Cinque Terre

Rubén Cortés

Periodista y narrador. Director General de La Razón

Meade-Anaya: de candidato a candidato

Entre el chapoteo de Ricardo Anaya en enredos de bienes inmobiliarios, no se puede olvidar en qué consiste el gran problema en que se encuentra metido: que Anaya está tratando de explicar cómo se hizo de 54 millones de pesos.

¡En un país donde los trabajadores afiliados al IMSS mejor pagados ganan en promedio 15 mil pesos!

¿Cómo ganó Anaya 54 millones de pesos? Refresquemos:

1.- Anaya compró un lote a Manuel Barreiro en 10 millones de pesos.

2.- Anaya construyó allí una nave industrial y se la ofreció en 54 millones al propio Barreiro.

3.- Increíble: Barreiro aceptó, aunque estaba pagando cinco veces más de en lo que había vendido el mismo lote.

4.- Barreiro depositó los 54 millones al hermano de un empleado suyo, después de que el dinero pasó por empresas fantasma y paraísos fiscales en México, Canadá, Suiza, Gibraltar y las Islas Turcas.

5.- El hermano del empleado de Barreiro depositó los 54 millones a Anaya.

6.- Y, el mismo día que Anaya recibió los 54 millones, le volvió a comprar otro lote a Barreiro en 23 millones 533 mil 656 pesos.

Anaya dice que no compró ni vendió a Barreiro, sino a un parque industrial. Sólo que Barreiro… es dueño de ese parque.

En el nuevo lote que compró Anaya en más de 23 millones de pesos hoy construye la misma empresa que hizo la nave industrial que Anaya le vendió a Barreiro en 54 millones y que, antes, había medioconstruido un edificio que una fundación de Anaya vendió en 7.8 millones. Uff: puros millones.

Por eso Anaya queda indefenso ante el discurso de José Antonio Meade:

—Que Anaya saque las manos de sus propiedades inmobiliarias.

—Una forma de hacer política en México, y parte de lo que nos ha lastimado mucho como país, es cuando vemos a políticos que viven por arriba de sus ingresos y cuando vemos a políticos haciendo negocios.

—He sido cinco veces secretario de Estado y mi patrimonio es público.

—Por 20 años he entregado declaraciones patrimoniales.

—No tengo plantas industriales, no tengo fundaciones que hacen negocios inmobiliarios, no tengo 62 viajes al extranjero para hacer visitas de ninguna índole.

—Anaya tomó malas decisiones patrimoniales, se enriqueció y las evidencias de ese enriquecimiento están hoy a la vista de todos.

—Anaya no le puede echar la culpa absolutamente a nadie. Nadie lo obligó a vivir por arriba de los medios, nadie lo obligó a venderle su patrimonio a empresas fantasma.

—Nadie lo obligó a adquirir un patrimonio que estaba más arriba y por encima de lo que había generado de ingresos.

Ah, y Anaya promete meter presos a los corruptos. ¿Cómo es que le dicen a eso?

Escapar para adelante.


Este artículo fue publicado en La Razón el 6 de marzo de 2018, agradecemos a Rubén Cortés su autorización para publicarlo en nuestra página.

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