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Ariel Ruiz Mondragón

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Para la mariguana, regulación, libertad e información: Nacho Lozano, en entrevista

El accidentado camino a la legalización de la mariguana se ha visto empedrado y retorcido por los múltiples prejuicios derivados de la ignorancia que existen alrededor de ella. En su discusión aún pesan más consideraciones morales que la evidencia científica.

“Puro chisme, puro mito, puras mentiras e invenciones. Ante la ausencia de información recurrimos a la creatividad, la imaginación y los mitos. Por eso es importante llenar esos vacíos con datos verificables y con historias con nombre y apellido”.

Esto último es lo que realiza de manera amena Nacho Lozano en su reciente libro Mariguana a la mexicana (México, Grijalbo, 2018), en el que, con un estilo desenfadado (“conocer tiene su dosis de diversión”), el periodista busca derribar mitos y presentar, desde diversos puntos de vista y disciplinas, las complejas aristas de la legalización y uso de la cannabis.

Lozano es licenciado en Historia del arte por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Ha colaborado en medios como Máspormás, Gatopardo y Newsweek, además de que ha conducido programas en Uno TV, W Radio, CBS, Proyecto 40 e Imagen TV.

¿Por qué hoy escribir y publicar un gran reportaje sobre la mariguana, que es, como dice, una “vieja amiga del ser humano”?

Hay varias razones; la principal es porque es urgente regularla. Mientras tú y yo estamos hablando se reproducen las víctimas de la guerra contra las drogas en nuestro país, hay historias de desaparecidos. También hay usuarios que no tienen el derecho para acceder a una salud integral que incluya no sólo innovación y vanguardia en los medicamentos, sino un respeto a su exigencia de hacerse de productos derivados de la cannabis que en la experiencia científica ha dado buenos resultados.

Porque es urgente que quienes son usuarios de la mariguana tengan el derecho garantizado a acceder a ella de manera segura, con calidad, con información, con divulgación científica acerca de lo que es la cannabis y sus efectos. No es una droga inocua, sino que tiene efectos que deben ser divulgados y prevenidos. Quien decida consumirla debe tener el derecho a hacerlo de manera segura, no a través del mercado negro, no arriesgando su vida y su integridad al hacer contacto con el crimen organizado, que es el que tiene hoy el monopolio de la mariguana. El consumidor debe ser acompañado por el Estado para que pueda acceder a un producto fiscalizado, y que esa recaudación fiscal pueda tener los beneficios de una inversión en los sectores salud, ciencia y educación.

Es urgente escribir, sobre todo porque yo sé que son muy divertidas y entretenidas las fake news, con las que nos encontramos todo el tiempo. Hay colegas que se dedican a propagarlas porque son un gran negocio, pero desafortunadamente hay muchas alrededor de la mariguana y creo que es momento de eliminarlas.

La última parte del libro está justamente dedicada a combatir algunos mitos, pero para hacerlo se necesita investigación científica. ¿En qué estado nos encontramos al respecto? Por ejemplo, en Estados Unidos por el prohibicionismo era muy difícil realizarla.

Tenemos investigadores como Herminia Pasantes y otros personajes que tienen talento, prestigio, una carrera reconocida en el ámbito académico nacional e internacional, instituciones públicas y privadas que, en la medida de lo posible, se han encargado de indagar los efectos síquicos, sicológicos y biológicos de la mariguana. Desafortunadamente estamos en un momento en el que no se invierte en investigación en general, y mucho menos en una droga satanizada como esta.

Estamos en un momento en que no se divulga esa información y nos quedamos retrasados. Si lo pones en perspectiva, de los tres socios que forman parte del Tratado de Libre Comercio, dos de ellos están dando pasos gigantes en la innovación científica y de los productos de la mariguana, así como en su presentación en términos de derechos humanos. Pero México sigue violándolos, entre un baño de sangre, convertido en un cementerio y sumido en un oscurantismo que parece de la Edad Media.

