Cinque Terre

Martin F. Mendoza

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Periodista. Corresponsal de etcétera en Estados Unidos

Mendoza: Si yo creyera en teorías de la conspiración

Si su servidor, apreciable lector, fuese aficionado a las teorías de la conspiración, ¡qué raro le parecería el esfuerzo brutal, ensordecedor, profundamente sesgado y falto de equilibrio de no pocos medios de comunicación en México y Estados Unidos (en español) para favorecer a la actriz Kate del Castillo.


Me refiero al embrollo en que se metió solita en relación al narcotraficante Joaquín “El Chapo” Guzmán.


Y no, no se trata de alinearse con todo lo que haga el gobierno mexicano, que tiene “una cola que le pisen” larguísima e innegable. No se trata de ignorar su corrupción ni los posibles nexos con el narco de no pocos de sus miembros de todos los colores y partidos.


Mucho menos se trata de no cuestionar el cómo aplica o no aplica la ley, ya no digamos su manejo de este caso en particular, en donde, en efecto, parece que como acostumbra, concibe la aplicación de la justicia como una sucesión de filtraciones a la prensa.


Filtraciones que pueden ser válidas como parte de una estrategia amplia que eventualmente incluya acciones jurídicas persecutorias contra quien el ministerio público considere responsable, más no solo como herramienta de presión propagandística o distractora.


¡Claro que no! Hay mucho que criticarle al gobierno mexicano, sin olvidar, por supuesto, que es el único gobierno que tiene México, que, como cualquier país, necesita de uno. Lo digo como verdad de Perogrullo, sí, aunque es algo que muchos olvidan, hablando como si el anarquismo fuese en verdad una ruta válida para México y los mexicanos.


La aplicación de la ley y el monopolio de la violencia que soporta a ésta son funciones del Estado y de nadie más, gústele o no a quien le guste o no. La crítica a ese actuar es privilegio ciudadano que debiera ser ejercido con responsabilidad. El no partir de ese simple hecho nos imposibilita la discusión de muchos temas, incluido este. Pero, en fin.


Hecha la obvia, mas necesaria, aclaración de posturas, podemos regresar a lo que nos ocupa hoy, o sea, a esa campaña contradictoria, por despiadada y simultáneamente insulsa, falta de contenido y articulación que no solo pretende excusar la –hasta hoy- inexcusable conducta de Del Castillo sino, además, “vendérnosla” como una mujer de inteligencia privilegiada, conciencia social inigualable y ética profesional y personal sin par. ¡Por el Amor de Dios!


La intención de asociarse en cualquier proyecto, sobre todo de negocios, con miembros del crimen organizado es total, absolutamente incompatible con las características de esa alma bondadosa y rebelde con la que un buen sector de la prensa pretende embaucarnos. Antes todo lo contrario. Dicha intención pareciera estar hoy por hoy fuera de toda duda.


Es más, no ha sido negada ni por la propia “Keitita”, como empalagosamente la llama su padre, el actor Eric Del Castillo. La aspiración de la actriz de hacer negocios con Guzmán Loera ha sido simplemente justificada por la prensa a su servicio, pero de una manera torpe, desaseada y falta de todo elemento básico de lógica y de mecanismos de razonamiento.


Es decir, todo a base de, ahí sí, “cortinas de humo”, expresión tan común hoy en día y que irónicamente se emplea con frecuencia por aquellos que precisamente están tratando de utilizar una cuando la razón no les asiste y pretenden “recetarnos” su verdad a como dé lugar.


Si bien es cierto que Del Castillo es una figura popular y generadora de negocios para la prensa y medios de comunicación, eso por sí solo no explica la obsesión del periodismo de consigna por librarla de toda culpabilidad. Sobre todo si consideramos que en realidad seguirle la hebra a las acciones de la actriz pudiera conducir a revelar una enormidad de conexiones del narco con figuras de otros ambientes, incluidos, sí, peces muy gordos, como ciertos políticos mexicanos.


Ya circulan en el amplio espectro que son los medios en México versiones que si bien no están demostradas tampoco carecen de sentido, y en las que se habla de otros artistas, deportistas, empresarios, políticos, etc., que tienen y/o tuvieron relaciones con el narco y con Del Castillo, quien sería solo una pieza más, clave, pero solo una más.


Pereciera que a pesar de todo se trata de evitar que las bombas que ya están activadas exploten y revelen más verdades. Ello a pesar de la santimonia que en sí mismos ven cadenas como Univision, cuya cobertura ha sido sencillamente carente de sentido y balance, solo calificable como deleznable, nauseabunda.


Jorge Ramos, María Antonieta Collins y compañía, valiéndose de enemigos ideológicos del gobierno mexicano, verdaderos activistas disfrazados de periodistas, han hecho un circo en torno a un asunto que debiera ser explorado con todo el profesionalismo posible. Gran ironía es que el principal beneficiario de ello pudiera ser el propio poder político.


Decir que nos extraña sería bastante deshonesto, pero el sesgo es tan escandaloso para quien lo quiere ver, que si el que escribe fuese aficionado a las teorías de la conspiración, ya estuviese imaginando no sé qué…

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