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Modelos colosales en el Times Square y Victoria’s Secret

En estos días, como ha sucedido desde hace al menos cinco años, hubo un estallido de alegría en las redes sociales estadounidenses y mexicanas: entre una mezcla de autopromoción y protesta, en Nueva York, un grupo de modelos de talla grande y extra grande exigieron a Victoria’s Secret respeto a la diversidad y, en consecuencia, que ya no acuda al molde del cuerpo de ángel y permita que esas modelos sean también referente para mujeres con esas medidas.

El respeto a la diversidad es, o en mi opinión debiera ser, una práctica cotidiana respaldada por la ley, vamos, una cultura democrática. Junto con ello estoy convencido de que las marcas tienen la completa libertad de dirigirse al mercado que quieran y, en el marco de ese respeto a la diversidad, también alternativas para quienes no gustan de las grandes dimensiones y ahí centren sus esfuerzos. Además, no podemos si gozamos de un sano juicio, exigir que desaparezcan las empresas que confeccionan lencería de tamaño colosal porque están promoviendo la falta de hábitos alimenticios, la indisciplina personal y la diabetes; no, éstas tienen derecho a ofrecer tangas del tamaño de una colcha para bebé de la misma manera en que otros tenemos derecho a consumir aquellas que sean aún más breves que este párrafo.

No podemos obligar a que la empresa Sabritas ofrezca productos para la salud o las tabacaleras amplíen su oferta para promover el deporte, otro asunto es que el estado fije tasas impositivas para canalizar recursos a las política públicas que atienden esos rubros. En ese marco podemos o no aplaudir la delgadez o la obesidad sin dejar de advertir que forman zonas de riesgo para la salud, y lo que yo ví en el Times Square fue a varias mujeres con más celulitis que las arrugas de mi abuela; que eso no me guste es lo de menos, pero no estoy dispuesto a festejarlo para lograr empatía o aceptación en la atmósfera políticamente correcta.

Naturalmente la flaqueza o la gordura tienen reductos múltiples, desde la información genética hasta enfermedades, y la aceptación de circunstancia como esas es fundamental, parte central de nuestro amor propio al entender nuestras limitaciones. Pero de ahí a querer convertirlos en otros estereotipos hay mucho trecho, y ya de plano es demencial cuando de ahí se pretenden dictar lineamientos estéticos. Por lo pronto, deseo que tenga larga vida Victoria’s Secret y las empresas que ofrecen tallas colosales. Que cada quien las ponga o las quite según su santa voluntad y san se acabó.

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