En 2018 seguimos prohibiendo el consumo de la mariguana porque creemos que da cáncer, por ejemplo, y otros prejuicios que no tienen evidencia científica que los respalde. Además, frente al tabaquismo, al alcoholismo y a los consumidores de azúcar, la mariguana genera mucho menos daño. Pero tiene un aura creada por hipócritas, como han sido los tomadores de decisiones en la historia de México, y que se ha socializado exitosamente, lo que ha provocado miedo, desinformación, confusión, mitos y choros alrededor de la mariguana.

En eso nos encontramos. Pero si lo ponemos en perspectiva, en unos 20 o 30 años la gente te dirá: ¿te cae que no podías fumar mariguana?, ¿de veras te metían a la cárcel si te encontraban un porro y te inventaban el delito de tráfico de drogas?, ¿había tantas personas en la cárcel acusadas de cometer delitos relacionados con la mariguana? Sí, tal como hoy decimos: ¿te cae que hace 60 años las mujeres no tenían derecho a votar?

FOTO: TERCERO DÍAZ /CUARTOSCURO.COM

Uno de los capítulos más interesantes es el dedicado al amparo sobre uso de la mariguana que cuatro personas obtuvieron de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. En el ámbito legal, ¿cómo nos encontramos después de este caso y del de la niña Grace, cuya enfermedad es atendida con un fármaco derivado de cannabidiol?

Creo que el hecho de que el ministro Arturo Zaldívar haya sido el ponente de este proyecto de amparo significó un parteaguas en la vida pública de México. Nos lleva a darnos cuenta, de entrada, de muchos asuntos a niveles personal y público. En el primero: ¿sabías que existe el derecho al libre desarrollo de la personalidad? Es uno que tú y yo no tenemos, y que es al cual apelaron estas personas en ese primer amparo y luego en los subsecuentes, y al que tienen acceso sólo seis personas. Pero es un derecho que ni tus lectores ni los míos ni nuestras familias tienen. Ese derecho lo garantiza el proyecto del ministro Zaldívar, quien fue acompañado por otros ministros que votaron a favor de él, entre ellos Olga Sánchez Cordero. De manera que los mexicanos que quieran exigir ese derecho se puedan amparar.

A nivel público, uno de los aprendizajes es el que provoca la Suprema Corte por este proyecto del ministro Zaldívar, que tiene que ver con obligar a los poderes Ejecutivo y Legislativo a dialogar. Hoy estamos exponiendo una controversia constitucional que tiene que ver con los derechos de la persona: libre desarrollo de la personalidad, que choca con las leyes General de Salud, de Seguridad Pública y otras, que tienen que estar en sintonía con el respeto a ese derecho de los seres humanos, de los mexicanos.

Entonces la Corte obliga al Poder Ejecutivo a dialogar con el Legislativo, y ver en qué la han estado regando y qué hay que cambiar. Hubo una modificación a la ley en 2014, previa al amparo, pero también la reforma a la Ley de Salud que permite el acceso a la mariguana para fines medicinales y recreativos, lo que nos vuelve a llevar a la manera mexicana de resolver las cosas: vamos a calmar a estos papás que están exigiendo acceso a medicamentos para mejorar a sus hijos, vamos a tranquilizar a esos activistas revoltosos, a esos investigadores, a esos miembros de la clase política que también exigen este derecho. Allí tienen su reforma. Entra en vigor en junio de 2017 y se esperan 180 días para que haya un reglamento que hasta la fecha no existe. Ese plazo se venció el año pasado, pero se sigue perpetuando el desinterés de la clase gobernante sobre estos temas. Dejamos los temas a medias, prohibimos sin sentido, hacemos como que discutimos, pero a la hora de tomar decisiones en serio nos da miedo.

Esos aprendizajes tendrían que llevarnos a no repetir el círculo vicioso porque la burocracia es criminal, y el conservadurismo puede llegar a serlo: los fundamentos de los prohibicionistas miran las condenas, y las hacen prevalecer por sobre la ciencia, la exigencia de paz y el derecho de los demás.

También debemos darnos cuenta de cómo somos discriminadores, cómo hemos sido parte de este proceso de criminalización de los usuarios mediante de las mentiras, lo que nos hace aparecer peor. Nosotros, sin tener información ni pruebas científicas, condenamos a los usuarios de la mariguana porque no nos interesa informarnos ni leer esas evidencias porque nos da flojera ser respetuosos, y allí están las consecuencias.

