Cinque Terre

Javier Solórzano

Mañana nos vemos

Rostov, Rusia.—Esta “pequeña ciudad” se encuentra a 900 kilómetros de Moscú. Vive de la agricultura y en menor medida de los servicios. Hay un gran desarrollo científico, pero por mucho está lejos de ser Moscú.

Aquí estamos porque esta ciudad nos apareció en el mapa de la vida de los mexicanos, porque la selección mexicana va a jugar aquí mañana sábado un partido que parece ser definitivo. Ya nos dimos cuenta que no bastaba con ganarle a Alemania. Sin duda fue importante, pero la vida sigue y ahora para ser verdaderamente adultos hay que ganarle a todo el que se ponga enfrente, sea chico o sea grande.

El sábado la selección del Tri se va a jugar buena parte de su futuro. Si pierde, la victoria sobre Alemania parecerá más circunstancial, que parte de una construcción de un futbol mexicano diferente. Corea del Sur es la prueba para saber si somos grandes o somos chicos.

El que es grande gana cuando debe ganar, el que se saca la lotería gana el gran premio, pero la siguiente semana se pierde ante circunstancias menores.

Rostov ha aparecido ante nosotros como un espacio que da vida a nuestro  equipo de futbol. De otra manera no tendríamos la más pálida idea de lo que es. Valga la pena contar que tiene un millón y medio de habitantes, que ha desarrollado proyectos culturales de enorme relevancia, entre ellos el del Premio Nobel de Literatura 1965, Mijaíl Shólojov, que se encuentra a 900 kilómetros de un enorme país que es Rusia.

Esta ciudad se ha desarrollado en los últimos años, más que como parte del proyecto del trending por un desarrollo propio encebado por ciudadanos en un buen número de casos independientes.

La afición mexicana es una marabunta. Desde ayer se ha apoderado de las calles del centro de Rostov, en medio de la sorpresa de muchos de los ciudadanos de la ciudad y el jolgorio de muchos otros. Si alguien está agradecido de la presencia mexicana son los restaurantes y los bares.

Se calcula que en esta pequeña gran ciudad debe haber entre 40 y 45 mil mexicanos. Muchos de ellos nacidos en Estados Unidos; se tiene a la selección nacional como uno de sus grandes referentes.

Conversando con muchos de los viajeros mexicanos, el tema termina siendo por un lado el futbol y por otro, de manera muy clara, la elección del 1 de julio. Algunos no van a llegar a votar, pero otros de manera sumamente interesante han tomado la decisión de que pase lo que pase con el equipo de todos, van a regresar para poder votar.

Las pláticas son sin duda atractivas. Más de alguno nos pregunta por quién vamos a votar. No dijimos por quién, no tanto por esconderlo sino por pensar que alguno de quienes nos preguntan pudiera ser influenciado por nuestra decisión.

Es un elemento sin duda alguna para atenderse, el hecho de que cada vez que tenemos la oportunidad de conversar con alguno de nuestros paisanos sean dos los temas que aparecen: por un lado, ¿qué va a pasar entre el Tri y Corea del Sur?, y por otro, las elecciones de nuestro país.

Es grato saber que quienes aquí se encuentran están preocupados por lo que pase en su país. Como lo hemos venido diciendo en Quebradero, no todos los y las mexicanas que están en Rusia son parte de una clase alta mexicana, muchos de los que están acá han hecho un gran esfuerzo por seguir a la selección mexicana. Son amantes del futbol y están dispuestos a lo que sea con tal de seguir al Tri. Están dispuestos a cualquier cosa, son aficionados entregados que igual pueden vender su auto para venir, que adquirir una deuda que no tenemos la más remota idea de cómo van a resolverla, cuando regresen a nuestro país.

El sábado se juega la segunda parte del futuro. Pensar en ser campeones es una gratísima idea, el país se vería profundamente emocionado y cuestionado por un simple balón.

Sin embargo estamos lejos de ello, no es imposible porque estamos en el camino. Está lejos porque lo que viene son puñaladas futboleras de muy alto nivel.

Tenemos cómo defendernos, pero estamos en medio de tiburones. Si queremos ser es el momento para hacerlo.

Resquicios

Así nos lo dijo ayer James Petras, sociólogo de EU: Donald Trump es el peor presidente que hemos tenido en EU.


Este artículo fue publicado en La Razón el 22 de junio  de 2018, agradecemos a Javier Solórzano su autorización para publicarlo en nuestra página.

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