Cinque Terre

Marco Levario Turcott

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Director de etcétera

El bikini de las mujeres peruanas

Tal vez llegue un tiempo en el que mirar mujeres a través de la televisión o la pantalla de una computadora sea considerado indebido; me gusta el voleibol de playa o el futbol americano donde ellas participan. Me parece que tengo la edad suficiente para no presenciar ese tipo de censura, si la tendencia de lo políticamente correcto se consolida en el mundo. Por mientras digo que a mí nunca me han gustado los concursos de belleza, Señorita México o Brasil, lo que sea, ni tampoco Miss Mundo, que es donde concurren las mujeres más guapas que ganaron en la competencia de cada país. No me gustan esos concursos por fresas, ya que muestran el cuerpo con recato, y por anodinos cuando esperan definiciones filosóficas o políticas de las señoritas. Por eso no me gustan. No porque crea que esos concursos las denigran a ellas como mujeres, pues hay inconmensurables formas de ser mujer y cada quien tiene la libertad de elegir la propia identidad. Nunca he coincidido con la superioridad de nadie que dicte qué es bueno o malo para las mujeres y no sólo porque las prédicas no funcionan sino porque la militancia en tal sentido es, en realidad, una farsa.

El bikini de las mujeres peruanas

Bueno pues todo esto viene a cuento porque esta vez sí me gustó el certamen “Miss Perú” y no sólo por los ojos hermosos de Karen Cueto, la representante de Lima, Juana Acevedo que tiene una cadera de ensueño, ni por otras características atractivas de las otras 21 mujeres, el concurso me gustó porque cada una de ellas, en vez de decir sus medidas, dieron datos sobre la brutal violencia que hay en el país contra las niñas y las mujeres: feminicidios, trata de personas, tentativas de homicidio, una niña muere cada diez minutos por la explotación sexual, más del 60% de las mujeres de Perú es víctima de acoso callejero y así, cifras que dan idea del problema en la nación andina y que exigen a las autoridades enfrentarlo.

Todo el certamen estuvo dedicado a ese tema lacerante. Incluso hubo un manifiesto contra la violencia y, aquí enfatizo, la libertad de las mujeres para vestir como ellas quieran y así, ahí se veían hermosas con su biquini dorado, sintiendo, eso cantaron, que desean esa libertad, y a esa libertad, estoy convencido, nadie le puede poner condiciones ni reparos. No deben ser agredidas por nadie, tampoco por quienes en el nombre del feminismo señalan que aquellos concursos denigran a la mujer.

Mientras llega el tiempo, si llegan, en que se considere indebido mirar mujeres en televisión o la pantalla de la computadora, yo lo hago ahora mismo con Almendra Marroquín y lamento a su lado que más del 60% de las muchachas en Chincha, así como se lee, sean abusadas en sus centros educativos.

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