¿Cómo, mediante la política de criminalización de las drogas, se han manifestado el clasismo y el racismo? Por supuesto esto surge con Harry Anslinger, y llega hasta el ejemplo que pone de los policías que en la calle extorsionan al marihuano blanco, y al obrero moreno se lo llevan a la cárcel.

Veamos las historias de la gente que está en la cárcel acusada de delitos que no cometió, que no tuvo dinero para dar la mordida que cobra la mayoría de los elementos de Seguridad Pública, que nunca han tenido dinero para financiarse un abogado y eso los discrimina en términos de acceso a la justicia. Es tremenda esa situación, pero es un gran negocio: es lo que encarece la droga, lo que la vuelve atractiva para quienes desde el mercado negro se involucran en esta comercialización, y que también se benefician del negocio de la impunidad y de la corrupción.

Entonces se sistematizan el racismo y el clasismo, y se vuelven un negocio, además de que se democratiza la corrupción.

Lo anterior se lo adjudicamos, en buena medida, a los servidores públicos, pero es parte de nuestra educación en casa, de nuestra manera de ver a los usuarios y de ver a la mariguana, lo cual tendría que terminarse. Somos los peores educadores en casa; salvo excepciones, somos la llama de esa hoguera, y todo el tiempo estamos echándole gasolina, no importan las repercusiones. Somos indolentes ante esas historias de discriminación, racismo y clasismo porque somos parte de ello, porque no nos interesa o nos parece divertido y normal.

Creo que ahora tenemos una gran oportunidad para terminar con ello, para darnos cuenta de dónde estamos, de las consecuencias de nuestra manera de hablar, de referirnos y de actuar alrededor de quienes son víctimas de ese racismo y ese clasismo para, de una vez por todas, terminarlo.

FOTO: MARIO JASSO /CUARTOSCURO.COM

Otra parte muy interesante del libro es la referente a los clubes canábicos. ¿Cómo estamos en esos procesos de organización, producción de consumidores?

Hay muchos amparos, muchos clubes canábicos que están buscando la manera de hacer legal su producción. Por otro lado, de manera clandestina lo que buscan es que los usuarios de mariguana la usen sin fumarse un brazo, una cabeza o litros de sangre que se consumen de otra manera.

Son hombres y mujeres que conocen la manera de producir mariguana, basados en evidencia científica, y que se preocupan porque los usuarios accedan a ella de manera segura y con calidad.

Entonces ojalá y pronto veamos clubes canábicos, que el Estado mexicano los pueda vigilar y exigirles calidad, seguridad, impuestos y los requerimientos que cualquier emprendedor sigue en México. También que premie su innovación, su manera de relacionarse con la mariguana, que creo es una manera respetable y admirable, y que tendríamos que incentivar frente a otras drogas, como el azúcar, el tabaco y el alcohol.

A la hora de tratar a la mariguana y a las personas que, sin ser criminales, se dedican a cultivarla y a armar estos clubes, no debemos más que respetarlas y garantizarles seguridad.

Sobre la educación, en el libro trata varios casos, desde algunos que son muy liberales. Pero hay uno dramático que viene casi al final del libro: un joven que tiene una enfermedad extraña por la cual le duele el cuerpo todo el tiempo, y que ha encontrado un poco de alivio en fumar mariguana. ¿Cómo el prejuicio ha afectado en lo personal, en lo cotidiano?

Qué bueno que me preguntas eso. Esa historia a mí me hizo pedazos. Como reporteros podemos tener esta sana lejanía de nuestro sujeto entrevistado para tener una perspectiva que nos permita ver algo más allá que los sentimientos te impiden ver. Sin embargo, yo no soy objetivo: uno como reportero no lo puede ser. Decía Borges: desconfía de quienes te dicen que son objetivos porque se vuelven objetos. Cuando uno escucha a esta señora que cuenta los miles de pesos, prácticamente el total de la economía familiar, destinados a hacerse de medicamentos derivados de la mariguana, y que son importados de manera clandestina para ver mejorías en su hijo, es de verdad devastador.

