Cinque Terre

José Ramón López Rubí Calderón

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Politólogo, editor y consultor.

Bartlett y el presidente

Recientemente, Areli Quintero publicó evidencia de ciertos malos manejos de Manuel Bartlett. El presidente López Obrador salió a defenderlo. De hecho, en su primer informe constitucional de gobierno dio respaldo explícito a un solo miembro del gabinete: el director de la CFE.

No se le acusa, por cierto, de haberse enriquecido en este año, ni de robar dinero de la Comisión, por lo que la respuesta “oficial” de CFE en que un tal Luis Bravo ataca gratuitamente a Leo Zuckermann es tan torpe como estúpida. Hace parecer a Bartlett más autoritario y contraproducentemente amenazante.

FOTO: VICTORIA VALTIERRA /CUARTOSCURO.COM

¿Por qué AMLO “mete las manos al fuego” por un funcionario tan cuestionable y criticado? La mejor explicación, desde una perspectiva racional y democrática, es que en ausencia de refutación el presidente se limita a la pequeña satisfacción personal de no “dar gusto” a los críticos. Aunque no gane nada –como no habría perdido nada al no resucitar a Bartlett, el único gran ganador de estas decisiones presidenciales.

Bartlett es objetivamente indefendible. Veamos primero los hechos básicos y luego algunos de sus significados. Ha ocupado los siguientes cargos públicos o políticos desde 1969 (antes de ese año nada de lo que hizo tiene suficiente relevancia):

  • Subdirector General de Gobierno, Secretaría de Gobernación, 1969
  • Director General de Gobierno y Secretario de la Comisión Federal Electoral, Secretaría de Gobernación, 1970-1976
  • Director de Asuntos Políticos, Secretaría de Relaciones Exteriores, 1976-1979
  • Asesor, Secretaría de Programación y Presupuesto (asesor del secretario), 1979-1981
  • Secretario General del PRI y coordinador general de la campaña presidencial de Miguel de la Madrid, 1981-1982
  • Secretario de Gobernación y Presidente de la Comisión Federal Electoral, 1982-1988
  • Secretario de Educación Pública, 1988-1992
  • Gobernador de Puebla, 1993-1999
  • Senador “plurinominal”, de 2000 a 2006 y de 2012 a 2018

Si se piensan estos datos, se ve que la secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval, se equivoca: sus ya famosos dichos sobre Bartlett y la corrupción no tienen ningún sentido que no sea el de exculpar sin investigar –más o menos a la Virgilio Andrade.

Ahora, ¿qué significan esos hechos curriculares? Muchas cosas, estas cuatro por ejemplo:

  1. Que Bartlett estuvo en las peores partes en algunos de los peores momentos del régimen autoritario del PRI. Para ser breves: colaborador relevante de las dos “gobernaciones” controladas por Luis Echeverría, incluido el sexenio diazordacista.
  2. Que sirvió prolongadamente a los primeros gobiernos del llamado neoliberalismo. Fue secretario de Gobernación todo el sexenio delamadridista (el primero en neoliberalizar la política económica), operó las elecciones del 88 a favor de Carlos Salinas –cuando el gobierno federal tenía en Gobernación su INE particular- y fue secretario de Educación durante casi dos tercios del salinato, de donde pasó a la gubernatura de Puebla con apoyo del presidente Salinas.
  3. Que es un político cobarde. Ha sido, en el poder y desde el poder, arbitrario y abusivo, por decir lo menos. Lo sabemos los poblanos informados. Nunca ha sido valiente; nunca lo fue contra el máximo poder priista. A diferencia de Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo, no rompió con el PRI ni enfrentó a Salinas, lo sirvió. Claro, Cárdenas y Muñoz Ledo perseguían sus intereses políticos, pero también una agenda ideológica (se opine lo que se opine sobre ella) y lo hicieron bajo condiciones bastante adversas. No es y nunca fue el caso de Bartlett, obviamente, pues de lo contrario habría salido del PRI contra Salinas, junto con “Cuauhtémoc” y “Porfirio”, y tampoco habría servido a De la Madrid. Su disputa con el presidente Zedillo es una cosa diferente: con el último presidente dentro de la transición antiPRI, uno políticamente más débil que todos los demás, es decir, cuando el PRI ya no era hegemónico y el presidente ya no era el hiperpresidente.
  4. Que Bartlett es un político marcado por la contradicción y la paradoja. Como demuestra todo su paso por Gobernación, nunca ha impulsado la democracia; pero como demuestra su carrera después del 2000, ha sido uno de los mayores beneficiarios de la transición: ya marginado por un PRI a su vez en declive nacional, Bartlett no habría sido nada sin un sistema plural de partidos, sin la Representación Proporcional y sin el Congreso “dividido”, por lo que no habría sido nada sin las elecciones distintas a las que él organizó y controló. Es lo que llamo “la paradoja Bartlett”. Beneficiarte de lo que combatiste, incluso mientras sigues combatiéndolo.

En el número 841 de la revista Proceso, del 14 de diciembre de 1992, Bartlett se atrevió a declarar que lo que más le importa es “la imagen que uno dejará al final de su vida”. Pero ésa es una batalla que Manuel Bartlett perderá. Justamente. Por más que amenace para silenciar y por más que se publiquen textitos como aquel esperpento firmado por Ernesto Villanueva para “Aristegui Noticias”… Principalmente por los hechos y desde 1988, Bartlett está perdiendo la lucha por su paso a la historia, y nunca podrá cambiar ese destino que él mismo aró. A pesar de la relativa respiración artificial del Senado y de los regalos de hoy. Andrés Manuel López Obrador sigue equivocándose al unir tanto su nombre al de uno de los políticos más sucios de la historia contemporánea de México.

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