos presidenciales, ni la lealtad de los dirigentes hacia sus militantes. La voz o crítica intrapartidista sigue los mismos caminos: nadie, nunca, critica al presidente, al presidente de la república que es el presidente informal de Morena, como se confirmó al decidir y anunciar él quiénes serían los únicos precandidatos y con qué método –formal y aparente- se escogería al candidato o candidata; la crítica interna que existe es la crítica entre cuadros del segundo escalón y hacia abajo, directa o a través de terceros mediáticos, y la crítica de grupos de militantes contra dirigentes. Los casos de salida son mínimos. La opción mayoritaria dentro de Morena sigue siendo la lealtad, la lealtad acrítica con el presidente y la lealtad a la organización con poca crítica. Sin embargo, conforme se acerca la sucesión presidencial crecen las opciones de voz y salida. Para los no favoritos. Una voz más fuerte o dura, y progresivamente antipresidencialista o hasta antiAMLO; una salida como escisión, la salida de uno, dos o más grupos políticos de Morena –al tomar el líder grupal la decisión de competir con el candidato/a presidencial.

La línea de voz aumentada y salida del partido parece casi segura como ruta de Ricardo Monreal. Lo que es seguro es que en 2024 no será presidente de México por Morena, es decir, López Obrador no quiere que lo sea y no lo escogerá como candidato. Puede ser también el paquete de opciones de Ebrard, a quien en efecto veo en tercer lugar en las preferencias de AMLO. El canciller es superior a Sheinbaum y al secretario de Gobernación pero no lo es en el ánimo de su jefe. En ese sentido ni Monreal ni Ebrard son diferentes a Esteban Moctezuma; la diferencia entre ellos es que Moctezuma está resignado a no ser candidato presidencial ni presidente de México –su futuro está cubierto por el oligarca Salinas Pliego-, en tanto que Ebrard y Monreal no han llegado ni llegarán a una de las resignaciones: pueden resignarse a no recibir la candidatura morenista pero no se resignarán a no alcanzar la presidencia. Intentarán ser candidatos y presidentes en 2024, o quizá en 2030, pero nada indica que puedan serlo por Morena, ni en un año ni en el otro. Hoy todo indica que Monreal no tiene ni probabilidad ni posibilidad de serlo, Ebrard acaso tiene posibilidad pero con probabilidades muy bajas. Dante Delgado y Movimiento Ciudadano lo saben. 

FOTO: GALO CAÑAS/CUARTOSCURO.COM

Suponiendo que Sheinbaum gane la elección o que por una cadena de desgracias la candidatura no sea de ella sino de “Adán” y él gane la elección, es improbable que Monreal o Ebrard sobrevivan en el gabinete o en la cabeza del Congreso para amarrar la candidatura siguiente. Es improbable y se antoja imposible. Aun si uno de los dos favoritos de AMLO ganara con poco margen, tuvieran un árido panorama legislativo e hicieran una alianza con Ebrard y Monreal, intentarían eventualmente deshacerse de ellos para su sucesión. Por eso, para ambos, desde hace unos días, no tiene sentido racional la lealtad absoluta y continuada al presidente y su partido.  

Reitero: Monreal y Ebrard han sido muy leales a López Obrador, menos leales a Morena por estar ahí sus rivales aspiracionales, Monreal ha usado un poco la voz y empieza a levantarla (Gibrán Ramírez es parte de la jugada; vemos la unión de un personaje político menor con un personaje político mayor en una alianza de marginados), Ebrard prácticamente no ha usado ni levantado la voz pero más o menos pronto tendría que hacerlo, ambos pueden salir de Morena, y es probable que lo hagan. Más de una cosa puede cambiar en la configuración política actual pero mientras Claudia Sheinbaum y Adán Augusto López estén arriba del escenario ningún cambio da el mejor resultado para Monreal y Ebrard. 

Respecto a AMLO, Morena ha sido y sigue siendo una confederación de abyectos. No obstante, bajo circunstancias adecuadas, Marcelo Ebrard y/o Ricardo Monreal podrían terminar ayudando a sus carreras y al mismo tiempo a la democracia contra un proyecto hegemonista. Es una opción fuera de Morena. 

Extra. La muerte es una variable política del mundo real. Muerte por causas enteramente naturales/físicas o por causas en parte políticas y en parte naturales. No estoy prediciendo nada ni recomendando nada, no estoy diciendo “va a pasar” ni “hagan eso”. Solamente señalo la realidad política histórica. Ningún analista verdadero puede descartar la posibilidad de la muerte política bajo ciertas condiciones. Si éstas se completaran y ocurriera un asesinato de precandidatos o candidatos presidenciales, como en 1994 y otros años, la correlación de opciones descrita se alteraría.  

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