Ella llevaba años con un diagnóstico y un tratamiento que no hacía más que empeorar la situación de su hijo. Cuando descubrió productos derivados de la mariguana, que llevan procesos científicos y de calidad que han mejorado la salud de su hijo, pues le cambió absolutamente la perspectiva y, sobre todo, le generó una frustración: ¿por qué el Estado mexicano está en contra mía y de mi hijo? ¿Por qué el sistema de salud no lo incluye? ¿Por qué si la experiencia internacional ve en estos productos la posibilidad de tratamiento, México no me puede garantizar ese derecho y no me puede dar esos productos? Pues por una serie de prejuicios que rigen a la clase política porque no es de beneficio electoral, no es aplaudido públicamente porque miedo e ignorancia son los que privan entre los mexicanos, que no van a ver bien una decisión tomada en ese sentido.

Es de verdad devastador porque aquellas personas se ven comprometidas y violentadas financiera y socialmente, son discriminadas. Los pacientes son víctimas, pero también sus padres, sus hermanos y quienes viven el drama por la prohibición, porque alguien decidió que no se van a investigar los beneficios de la mariguana, que no está bien visto consumir tetrahidrocannabinol: “No sé qué sea, pero dicen que es el demonio; está prohibido y vamos a cumplir la ley”.

Hay el testimonio de una prohibicionista que dice: “¿Para qué otro vicio si ya tenemos el tabaco?”, reduciendo el uso del cannabis a sólo una adicción, cuando es muchas otras cosas más: significa destrabar una vida familiar, perspectivas a futuro para miles de niños que están en esa situación porque simple y sencillamente al Estado mexicano no le interesa la vida de uno de esos pacientes tanto como las elecciones. No le interesa tanto como para legislar en serio para garantizarles estos derechos a las familias. Es de verdad criminal la manera en que se gobierna y se legisla en México.

Afortunadamente, en los últimos años han surgido excepciones, nuevas maneras de gobernar, nuevas perspectivas para cambiar y mejorar la vida de estas familias mexicanas.
Soy optimista de lo que pueda pasar en los próximos meses.

Uno de los requisitos para que la gente pueda ejercer conscientemente su decisión respecto a la mariguana es la información que tiene que proporcionar el Estado, y no sólo él sino también los medios de comunicación. ¿Cuál es la situación actual al respecto?

El Estado mexicano es una vergüenza. Hubo una campaña de la Comisión Nacional contra las Adicciones en la que el usuario de mariguana es un tipo que no terminó de estudiar, sin trabajo, que habla y vive de cierta manera rara. Lo único que hacen es alimentar los prejuicios que luego terminan en violencia, en discriminación.

Entonces, pésima la comunicación, la divulgación. Seguimos valorando a los usuarios de la mariguana con la vara del siglo pasado, oscura, ignorante, desinformada, criminal.

No existe una comunicación de evidencia científica sobre la mariguana, no se escucha ni se conversa con los usuarios sino se les califica, juzga, criminaliza.

Entre los medios de comunicación hay de todo: hay lo que prefieren no meterse en problemas, cuya línea editorial es bastante conservadora, que promueven la ignorancia por sobre la ciencia y el conocimiento. También hay otros que están comprometidos con divulgar historias alrededor de la mariguana, relatos de éxito, de emprendedores, de divulgación de experiencias en otros países. Son historias de innovación, de vanguardia, que deberíamos publicar más.

La información te da poder para tomar decisiones sobre lo que vas a consumir, lo que vas a desarrollar desde tu personalidad como ente individual y como mexicano con derechos, para exigir derechos, justicia, acceso a la salud y a la educación.

Una sociedad informada de manera natural va a exigir que los académicos, investigadores, científicos, casas de estudio y los laboratorios se empoderen.

Es un trabajo integral. Estoy muy decepcionado de cómo lo ha comunicado el Estado mexicano, pero reconozco que muchos colegas se interesan en el tema y lo difunden no sólo respetuosamente, sino basados en la ciencia, dándole voz a las víctimas. Eso es mi prioridad en este libro: reivindicar a las víctimas, a los luchadores sociales, a los activistas, a los investigadores, a quienes han muerto en el intento de cambiar este país con políticas públicas basadas en la ciencia y no en la moral hipócrita de una serie de miembros de la clase gobernante que viven del negocio del oscurantismo y la corrupción.

