Cinque Terre

Javier Solórzano

Medios, redes e intimidad

A querer o no, una de las condiciones de los medios es meterse en la intimidad de la vida de la gente. Desde hace tiempo no son sólo los medios, las nuevas tecnologías han profundizado esta tendencia, la invasión se ha agudizado.

Detrás del celular existe una infinidad de posibilidades. Los usuarios hemos hecho de la tecnología una extensión de nuestras vidas. No es sólo un instrumento de trabajo y de comunicación, es también una extensión de lo que vemos y, a través de ello, una expresión de quién somos.

Por los celulares pasan las denuncias, el juego, la información y la comunicación, hasta llegar a sentir la pérdida, robo u olvido del celular como una situación de brutal impacto, es una extensión de nuestra vida.

Cada vez somos más conscientes de lo que significa esta herramienta, a sabiendas que a través de ella entramos a nuestros entornos y a los ajenos.

Podrán ser cuestionados aspectos que rodean a las “nuevas tecnologías”, pero se debe partir que su desarrollo, con todo lo que conlleva, es parte de su condición, la cual es ya una forma de vida que no se ve cómo frenar, lo que si cabe es debatirla.

Las grandes discusiones sobre el tema no han logrado dar un segundo paso, porque en medio de ello interviene una gran cantidad de intereses económicos y políticos, a la vez que los debates pasan evidentemente por espacios fundamentales como los derechos y las libertades.

Muchas personas han vivido brutales pasajes en sus vidas sólo porque a alguien se le ocurrió grabarlas en un instante, lo cual se convirtió en momentos que difícilmente se superarán y olvidarán, en lo personal como en lo colectivo.

La prensa del espectáculo es la que se lleva en esta dinámica la crítica, y al tiempo también lo que llaman “éxito”. Se busca ganar la audiencia a través de difundir la vida de personajes a los que se les identifica como “famosos” en cualquier circunstancia de su vida. Entre más comprometidos los encuentren, más controversia provocan y más rating alcanzan.

La prensa de espectáculos no es la única en esmerarse y regocijarse por buscar a personajes en evidencia, existen tendencias similares en otros ámbitos. Muchos escándalos políticos han pasado por las redes y los medios, lo cual ha sido fundamental para denunciar y saber de hechos que de otra manera no hubiéramos conocido.

Hemos entendido y aprendido que estamos expuestos a que un celular nos haga virales. Al final no importa si la grabación es parcial, editada o trae truco. Lo que importa es lo que se ve y lo que queda en la mente de quien lo ve, la imagen que construye y la opinión que genera.

La invasión a la intimidad resulta inevitable. Cualquier situación por la que pasemos es susceptible de ser conocida por la sociedad. Sin embargo, así como se presentan grabaciones que merecen la crítica y el cuestionamiento, también se tiene que considerar la importancia que tienen imágenes que han sido de enorme relevancia social y política, para conocer asuntos de gran envergadura.

No es un fenómeno que se circunscriba a cierto tipo de sociedades, porque la condición de los medios y las redes nos llevan a escenarios de esta naturaleza.

Ayer que el Presidente hizo referencia a cómo los medios llegan a invadir la vida privada, nos llevó a darle vueltas a un asunto que está entre nosotros por todas partes, que es una constante y que no necesariamente nos detenemos a pensarlo para tratar de entender hasta dónde es posible, en su dimensión.

Un personaje como el Presidente, que a diario se encuentra en el debate con las redes y los medios, es lógico que esté bajo el escrutinio cotidiano, y más si va a jugar beisbol, aunque sólo vaya a fildear que no a batear; puede no gustar, pero no hay por donde quejarse.

RESQUICIOS

Habrá que seguir la denuncia de dos ciudadanos en contra del afamado vocero presidencial. El asunto está en curso y probablemente el funcionario tendrá que declarar. Quizás sea la primera de varias visitas a los tribunales.


Este artículo fue publicado en La Razón el 28 de enero de 2022. Agradecemos a Javier Solórzano su autorización para publicarlo en nuestra página.

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