Cinque Terre

Javier Solórzano

Migrar, una peligrosa esperanza

La migración no va a dejar de estar con nosotros, digamos que es una condición del país.

La migración ha dejado de ser desde hace tiempo una especie de hecho romántico que veíamos en las películas para convertirse en una alternativa de vida y en una peligrosa esperanza.

Pocos fenómenos han sido tan bien estudiados como la migración. Son muchas las razones por las cuales hombres y mujeres dejan sus lugares de origen y a sus familias.

La migración ya alcanzó a una gran cantidad de menores quienes en medio de enormes riesgos y peligros tratan de alcanzar a sus padres.

Migrar significa, en la gran mayoría de los casos, dejar lo que se tiene, particularmente la familia. Es tomar una decisión, porque no hay otra opción porque se llega al límite sin futuro y esperanza.

Hay muchos casos en que son las propias familias las que alientan que los hijos se vayan. La razón pasa por la violencia que se vive en muchas comunidades en donde la delincuencia organizada trata de cooptar a como dé lugar a los jóvenes.

Los migrantes centroamericanos y mexicanos deciden dejar sus países de origen porque se les acaban las opciones, a pesar de buscar quedarse con los suyos. Pocos quieren perder el contacto con su familia, porque migrar es una manera de defensa y luchar, por ciento, la mejor manera de entenderlo es que lo primero que hacen con sus salarios es mandárselos a sus familias.

No son ingenuos y saben muy bien que la vida en lo que en otro tiempo era conocido como “el sueño americano” ha dejado de serlo. Tienen muy claro que a partir de que dejan sus casas entran en el mundo de riesgo, porque además las autoridades en un buen número de casos son cómplices de la delincuencia, entrar a México, llegar al lugar del mundo en donde todo puede pasar.

Recorren sus países y el nuestro bajo a sabiendas de riesgos que les pueden costar la vida. Sin embargo, poco les importa porque entienden que, a pesar de lo que pueden enfrentar, al final muchas cosas pueden ser diferentes de las que viven en sus lugares de origen.

Guatemala, El Salvador, Honduras y México, en nuestro caso de algunos años a la fecha, estamos materialmente expulsando a mujeres y hombres de enorme valía. Estamos también perdiendo la inversión que se ha hecho en salud y educación para que al final quien se beneficie de todo ello sea EU.

El perfil de migrantes en cuanto a edad está por encima de los 18 años lo que significa que la inversión del país en sus recursos humanos se pierde. En el caso nuestro los migrantes muy probablemente van ya con una cartilla de vacunación completa y con una formación escolar de por lo menos primaria.

Por si todo esto fuera poco, si logran entrar a EU van directo a padecer condiciones de vida y explotación en más de un caso violatorias de los derechos humanos. Llegan a tener hasta tres turnos laborales con tal de conseguir el dinero que de inmediato mandan a sus familias. Enfrentan en algunos casos temperaturas totalmente distintas a los lugares en que vivían.

Todo es adverso, pero, a pesar de ello, aguantan, luchan, mandan dinero, trabajan todo el día, aceptan un trato discriminatorio, entre otras muchas cosas.

Ellas y ellos son los que caminan con prudencia por las calles de infinidades de ciudades en EU. Ellas y ellos son los que hacen posible una parte fundamental de la economía de nuestros vecinos. Ellas y ellos son quienes mandan su dinero a nuestros países para que sus familias puedan vivir, el tiempo que los gobiernos muchas veces hacen de todo esto una puesta en escena cargada de elogios, pero cuando desde EU mandan línea aparece el silencio y la obediencia.

RESQUICIOS

Los fines de semana la carretera México-Cuernavaca se ha convertido en una especie de pista paralela para los motociclistas. Fue terrible lo del domingo, pero en algún sentido estaban prendidas las alarmas, no es nada grato decir que se veía venir.


Este artículo fue publicado en La Razón el 17 de agosto de 2021. Agradecemos a Javier Solórzano su autorización para publicarlo en nuestra página.

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