Pero entre los políticos también ha habido cambios; por ejemplo, recuerdo un pronunciamiento de varios exjefes de Estado, entre ellos Ernesto Zedillo, a favor de la legalización. Ahora Vicente Fox vende mariguana legal en Estados Unidos, Olga Sánchez Cordero se ha manifestado a favor, Miguel Ángel Mancera tuvo alguna expresión similar. Otro caso es el de Felipe Calderón, quien politizó el combate contra las drogas. ¿Cómo ve esto?

Yo no metería a todos en la misma bolsa, hay que distinguirlos. No puedo poner en la misma bolsa a Zedillo que a Fox; cuando el primero fue presidente no hizo nada por regular el consumo de las drogas, y allí están las consecuencias. Fox es cínico, irresponsable, cómplice e impresentable; un oportunista que mientras fue presidente no hizo nada por garantizar el derecho de los usuarios ni por invertir en ciencia alrededor de la mariguana y las drogas.

Calderón es una vergüenza: ve en lo que convirtió a México: en un país desinformado, prejuicioso, discriminador, clasista, racista, violento, oscuro, de muertos, de desaparecidos, de lágrimas.

Le siguió la estrategia Enrique Peña Nieto, aunque hace uno o dos años presentó una iniciativa para aumentar la dosis personal de mariguana, pero su partido lo maltrató al congelar la iniciativa y atribuirle derrotas electorales. La iniciativa desafortunadamente no tuvo eco entre los oportunistas de su partido.

Ahora tenemos a Olga Sánchez Cordero, a quien conocemos desde hace muchos años, que votó a favor del amparo de la Sociedad Mexicana de Autoconsumo Responsable y Tolerante, que fue consecuente en otras decisiones de la Suprema Corte y congruente con lo que publica y lo que dice en los foros públicos. Arturo Zaldívar, quien fue el ministro ponente, le cambió el rostro a este país al ponernos a discutir de una manera distinta: pensando en los usuarios, en las víctimas.

Hoy Sánchez Cordero será la primera secretaria de Gobernación que dice desde el Ejecutivo que garantizará estos derechos e irá cambiando la manera en que se pacifica el país. Ella está rodeada de gente que desde hace muchos años ha investigado y ha sido activista de la regulación. Vamos a ver.

Lo que espero es que esta nueva clase gobernante que está a punto de entrar escuche a las víctimas, ponga atención a lo que ya se discutió y a lo que ya se investigó, y que construya un modelo más chingón que cualquier otro modelo en el mundo.

FOTO: TERCERO DÍAZ /CUARTOSCURO.COM

Dedica justamente un capítulo a experiencias de otros países y lugares; de ellas, ¿cuáles puntos consideras que servirían en México?

A mí me gustan mucho los modelos uruguayo, californiano, de Oregon, de Columbia, de Colorado, de Canadá. Pero insisto: habrá que ver qué de algunos de ellos podemos aplicar en Guerrero, qué condiciones son compatibles con Tamaulipas, por ejemplo.

Me gusta que el Estado vigile y se comprometa para que los usuarios accedan de manera segura a productos de calidad derivados de la mariguana y que se inviertan impuestos en la mejora de los servicios de salud.

También me gusta que a Colombia le interese mucho la investigación y que sea vanguardista con los científicos y con los académicos.

México tiene para eso y muchísimo más. Ojalá todo esto se haga de la mano de estos modelos, e insisto: pensemos en lo general, pero también en la construcción integral de un modelo a nivel local.

¿Considera que se puedan legalizar más drogas, como la cocaína y la heroína, por ejemplo?

Todas las drogas tienen que ser reguladas, desde mi punto de vista. Cada quien decide lo que consume; la libertad termina donde comienza el derecho de alguien más. Hay que respetar los derechos de los demás, independientemente de lo que consuman.

Creo que los mexicanos tienen derecho, en primer lugar, a información y educación que les permita prevenir adicciones, dimensionar científicamente lo que significa el consumo de estas sustancias. Las repercusiones de consumir azúcar y las enfermedades que provoca, lo que implica consumir cocaína y sus repercusiones, lo que significa consumir tabaco, nicotina, alcohol, tetrahidrocanabinol, cannabidiol.

