Cinque Terre

Rubén Cortés

Periodista y narrador. Director General de La Razón

Menos prisas

No sólo en el patio, el gobierno también deja que desear hacia afuera, cuando debe mostrar talante de estadista, con posiciones moderadas, contenidas, racionales. Por ejemplo, ya felicitó al dictador electoral de Bolivia tras declararse ganador de unos comicios en los que tiró el sistema.

OEA, Unión Europea, Naciones Unidas, nuestros dos socios en el T-MEC (Estados Unidos y Canadá) plantean que se celebre una segunda vuelta y una auditoría del escrutinio para devolver la credibilidad al proceso electoral, pero México ya ungió a Evo Morales.

Son México, Cuba y Venezuela los únicos gobiernos que se han apresurado a suscribir, en nombre de sus ciudadanos, las irregularidades de la pasada elección boliviana, únicamente porque quien se reeligió es su aliado político.

Sin embargo, en Bolivia ocurrió lo mismo que lastima en México ¡desde 1988! al grupo político que gobierna: la interrupción del conteo de votos en plena la jornada electoral. Y si hoy han dejado de mencionar aquella “caída del sistema” es porque el autor se volvió uno de ellos.

En favor de la postura moderada, contenida y racional que debe tener toda decisión de Estado, México tendría que, en lugar de congratularlo de manera presurosa, exigirle a su compadre político Evo Morales que deje de comprometer la legitimidad de la elección.

Hace semana y media que en Bolivia se registran protestas masivas por la caída del sistema de cómputos durante la primera jornada electoral. Hasta la interrupción del recuento, ni Morales ni su rival obtenían los 10 puntos de ventaja necesarios para que no hubiese segunda vuelta.

Pero, 24 horas después, tras reanudarse el conteo, Morales, quien gobierna sin pausas desde 2006, tenía el 10 por ciento requerido y se declaró enseguida presidente por tercer periodo consecutivo. Cuando los bolivianos se despertaron, había un “cambio de tendencia”.

La verdad es que el gobierno mexicano está tomando partido en la política continental en favor de los regímenes que desprecian la democracia, y eso no es un buen mensaje para el electorado mexicano: para nada lo es si se apoya al usurpador Maduro en Venezuela y al dictador electoral Morales en Bolivia.

Y lo más inquietante es que lo hace de manera carnavalesca, impensada, con un notorio toque de infantilismo político, pues se encuentra lejos de irradiar la madurez democrática de una nación que ha conducido, por dos décadas, una democracia sólida.

No debe prevalecer la frivolidad de la presidenta del partido en poder, sino la inteligencia del canciller, para liderar el llamado internacional a Morales a dejar de utilizar su categoría de jefe de Estado para declarar el estado de emergencia y prohibir las manifestaciones en contra de la caída del sistema.

Porque ahora, la verdad sea dicha, estamos defendiendo…

A un dictador.

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