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Marco Levario Turcott

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Director de etcétera

México se nos puede caer a pedazos también por la indiferencia social

El discurso de Andrés Manuel López Obrador se abre paso, sobre todo, por la indiferencia de millones de ciudadanos. Más allá del estado de ánimo que arroja la ineficacia y la corrupción de administraciones anteriores e incluso más allá del desencanto que hay por la democracia en amplias franjas de la población –que propicia la hegemonía de personajes que por sí solos se presentan como solución de los problemas públicos–, más allá de todo eso, digo, es la indiferencia de millones de ciudadanos lo que permite que día con día crezca el riesgo de un grave retroceso en nuestra ya de por sí, frágil democracia.

El 1 de julio del año pasado votaron dos de cada tres electores, el abstencionismo fue alto si lo comparamos con las elecciones presidenciales de 1994, donde votó el 77%. AMLO obtuvo 30 millones 113 mil 483 sufragios, Ricardo Anaya 12 millones 610 mil 120 y José Antonio Meade 9 millones 289 mil 853 (además de los casi 3 millones de Jaime Rodríguez Calderon y los poco más de 32 mil votos de Margarita Zavala). La abstención rebasó los 37 puntos lo que, aunado a la enorme victoria de López Obrador, desdibujó la presencia de los partidos y colocó al país en una situación similar a los triunfos electorales donde arrasaba el PRI y en particular cuando fue candidato Miguel De la Madrid (en alianza con el PPS y el PARM), su triunfo fue más holgado, por cierto, al lograr casi cuatro veces más votos que su principal competidor, Pablo Emilio Madero, del PAN.


FOTO: ANDREA MURCIA /CUARTOSCURO.COM

Los resultados de las elecciones de 2018 integran el contexto para el avance, prácticamente sin contrapesos, del discurso y los actos del gobierno federal; lo facilita también la precaria cultura política democrática, la inoperancia de los partidos y la debilidad de las instituciones (generada por su ineficacia y alimentada por diversos discursos opositores). En 2018 AMLO prácticamente duplicó los votos que obtuvo en 2006 y 2012, y ese respaldo le permite hacer lo que quiera, más aún cuando el partido Morena es mayoría en las Cámaras de Diputados y Senadores, y sobre la base de que el político tabasqueño carece de un enfoque democrático como el que implica el aliento a la pluralidad y, habitualmente, defenestra a quienes difieren de él. Hace varios días en Twitter, la líder nacional de Morena, Yeidckol Polevnsky, elogió la dictadura cubana, por ejemplo, como un paradigma para nuestro país.

El pasado 1 de julio, aproximadamente 32 millones 593 mil 383 personas no votaron, o sea, poco más de quienes votaron por AMLO, más del doble de quienes optaron por Anaya y casi el triple de quienes lo hicieron por Meade. Desde luego, hace falta un diagnóstico preciso que contribuya a entender las razones de la abstención –entre otras variables me parece que se encuentran las que apunté al principio de este texto–.


FOTO: GALO CAÑAS /CUARTOSCURO.COM

El quid es que ante nuestros ojos, como advirtiera hace poco Federico Reyes Heroles, se están desmantelando las instituciones sin que haya contrapesos o diques que contengan esa pretensión. Buena parte de los medios de comunicación atienden a esa clientela de más de 30 millones de votos, ponen en práctica lo que siempre han hecho que es estar con el poder e incluso abren más foros a los representantes del gobierno federal contra el impulso de intercambios plurales (naturalmente, hay excepciones). En las redes sociales se expresan cuestionamientos vigorosos pero tampoco son suficientes y todo eso pasa con la indiferencia de millones de personas en México.

Puede militarizarse el país, como está sucediendo; puede convocarse a la integración de una guardia nacional aunque no sea legal, también puede cancelarse el NAIM/Texcoco aunque eso implique pérdidas millonarias que nosotros tendremos que pagar y no pasa nada, para ello puede organizarse una farsa llamada consulta o también sin consulta ni requerimientos técnicos impulsar el Tren Maya. Y no pasa nada. Los millones de mexicanos indiferentes no hacen ni dicen nada, vamos, ni siquiera frente a las incumplidas promesas de campaña (el aumento de presupuesto a las universidades o el no aumento del precio de la gasolina por ejemplo). El avance del poder despótico puede ocurrir por la inacción social.

Nuestro país se nos puede caer a pedazos también gracias a la indiferencia social.

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