Una vez que tengamos esa información y empoderemos a los ciudadanos, éstos van a tomar mejores decisiones. Nadie quiere que los ciudadanos se mueran, no quiero que los niños y los adolescentes comprometan su desarrollo físico por consumir mariguana. No promuevo eso; lo que quiero es que haya derecho a desarrollar libremente nuestra personalidad, que tengamos seguridad pública, acceso a servicios de salud, que los consumidores dejen de ser vistos como criminales y que formen parte de la toma de decisiones del país. Nadie mejor que ellos para configurar y diseñar estas políticas públicas. ¿Alguien ya se sentó a escuchar, a ponerle atención a un consumidor de cocaína, de heroína, de tabaco, de mariguana?

Considero que el consumo implica muchas otras cosas que van más allá de “está mal que consumas heroína”; tiene que ver con una problemática circunstancial de ese usuario: dónde vive, a qué se dedica, qué sufre, cómo le llega la droga, desde cuándo y por qué es usuario, cómo el Estado mexicano puede acompañar su consumo, etcétera. Si el usuario empoderado decide y respeta el derecho de terceros, si desea superar su adicción, pues que lo haga; si no, que el Estado le garantice información, productos de calidad y atención médica.

Los mexicanos no son bebés y el Estado no es una nana. Hay reglas, y si no afectas a terceros nadie tendría por qué prohibir consumir lo que quieras.

Estados Unidos tiene una larga historia de prohibicionismo desde el acta de 1912, y hasta Trump, cuya vocera dijo que no permitirán la legalización. ¿Cuál es el papel de ese país en esta historia mexicana?

Somos un país soberano, que tiene tratos bilaterales con Estados Unidos, de los cuales muchos han fracasado, como Rápido y furioso y la Iniciativa Mérida.

De lo que dice Estados Unidos, a mí como ciudadano me lleva a decirle al Estado mexicano “quédate sin cuidado. A ti qué te importa lo que diga Trump, que ve su ombligo y no ve lo que está pasando en más de 30 estados de la Unión Americana que tienen regulado el consumo científico y medicinal de la mariguana, y hay otro puñado de estados que lo tienen absoluto. Ahí está el distrito de Columbia, en Washington (no sé si Trump sabe dónde vive, dónde está la Casa Blanca y cuáles son las reglas de vivir allí).

La relación es histórica, pero los expertos en seguridad responderán mejor que yo cómo ha intervenido en las políticas públicas de México, cómo las ha influenciado, sometido y condicionado.

Creo que esta decisión debe mostrar carácter de la clase gobernante y de la clase legislativa en México para demostrar la soberanía y para privilegiar no la relación con Estados Unidos sino los derechos de los mexicanos.

Para concluir: en el libro menciona datos de encuestas, y en la que mejor le va a la legalización es una que marca 46 de los entrevistados a favor, pero otras señalan un rechazo considerable. ¿En dónde ve la esperanza de que ese estado de cosas pueda cambiar?

Soy optimista porque es inevitable la regulación. ¿Quién la va a parar? ¿Quién en la clase gobernante tiene el prestigio para negar la verdad y la ciencia?

La verdad es que cuando hacemos las cosas a la mexicana cometemos estos errores, pero también solemos tener muchos aciertos. Cuando la gente de verdad se interesa y se vuelca en un tema lo hace en serio, y lo transforma porque se apropia de transformaciones que son para su sociedad, para su realidad, para su cotidianidad, para sus derechos, para su Constitución y para que la hagan valer los servidores públicos.

Eso ocurrirá en la medida en que los mexicanos tengamos acceso a la información, de que nos demos cuenta de qué es la mariguana, qué efectos tiene y cuáles son las consecuencias de la guerra contra las drogas. Que para entenderlo no creamos en las fake news sino en la ciencia. Ojalá y este libro abone a ese empoderamiento y a un cambio de actitud.

Cuando la gente toma el toro por los cuernos, no hay toro valiente.


Capítulo 1 de Mariguana a la mexicana, cortesía de Penguin Random House.

Mariguana a la mexicana Primer capítulo (1)

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