Cinque Terre

Armando Reyes Vigueras

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Periodista

Más que un voto

Con la cercanía de las elecciones y los miles de cargos en disputa —en especial la totalidad de la Cámara de Diputados—, la discusión se centra en el tipo de candidatos que se han postulado, en sí algunos tienen o no antecedentes penales, en si se le debe conceder, una vez más, la mayoría al partido de Andrés Manuel López Obrador, pero poco se habla de la necesidad de que el ciudadano comprenda la importancia que tiene su voto en el actual contexto que vive el país.

Cada uno cuenta

Las elecciones se tratan de una decisión que se construye con la que cada uno de los electores toma; esto es así pues se trata, finalmente, de una convocatoria en la cual los ciudadanos acuden a las urnas para mostrar su preferencia.

Sabemos que el proceso de decisión del voto descansa en múltiples factores que van desde los más sofisticados —la evaluación que alguien hace de las acciones de gobierno y los resultados ofrecidos— hasta cuestiones totalmente superficiales —como si el o la candidata es guapa(o) o no—, además de la influencia que los medios y los propios partidos, a través de su propaganda, tienen en el electorado.

Pero poco se discute la importancia que tiene el hecho de que cada ciudadano tenga presente que su voto importa, que es necesario para realizar un cambio o para refrendar el rumbo que tiene el país.

En el actual contexto que tenemos como país, en el cual la discusión pública se dispersa en una gran cantidad de temas, el de la importancia del voto ocupa muy pocos espacios, por lo que es necesario que se hable de él.

Y es que muchos ciudadanos reciben mensajes de por quién sí o por quién no votar en junio próximo, pero poco acerca de lo que en verdad representa el voto.

En la historia de México, la experiencia electoral es reciente. Recordemos cómo la Revolución mexicana inicia con la defensa del sufragio efectivo, y luego los intentos para que se respete el voto ante la maquinaria del partido oficial que ganaba todas las posiciones, pasando por la necesidad de equilibrar el escenario para que tengamos una efectiva división de poderes.

Para los que siguen con el cuento de que México no ha tenido elecciones libres en el pasado —supongo que las que ganaron Cuauhtémoc Cárdenas en 1997 o López Obrador en 2000 tampoco lo fueron, a decir de este tipo de personas—, hay avances innegables que deben ser reconocidos.

A pesar de los esfuerzos de ciertos partidos y gobernantes, gracias al voto de los ciudadanos el PRI perdió la mayoría de la Cámara de Diputados en la parte final de la década de los años 90, la izquierda cardenista pudo gobernar la capital del país, la Presidencia de la República fue ganada por un partido diferente al PRI, que la monopolizó por más de 70 años, y ahora nos gobierna un partido distinto a los dos que han ocupado la titularidad del Ejecutivo federal.

También por el voto, prácticamente la mayoría de las entidades del país han tenido una alternancia en sus gubernaturas, así como en una gran cantidad de municipios, por lo que el sufragio puede servir para castigar a los partidos que gobiernan mal.

Cuartoscuro

No votar es dejar en manos de otros la decisión que corresponde a quienes formamos la ciudadanía de este país, algo que deben recordar quienes ahora se lamentan de la llegada del actual presidente, pero que no acudieron a las urnas bajo cualquier pretexto —como que le robaron la candidatura a alguien que ellos quería que fuera—, por lo que es necesaria la participación de todos en este proceso.

Más allá de si se debe o no refrendar la actual mayoría que Morena tiene en el Congreso de la Unión, de si se debe mandar el mensaje a López Obrador para que rectifique el rumbo, de las crisis en salud, economía y seguridad, o de las preferencias personales de cada quien, la discusión acerca de las próximas elecciones debe iniciar por resaltar la importancia que tiene que cada uno acuda a las casillas en junio próximo y vote por los candidatos de su preferencia.

Esto, que es propio de un país con libertades, parece que es olvidado más comúnmente.

Si cada ciudadano comprende que su voto es necesario y que votar no es un intercambio por alguna despensa, dinero en efectivo o por la promesa de un empleo, sino que es parte de una decisión que definirá cómo nos irá como país en el futuro próximo, podríamos esperar que la política y las decisiones de gobierno que de ella derivan podrían cambiar en lo inmediato, pues mucho tiene que ver con que nuestro actual electorado se inclina más por la abstención que por la participación, por lo que la clase política no ve una amenaza en este sector que no acude a las urnas.

Votar puede parecer molesto para algunos y para ellos la credencial electoral es necesaria, pero para que nos cambien un cheque en el banco. Pero la realidad es que el voto es más importante de lo que mucha gente piensa, pues es parte de una toma de decisiones que tienen que ver con nuestra calidad de vida.

¿O usted se siente satisfecho al oír que el presidente dispone despedir a más empleados públicos y que dijera que quiebren las empresas que tengan que quebrar, sobre todo si una de ellas es en la que trabaja?

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