Cinque Terre

Ingrid Motta

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Ingrid ha sido reconocida en varias ocasiones como una de las 100 mujeres más poderosas en los negocios por la revista Expansión, una de las 45 líderes de mercadotecnia por la revista InformaBTL, así como una de las mujeres más influyentes en el campo de la tecnología por el periódico El Universal.

Misoginia es miedo

Con esas tres palabras quedé enganchada del libro 5000 años de misoginia[1], de Patricia Segués, artista plástica y escritora mexicana, que, en su estudio sobre la misoginia en las primeras civilizaciones de Oriente Medio, cuestiona también los mitos y prejuicios machistas que superficialmente fundamentan la importancia psicológica de tener o no un pene como un pilar del pensamiento occidental.

La palabra misoginia tiene orígenes etimológicos griegos: misein, que significa “odiar”, y gynē, que significa “mujer”. En el contexto de desarrollo histórico, consiste en la amenaza que representan las mujeres al supuesto status superior de los hombres. Sin embargo esta condición no es exclusiva del sexo masculino, como tampoco la misandria o aversión a los hombres es exclusiva de las mujeres.

El comportamiento misógino puede jugar a favor o en contra de los objetivos de personas de cualquier sexo, dependiendo de sus incentivos, y lo que cada quien esté dispuesto a hacer para lograr sus intereses dentro de una sociedad machista.  Un ejemplo de eso son las mujeres policías tratando de frenar las manifestaciones de mujeres en contra del patriarcado.  Nadie está exento y nadie es culpable, pero todos somos corresponsables. Somos por naturaleza acumuladores de estereotipos.

Lo cierto es que la misoginia y el patriarcado como fenómenos sociales no han logrado ser resueltos. Mujeres y hombres valientes, en su manifestación en contra de injusticia de género, han dado pasos históricos en la lucha por una sociedad más empática y colaborativa. Tristemente en un no tan incipiente siglo XXI, la misoginia sigue siendo tema de desequilibrio social.

Fuente: Cronica.com.mx (https://www.cronica.com.mx/notas-misoginia_y_populismo_un_texto_de_raul_trejo_delarbre-1178193-2021)

La tesis de Patricia Segués analiza la dualidad que inicia con Aristóteles al definir la inferioridad de la mujer, y cómo estas ideas también se plasman históricamente en pensamientos religiosos, para crear un concepto que hasta hoy nos tiene incómodos y en desacuerdo. El que la mujer sea capaz de acumular poder en cualquier ámbito, ya sea dentro del hogar, el trabajo, la familia, inclusive en su personalidad o economía, amedrenta una masculinidad y vulnera su fortaleza, exponiendo su fragilidad. ¿Será que tiene que ser así?

La tesis de Segués me recordó otro libro que también me trajo mucho tiempo en reflexión: Anatomía del amor de Helen E. Fischer, en cuanto al análisis de nuestra naturaleza como mamíferos en la relación de poder entre hombres y mujeres, no solo en términos de reproducción, sino también de la estructuración de la familia y los roles creados en las sociedades occidentales.

¿Será que existen normas sociales de conducta consolidados? Nos programaron para que el hombre sea el responsable de salir a trabajar para traer dinero a la casa porque es fuerte, inquebrantable y con capacidad de dominio; mientras que las mujeres, suponen debilidad y deben quedarse en casa porque sus capacidades están naturalmente diseñadas así.  ¿Según quién?

Estamos tan confundidos que hoy los matrimonios no son sostenibles, las relaciones humanas son increíblemente complejas, nos estamos peleando por todo, y no podemos llegar a un acuerdo entre lo que sentimos o necesitamos porque estamos condicionados a obedecer normas sociales.

Afortunadamente la humanidad, ya muy globalizada, se está cuestionando este pensamiento primitivo para adaptarse a lo que la naturaleza humana nos dicta por encima de las limitaciones sociales, dejando de lado estereotipos de género, preferencias sexuales, profesionales, de personalidad, entre muchas otras ataduras conductuales, para dejarnos actuar por encima de intereses sociales o religiosos.

Agradezco profundamente la tesis de mi admirada Patricia Segués. Cambió mi perspectiva de discursos y supuestos chistes, hoy memes, satirizando a las mujeres, enfocándolas como un objeto sexual o demeritando sus acciones dentro de la sociedad. Hoy no sólo ya no los soporto, ni los justifico, sino que ya destaco que son una línea de comunicación que normalmente marida con mensajes sobre consumo de alcohol, como forma de empoderamiento. Así de patético.

 Estimado lector:

 ¿Coincides en que el miedo es la base de la misoginia?

 ¿A qué le tememos tanto?


[1] 5000 años de Misoginia; estudios culturales; estudios de género; Patricia Segués. http://www.oceano.mx/obras/5000-anos-de-misoginia-patricia-segues-20377.aspx

 

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