Cinque Terre

José Antonio Polo Oteyza

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Ha colaborado en el diseño y gestión de proyectos en los ámbitos de comunicación social, política exterior, seguridad. Actualmente es director de la organización social Causa en Común.

Manadas

Nada nuevo. Se trata de hundir al país anclándolo desde la Constitución a unos armatostes en picada, mientras las instituciones se vacían de talento y recursos, galerones para acomodar al movimiento, fachadas que comparten el paisaje con la miseria y la carnicería. Lo que se busca es el control político del switch, el aquí mando yo, y cuanto más caro el manazo, mejor. Viene además la andanada para sellar la militarización y para destruir el sistema electoral. Como trasfondo, la arbitrariedad legalizada con prisiones automáticas y amnistías difusas.

Arte: etcétera

Cuando se prostituye a las instituciones para que únicamente rechinen por directiva política, los tramos de análisis y supervisión colapsan, y la correa de transmisión entre el mando y los operadores es tan corta como un mensaje. O ni siquiera, pues ya hay muchos sobreentendidos y los enanos, conscientes de que sus estaturas son ahora virtudes públicas, han emprendido, unos desde adentro y otros desde afuera, un asalto histérico contra el Estado, incluyendo las persecuciones de rigor.

En el tema de la cacería, destaca, como es natural, la sevicia de los anónimos. Se sabe, uno debe tener la autoestima por los suelos y el odio en la estratósfera para que la individualidad que no avanza por sí misma y por las buenas, decida fundirse en una masa viscosa y violenta. Aunque la identidad sea lastimosa, la renuncia duele, y de ahí la amargura, y de ahí la revancha, que confirma la identidad. La frustración puede convertirse así en una locura sádica y masoquista que busca en la próxima víctima el contraste que más lastima. Pongamos, por ejemplo, que se trate de una mujer guapa, exitosa, valiente, senadora para más señas, o alcaldesa, o científica; son perfectas para los excitados urgidos de unas gotas de adrenalina a cargo de su cobardía.

Cuando a falta de gobierno sólo se ofrecen manazos dizque justicieros, es fácil empalmar resentimientos específicos o abstractos, los propios y los de los jefes, con agendas explícitas o implícitas, las propias y las de los jefes. El juego se llama desquite, y cuando las oficinas y los sótanos son lo mismo, no es raro que los resentidos diversos acaben en la misma manada.

Por la etiqueta de autoritarismo, inútil para describir lo que hoy pasa, hay quienes imaginan al PRI reencarnado en MORENA. No tienen idea. El PRI fue (porque la caricatura de hoy no tiene nada que ver) un sistema programado para cooptar y asimilar, para diluir y encauzar, para conciliar y equilibrar, y sus recursos más extremos se quedaban ahí, en el extremo. Cuando empezó a usar la fuerza de más fue porque el sistema se debilitaba y, al usarla, se debilitó más.

El gobierno y su partido venden hoy como proyecto un collage de anécdotas borrosas de un pasado tonto que nunca fue; no existe un colegiado de pragmáticos o de fanáticos inteligentes capaces de organizar algo; el dinero se acaba pero no los anuncios entusiastas de más derroches. Ya destruyeron buena parte de los instrumentos y procesos de información y seguridad, y las Fuerzas Armadas, encandiladas con tanto apapacho y ensimismadas con tantos negocios, quizá se desentiendan del naufragio, el del país y el suyo. O no… a saber qué sea peor.

Orden es y será la plegaria para el México del siglo XXI, un país cada vez más en quiebra y cada vez más quebrado, un mal país para la gente buena, un país propicio para las hienas. Hay condiciones, y hay permiso.

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