Cinque Terre

Juan Carlos Servín Morales

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¡México, México Ra-Ra-Ra!

“Cuenta la leyenda” y una que otra nota periodística que México ha sido campeón mundial de porras. Así como tenemos algunos de los récords Guinness más inverosímiles, también somos potencia en estas artes de la arenga, el discurso mitinero y la gritería. Hasta el actual primer mandatario hizo gala de sus habilidades en estos asuntos y se llevó las palmas luego de su primer Grito de Independencia la noche del pasado 15 de septiembre.

El presidente López Obrador tuvo una buena noche, sí. Al “Gobierno de México” (otrora “de la República”) le salió bien el show, de acuerdo. Los fanáticos (que no fueron pocos) estaban extasiados, lamentablemente sí. Fue “nota”, indudablemente. Pero hubo otra “nota” que inusitadamente la dieron algunas mentes brillantes de talante liberal cuando en sus redes sociales festinaron el Grito, la retórica y la supuesta austeridad del acto olvidando de momento el deterioro nacional. La inconexión entre dichos y hechos pues. Las incongruencias tan evidentes caray. Quizás fue el colesterol potenciado por la ingesta de tanto antojito mexicano; sí, ojalá haya sido eso.

Los vivas del Grito fueron por la Independencia, Miguel Hidalgo, José María Morelos, Josefa Ortiz, Ignacio Allende, Leona Vicario. Hasta ahí los tradicionales, los que suelen ser los “obligados”. Luego vendrían los vivas a “las madres y los padres de nuestra patria”, “los héroes anónimos”, “el heroico pueblo de México”, “las comunidades indígenas”, “la libertad”, “la justicia”, “la democracia”, “nuestra soberanía”, “la fraternidad universal”, “la paz” y “la grandeza cultural de México”. Esas fueron las innovaciones. Cada presidente le quita, añade y da su “toque”, no es novedad.

Lo desconcertante fue leer a aquellas mentes habitualmente críticas e informadas sobre el avance autoritario, siendo tan obsequiosas, tocando la lira mientras el fuego amenaza con arrasarlo todo. Ah pero ¡qué bonito grita el Sr. Presidente! Sí, se concede que a muchos agradó. Es un maestro en el manejo de los símbolos y cosecha triunfos entre su electorado más duro. Pero, -¡pero!- cómo acompañar la narrativa oficialista mientras aquellos vivas fueron pura demagogia. ¡De verás!

FOTO: GALO CAÑAS /CUARTOSCURO.COM

“Vivan las madres…”, mientras se cierran estancias infantiles y se castiga el presupuesto para combatir el cáncer de mama. “Viva el heroico pueblo de México”, mientras se auspicia su división reduccionista entre “pueblo bueno” y “fifis”, “conservadores”, “neoliberales”, etcétera. “Vivan las comunidades indígenas”, a las que también se les recorta el presupuesto y se les ignora cuando de construir obras faraónicas se trata (como el “Tren Maya”). “Viva la libertad” mientras en el politburó morenista anidan personajes con filias chavisto-maduristas cuyo sueño es traer a México la “revolución bolivariana”.

Y siguió: “Viva la justicia” mientras se militariza la seguridad pública y se ignora a la CNDH. “Viva nuestra soberanía” mientras la flamante Guardia Nacional se transforma en la Border Patrol de Donald Trump y se evita dar respuesta a sus ofensivos tweets. “Viva la fraternidad universal” (¿?) pero hay que pedirle disculpas al gobierno español por la Conquista. “Viva la grandeza cultural de México” mientras se castiga con menores recursos a la comunidad artística, a la ciencia y la academia. Es más, como quedó ratificado hace pocas horas, el gobierno de la 4T le entrega a la CNTE buena parte del control de la educación básica pública.

Mención a parte merece aquel “viva la democracia”. Dudo que pueda vivir con cabal salud mientras se amaga con una reforma electoral que dinamitaría su andamiaje institucional (que ha garantizado elecciones más libres, facilitado alternancias y propiciado la convivencia en pluralidad), se es habitualmente hostil con los adversarios, se ataca a los poderes legislativo y judicial, y -por si fuera poco-se busca capturar, acotar o hasta eliminar a los organismos públicos autónomos. Menos cuando en Baja California y las Cámaras del Congreso se tienen fiebres reeleccionistas.

¡Viva México! Claro que sí. Por ello es tan relevante defender hoy lo que se ha conseguido en la holística triada política-económica-social tras las fructíferas aproximaciones hacia un estadio superior, mismas que han sido facilitadas por las transiciones en esos mismos ámbitos, impulsadas por valientes luchas sociales. Insuficiente lo alcanzado, sí. Valioso, sin lugar a dudas. Tanto, que su pérdida significaría un retroceso de casi medio siglo. Si ya de por sí cargamos con rezagos que nos ponen a la cola en más de un ranking…

No está de más aclarar que defender las conquistas demócrata-liberales dista de significar una defensa a la triada maligna: la persistente corrupción, la creciente inseguridad o la oprobiosa inequidad. Jamás. ¡Viva México! Por supuesto que desde luego que sí. Siempre. Por ello es un error creer -sí, cual acto de fé- que las recetas de la 4T nos llevarán a buen puerto en el abatimiento de nuestros males ancestrales. Así lo gritan ya los datos, los reales. Ahí radica la importancia de no dejarse encantar por un Grito que no hace transformación.

Ante el zeitgeist del régimen -sí, su esencia antidemocrática, antiliberal y populista- expresiones desbordadas como “un grito digno de todos los mexicanos”, “un grito sin rechifla, ni un invitado en balcones, ni salones, sin hijos, austero y sincero” (lo que horas después quedaría desmentido), “así nos gusta presidente, que sea capaz de gritar un #VivaMexico para todas y para todos”, “magnánimo grito”, “a mí sí me gustó” o “me encantó el grito”, son un obsequio inmerecido cuando se olvida lo sustancial. No estamos para eso. Tropezón de algunos. O, quizás, un movimiento táctico de mayor sofisticación. Mientras no dejen de poner los puntos sobre las íes…

Pilón: Menos mal que este fin de semana en la ciudad caótica -digo, en la Ciudad de México- se encendió la batiseñal desde la Torre Reforma. No es que pidamos auxilio, es con motivo del 80 aniversario del encapotado. ¡Long Live The Bat!

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